LEYENDO A VALENCIA
Martes 2 de septiembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Poetas payaneses:

William Efraín Abella Herrera, <wabella@unicauca.edu.co>, nos escribe, que con motivo de los 60 años de la desaparición del Maestro Guillermo Valencia, redactó un artículo que desea compartir con la comunidad de payaneses en el mundo. Nuestros agradecimientos a William por enviarnos su escrito.

Cordial saludo,

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Leyendo a Valencia
Por William Efraín Abella Herrera

Universidad del Cauca

Al realizar el documental sobre la vida y obra del maestro Guillermo Valencia me encontré con la sorpresa que en su obra publicada no se reseña el Himno de la Universidad del Cauca, del cual el poeta es su autor. Recordemos que éste fue estrenado junto con el escudo y bandera del Alma Mater caucana, el 11 de noviembre de 1922. El maestro además de componer el himno, fue alumno, docente y rector de la Universidad del Cauca. Al conmemorarse 60 años de su muerte, queremos rendir con este texto un homenaje al vate payanés.

Guillermo Valencia Castillo (1873-1943) se desempeñó en diferentes campos que hoy, ante la perspectiva del tiempo, su lectura suscita enconadas controversias. Una de ellas, el andar en el campo político. Guillermo Valencia había comenzado su carrera pública a los 19 años. En 1895 ya formaba parte de la Asamblea del Gran Cauca y a los 23 años, antes de cumplir la edad reglamentaria para ser Representante a la Cámara, ocupó una curul en esta Corporación. Fue también Gobernador del Departamento, Parlamentario y candidato en 1918 y 1930 a la presidencia de la República, momentos en los cuales las divisiones internas de su partido el Conservador y la oposición de la Iglesia, frustraron sus aspiraciones de dirigir los destinos de la Nación. Sus inquietudes políticas y aspiraciones presidenciales, diecinueve años después de su muerte, se verían materializados al ascender al solio de Bolívar su hijo, Guillermo León Valencia.

Como internacionalista hizo parte de la delegación diplomática de Colombia en Francia, Suiza y Alemania. Presidió la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores durante el conflicto limítrofe con el Perú, y posteriormente integró la comisión de negociación que redactó el Protocolo de Río de Janeiro que garantizó la recuperación de Leticia en 1934.

Pero de todas sus facetas, a Valencia se le reconoce más la de poeta, sin embargo, me temo que es como más se le desconoce. Las generaciones encontradas del presente poco saben de su obra literaria. Acaso, la mayoría de sus coterráneos balbucean con dificultad unos versos sueltos de Los Camellos, A Popayán o Anarkos. Diría, sin equivocarme, que el Himno de la Universidad del Cauca es su obra más conocida y recordada, ya que en todas las actividades universitarias se entonan tres versos de los ocho que consta dicha obra.

En el campo literario, los expertos tienen una controversia para enmarcar a Valencia. Unos, lo señalan como un parnasiano; otros, como simbolista. Considero que es importante anotar que el parnasianismo americano; aunque bebió del “marmóreo” parnasianismo europeo tiene sus particularidades que lo llevaron a preocuparse no sólo de la forma. Ser llamado parnasiano – especialmente en el contexto americano – no puede ser un lastre, sin embargo la vida y obra de Valencia suscitan polémica, que en lo literario puede saldarse en parte con las palabras del crítico y escritor argentino Enrique Anderson : "Valencia tiene ojos de parnasiano, oídos de simbolista y corazón de romántico”. El maestro supo articular, de forma muy personal, los movimientos literarios que se engendraron en el Modernismo.

Desde muy joven Valencia pasaba párrafos enteros de prosa a verso con admirable facilidad, de esta época vienen sus primeros poemas; obra que continuó en Bogotá publicándolos en su libro “Ritos” (1899). La segunda edición de este texto, ampliada con otros poemas originales y traducciones (1914) consagraron en el ámbito mundial la obra poética de Guillermo Valencia. Su estética fue el canon de la poesía colombiana durante la primera mitad del siglo XX.

Sonja Karsen, en su tesis doctoral, dedicada a la obra de Valencia señala que “está llena de elementos clásicos que juegan un papel muy importante en cuanto a la plasticidad de su lenguaje rico en color e imágenes que tienen un significado profundo, la perfección en la versificación que busca sacrificar un mundo para pulir un verso". El maestro se esforzó y logró con creces, ser un cultor de la belleza, influenciado por el gran poeta de la época: Rubén Darío. Por cierto, el nicaragüense dice de él: "Guillermo Valencia es un joven poeta colombiano, su cultura diríase de años mayores, amasada de experiencias y adornada del dificilísimo y raro don del buen gusto, conocedor de lenguas modernas y clásicas, no ignora ninguna literatura, (…) más que mis elogios, hablan sus versos”

En una tierra de extraordinarios traductores, como Colombia, Valencia es uno de los más célebres. En “Catay” (1929), recoge sus traducciones de poemas orientales a partir de la versión francesa en prosa, realizada por Franz Toussaint del chino. Se aprecia aquí su capacidad intuitiva y su espíritu de elevado esteta al recrear la delicadeza de la poesía china. Sus versiones de los clásicos y contemporáneos lo confirman como un hombre muy diestro en el manejo de los idiomas.

La oratoria es otra de las dotes que cultivó tanto en el campo literario como en el político. El maestro pronunció cerca de trescientos discursos de variada naturaleza, de los cuales, ciento cuarenta, el Instituto Caro y Cuervo publicó en tres volúmenes. Sus discursos ante el Senado y en la plaza pública, especialmente en sus dos campañas presidenciales, eran finalizados por insistencia de sus seguidores, con la lectura de su poema Anarkos, un himno vibrante de la revolución de los desposeídos contra las injusticias.

Otra faceta en la cual Guillermo Valencia es destacable, es la de periodista. Escribió sobre variadas temáticas, múltiples artículos en diferentes periódicos y revistas, los cuales están por ser recopilados y publicados. Rafael Maya dice: "Valencia llevó al periodismo, no sólo el caudal de sus conocimientos, que eran casi universales, sino ese don suyo del humor, de la gracia y de la caricatura, que lo hicieron temible y sin rival". Con Guillermo Calderón fundó el diario "El Siglo" en Bogotá. Posteriormente el periódico "Adelante" en Popayán y apoyó a sus hijos en la publicación de la revista Catleya y el periódico Claridad. Valencia consideraba indispensables las revistas literarias y los semanarios políticos para impulsar a los jóvenes en estas lides.

Hoy el reto es acercar a las nuevas generaciones a la obra de Valencia, lo cual es posible leyéndoselas, acompañada esta labor con la explicación del contexto, de las palabras, de los mitos griegos y romanos a los cuales recurre el poeta. Elementos estos – lejanos a nosotros – que nos permitan aproximar sus poemas a nuestro tiempo. Acercarnos a la lectura de sus poemas apartados de la ceguera que ha producido la lisonja de sus contemporáneos y la diatriba de los críticos de la segunda mitad del siglo pasado, quienes han contribuido a convertir la obra de Valencia en una célebre desconocida. El joven académico y poeta Felipe García Quintero dice: “Frente a las numerosas lecturas que se han hecho sobre Valencia, su obra resulta hoy tan desconocida que parece un poeta nuevo por lo ajeno. (...) Después de Guillermo Valencia no queda otra tarea que la de leer su obra. No más su nombre como lo hemos venido haciendo desde hace un siglo.” ¡Qué así sea!.