GAJES DEL DESARROLLO
Martes 18 de octubre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Gustavo Wilches-Chaux ocupa las páginas de El Tiempo con sus
agudos pensamientos para hacernos reflexionar sobre los actuales
fenómenos notables de la naturaleza.

Cordial saludo,

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Por: GUSTAVO WILCHES-CHAUX
GAJES DEL ‘DESARROLLO’
¿Hoy hay más desastres? (18 de Octubre de 2005)
El Tiempo. Octubre  2005


En Colombia y en el mundo vamos a ser testigos de más y mayores desastres.

¿Hoy hay más desastres que antes o es que andamos mejor informados? Ambas cosas. No solamente estamos mejor informados, sino que podemos ser testigos, en vivo y en directo, de los fenómenos que desencadenan los desastres, aun mientras están sucediendo. Pero también están ocurriendo más desastres que antes, más complejos y destructores.

Grandes desastres, de los que ‘mojan’ prensa. Porque, mientras tanto, siguen ocurriendo ‘pequeños’, esos de los que solo se enteran los afectados y de pronto los alcaldes. Por su ‘modestia’ no despiertan solidaridad internacional, pero que, sumados, causan más daños que todos los grandes. >

En el caso de los desastres de origen hidrometeorológico –sequías, inundaciones, huracanes– las amenazas, es decir, los procesos que los disparan, están aumentando, en gran parte como consecuencia de la actividad humana.

Ponemos ejemplos de fenómenos relacionados con el clima, que están ocupando todos estos días a los noticieros de manera simultánea: la sequía en el Amazonas y las inundaciones en Centroamérica y México, desencadenadas por el huracán ‘Stan’. Para no mencionar las consecuencias de la ola invernal en Bello (Antioquia) y en otros lugares de Colombia. En este momento, ‘Katrina’ y ‘Rita’ ya parecen historias de un remoto pasado.

Aunque es cierto que los huracanes aumentan o disminuyen como resultado de ciclos naturales, y que ahora nos encontramos en un ciclo de ‘alta’ que puede durar otros veinte años, también lo es que cada vez quedan menos dudas sobre el aporte al calentamiento de la Tierra de las actividades humanas, como la contaminación y la tala.

Los fenómenos hidrometeorológicos sí están aumentando en cantidad y en poder destructivo. Con cambios de comportamiento que podrían afectar de manera particular a Colombia. Durante la temporada de huracanes del 2004 y principios de la de este año, parecía haber indicios de que las rutas de los huracanes estaban tendiendo a acercarse a las costas colombianas (‘Iván’, ‘Emily’...). Los últimos de la temporada 2005, por el contrario, se han alejado, pero eso no es suficiente para descartar esa amenaza.

No podemos afirmar, en cambio, que hoy haya más terremotos o más erupciones volcánicas que antes. Pero sí que hoy un terremoto o una erupción volcánica puede causar –y está causando– muchísimos más daños, debido al aumento de la vulnerabilidad humana. Somos más personas y vivimos más apretadas. Ya no deberíamos hablar de especie humana, sino de ‘especie urbana’.

Pero el aumento de la vulnerabilidad no depende solamente de ese incremento (entre otras razones porque un 20 por ciento de las habitantes del planeta consume y contamina más que el resto), sino de que cada vez nos alejamos más de la posibilidad de convivir armónicamente con las dinámicas naturales del planeta. Por eso, los desastres afectan sin discriminación a las zonas urbanas y rurales.

En Colombia y en el mundo vamos a ser testigos de más y mayores desastres. No se necesita ser adivino ni experto para saberlo, como no se necesita ser brujo para saber que un conductor borracho conduciendo a 200 kilómetros por hora tiene un enorme riesgo de matarse.

Lo curioso es que cada vez hay más experiencias locales exitosas sobre cómo se lleva a la práctica eso que se llama ‘desarrollo sostenible’. Las protagonizan organizaciones y comunidades y, en muchos casos, empresas, aliadas a veces con instituciones públicas de sus países. Abundan en Colombia, en América Latina, en el Caribe, en todos los continentes. Pero siguen dispersas. Sin capacidad de convertirse en alternativa ‘global’ frente a ese ‘borracho’ desbocado que se llama a sí mismo ‘desarrollo’. El de la globalización neoliberal, el del TLC, el de los neuróticos mercados, que antes no se daban por enterados de las quejas de la gente, ni mucho menos de las protestas de la Tierra. Pero, esta vez, ‘Katrina’ –la naturaleza– se les metió a la casa. A ver si ‘por las buenas’ entienden.

wilcheschaux@etb.net.co >