GUILLERMO LEÓN VALENCIA
1908 - 1972
Por Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano,

En el hermoso parque de la Casa Museo Valencia de Popayán, abierto hacia el norte de la ciudad, hay una explanada de piedra que comunica con el histórico Puente del Humilladero. En el centro, la estatua en bronce del Maestro Guillermo Valencia preside el conjunto, que tiene como telón de fondo la casa solariega rodeada de arcos de medio punto encalados. Al lado de la efigie, cavada en la losa del piso, está la tumba del Presidente Guillermo León Valencia que sólo tiene sobre la lápida su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte. Padre e hijo fueron grandes de Colombia y ennoblecieron la tierra caucana por sus virtudes cívicas y entrañable amor por su comarca natal. El Presidente Valencia fue el segundo mandatario del Frente Nacional y reivindicó a mediados del siglo, el esquivo destino que no permitió a su padre - candidato dos veces derrotado - acceder a una posición que, en justicia, debió alcanzar.

Tenía una personalidad desbordante. Era hombre cordial y campechano, auténtico en todas sus actuaciones, orgulloso de sus ancestros, apasionado por la cacería, con una vida llena de anécdotas fruto de su capacidad para responder ingeniosamente a quien tuviera la osadía de enfrentársele en debates que lo hicieron famoso. Pocos mandatarios en la historia de Colombia se han ganado como él la simpatía popular, sencillamente porque en forma consciente o inconsciente, las gentes lo consideraron un genuino representante de las virtudes y defectos del hombre colombiano.

Pobre de solemnidad, fue ajeno a cualquier tentación para hacer fortuna o dedicar su talento a empresas económicas. Su acendrado romanticismo, al estilo de Don Quijote, nunca lo llevó a preocuparse por bienes materiales. Lo subyugaban las aventuras tras un objetivo idealizado al cual se entregaba con pasión desbordante. Su vida fue la de un romántico en toda la extensión de la palabra, que empleaba para comprometer a sus conciudadanos en proezas cívicas como la del Frente Civil, que terminó con la dictadura de Rojas Pinilla en 1957, tuvo en él un adalid valeroso que sabía en cualquier circunstancia colocarse en la vanguardia de la lucha.
Antes de la batalla en contra de la dictadura, había representado al Cauca en el Parlamento en varias oportunidades. Allí obtuvo fama de político honrado y caballeroso, ajeno a odios y cumplidor de la palabra empeñada. Nadie ponía en duda que Valencia en el poder cumpliría a cabalidad los pactos políticos. Por eso, su candidatura surgió en forma natural, cuando se planteó el retorno a la vida democrática del país. El liberalismo podía estar tranquilo con Valencia. Una jugada política de Laureano Gómez, pospuso por cuatro años su elección como Presidente, permitiendo que Alberto Lleras accediera en el primer turno. Pero en 1962, la coalición liberal-conservadora, reparó la injusticia y Valencia gobernó al país por cuatro años, con su peculiar estilo, del que estaba ausente el abuso del poder o la palabra incumplida.

Se le recuerda como El "Presidente de la Paz", por los actos que como Jefe del Estado realizó para retornar el orden público a reductos que se consideraban santuarios de la guerrilla. Siempre manifestó que no le temblaba el pulso para tomar decisiones encaminadas a dar al país la tranquilidad que empezaba a perder. Afrontó con éxito un intento de golpe de estado de su Ministro de Defensa, el prestigioso General Alberto Ruiz Novoa y presidió certámenes electorales limpios de cualquier sospecha de parcialidad. No posó de estadista en ninguna circunstancia. Más bien, quiso que sus conciudadanos lo recordaran como un mandatario que cumplía honestamente sus mandatos constitucionales.

Amó a España con especial predilección y sirvió en Madrid como Embajador de Colombia, cuando ya había dejado la Presidencia de la República.

Valencia fue exalumno del Colegio de los Hermanos Maristas en Popayán y de la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca. En ocasión memorable, el Alma Mater le otorgó el título Honoris Causa, oportunidad que sirvió para convertir el evento en uno de los actos políticos de mayor eficacia para la lucha contra la dictadura de Rojas.

Valencia murió repentinamente en Nueva York en 1972 a los sesenta y cuatro años de edad.