EL UNIVERSO DE WILCHES
Martes 28 de diciembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses: 

Juan Caicedo Ayerbe
 escribió en El Liberal los siguientes comentarios sobre el libro más recientemente publicado de Gustavo Wilches-Chaux "El universo amarrado a la pata de la cama" 

Cordialmente, 

*** 

El universo de Wilches 
Por Juan Caicedo Ayerbe 
El Liberal, 24 de diciembre, 2004 



He leído con profundo deleite “El Universo amarrado a la pata de la cama”, de nuestro coterráneo Gustavo Wilches-Chaux. Francamente, no tenía muy bien registrado a Gustavo en esta aptitud literaria y poética, sino más bien como filósofo, ensayista, conferencista y sesudo humorista. 

Tal vez por eso me sorprendió muy gratamente encontrar tanta inspiración y de la buena en este excelente libro, que me “agarró” de principio a fin. Sin pretender posar de crítico literario, aquí va una breve reseña: 

Ya en el sub-título (relatos verídicos de ciencia ficción), y por supuesto también en la presentación del autor, nos encontramos con el humor siempre fresco de Gustavo. En esta última explica que todos los relatos están basados en “documentos, fotografías o videos que están, han estado o estarán algún día en mi poder”, con lo cual se le otorga al libro el necesario “certificado de autenticidad” con que un autor responsable identifica su obra. 

El conjunto de veintitrés relatos cortos y un poema-justificación no es, en mi sentir, rigurosamente de ciencia-ficción en su totalidad. Varios son realmente cuentos cortos, maravillosas ficciones sin el ingrediente científico pero llenas en todo caso del encanto poético que las hace deleitosas y memorables. En los que son estrictamente de ciencia ficción, Gustavo hace gala, además de la vena literaria y poética, de un sólido conocimiento en materias como geología, astronomía, informática y física moderna. Con esto vamos a un tema que, en mi opinión, está marcando cada vez más el desarrollo del pensamiento universal: si las ciencias naturales, y con ellas la totalidad del pensamiento científico de occidente, se desarrollaron desprendiéndose del pensamiento de los filósofos griegos, también ahora la cercanía o, mejor aún, el parentesco entre las ciencias puras y la filosofía es cada vez más evidente y se pone de presente en pensadores como Gustavo que cultivan con propiedad y suficiencia dos ángulos del saber que, en tiempos pasados, se consideraron erróneamente como separados y, en alguna medida, hasta antagónicos. 

Los primeros cuatro relatos están perfectamente encadenados y nos presentan el concepto de una materia primigenia e indefinible, el “ánimus”, cuyas propiedades nos intrigan desde un comienzo. Este hilo conductor del libro desaparece luego en los otros relatos, en los cuales, como ya lo indiqué antes, aparece en veces con mayor fuerza la ficción poética sin estar necesariamente enlazada a la especulación científica. Pero en el último relato, vuelve a surgir, cuando una descendiente remota del autor nos da un ejemplo de la aplicación práctica del “ánimus”, en beneficio de la humanidad asentada en la tierra de sus mayores y amenazada por fenómenos naturales como ha sido la constante en su historia. 

Y este es otro elemento que está presente a lo largo de todo el libro: la añoranza de Gustavo, nunca negada, y frecuentemente expresada, por las cosas de su terruño y de su infancia. Junto a lugares entrañables como el cerro de Lerma en la vecindad del Valle del Patía ó nuestra Plaza de Caldas, aparecen a lo largo de los relatos casonas venerables de Popayán en las que, sin nombrarlas, reconocemos referencias familiares de tiempos cada vez más lejanos. Pero estas referencias de tanto sabor local se mezclan en muy justa medida con las de otros sitios de todo el mundo que corresponden a la vida de ciudadano del Universo que hoy vive Gustavo Wilches. 

Saludamos con emoción este nuevo aporte de Gustavo a la narrativa de su tierra y de su generación, y recomendamos sin reservas su lectura para estos días de fin de año.