MIGUEL SANTIAGO VALENCIA Y FRANCISCO JOSÉ CHAUX
Miércoles 8 marzo 2000
De: Mario Pachajoa

Payaneses ilustres:

Guillermo Alberto González Mosquera nos ilustra hoy sobre dos personajes: el escritor Miguel Santiago Valencia y el político Francisco José Chaux.

Cordial saludo,

MIGUEL SANTIAGO VALENCIA (1885 - 1957)

La fundación de Cromos, la revista más antigua de América y una de las más viejas del mundo, se debe a este caucano nacido en la localidad de Bolívar al sur del Cauca. Su familia vivía en una humilde casa, en la esquina del parque Piedrahita, que servía también como gallera. Pronto se trasladó con su familia a Almaguer, la antigua población minera enclavada en el Macizo Colombiano, en donde terminó sus estudios primarios, para pasar luego a Popayán en donde ingresaría al Colegio Seminario para cursar estudios de bachillerato y luego a la Universidad del Cauca. Desde muy joven se interesó por el periodismo y con Juan J. Negret fundó el periódico "La Linterna" en la capital del Cauca. Fue copropietario de la Librería Moderna y muy seguramente en estas actividades comenzó a interesarse por el periodismo y a formarse como escritor de prosa suelta y ágil, no exenta de matices culturales adquiridos en lecturas de autores europeos.

Valencia buscaba horizontes más amplios y en 1910 con Abelardo Arboleda, perteneciente a una familia de tipógrafos payaneses, emprendió viaje a Bogotá. Los dos amigos ya llevaban en la mente la idea de fundar una revista y trabajar en el campo de las publicaciones. La Popayán de principios del siglo era una población que no acababa de reponerse de las guerras civiles y quedaba estrecha para los sueños quijotescos de los dos compañeros de aventura. Valencia quería primero conocer el mundo y viajó a Europa en donde tuvo la oportunidad de relacionarse con figuras como Ramón María del Valle-Inclán, Enrique Gómez Carrillo y Rubén Darío. Mientras tanto Arboleda establecía con su padre una moderna imprenta en Bogotá. Las circunstancias les permitirían posteriormente complementar esfuerzos y reunirse para concretar el viejo proyecto de sacar una revista, tipo magazín, que ofreciera un material distinto al de las publicaciones de la época. Valencia se había familiarizado con las que aparecían en los países europeos, con fotografías abundantes y un material variado en el que se podía mezclar lo noticioso con lo frívolo e incursionar simultáneamente en el campo de la política, los nuevos descubrimientos en la medicina y el registro de los acontecimientos sociales y culturales en el país y el mundo. Así apareció CROMOS el 15 de enero de 1916, que se constituiría en el aporte más sólido y persistente al periodismo colombiano en el sector de las revistas.

En 1986 se recordó la época de la fundación, cuando se celebraron los 75 años de la aparición de la revista: "Se vivían entonces tiempos angustiosos. Gobernaba el país José Vicente Concha, uno de los puntales de la prolongada hegemonía conservadora, en medio de frecuentes crisis políticas, sobresaltos económicos y escaseces presupuestales. El Banco de la República aún no existía, nadie daba créditos y era muy escaso el circulante. El trabajo en campos y ciudades se realizaba en duras condiciones rudimentarias. La vida era difícil en todos los aspectos. Pero Arboleda y Valencia persistieron en su sueño común".

Tres años después y muy probablemente por la agobiante situación descrita, Valencia debió vender la mayoría de sus acciones en la empresa. Se encontraba endeudado y su socio, víctima de un infarto, se había ido a vivir a Girardot. Don Luis Tamayo compró a Cromos y asumió la Dirección y Valencia se estableció en Europa, con la nostalgia de no haber continuado su novedosa obra. Allí escribió teatro y numerosos ensayos de los cuales solamente se conservan algunas piezas publicadas en la revista durante las décadas de los años 1920 y 1930.

Había participado en el establecimiento de un hito en la historia de los medios de comunicación de Colombia. Su publicación tendría una vida larga y aunque la propiedad cambiaría con el transcurso del tiempo, siempre conservaría el espíritu que le imprimió su fundador. Este aporte de un caucano al periodismo escrito de Colombia, lo coloca sin lugar a dudas como un personaje que trascendió en el siglo XX. Valencia murió en La Habana a la edad de 72 años en 1957. Antes de su muerte, el Gobierno Francés le confirió la Legión de Honor, que recibió en ceremonia especial en la Embajada de Francia en la capital cubana.

FRANCISCO JOSE CHAUX (1889 - 1976)

Al doctor Chaux se le quedó debiendo la Presidencia de la República. Así de rotundo y categórico como suena. Pero si se examina desapasionadamente el papel que jugó en los años de la República Liberal, sus sobresalientes condiciones de hombre de estado, el liderazgo político que ejercía entre sus copartidarios y su prestancia personal, se llega a la conclusión de que pocos en su época podían competirle en esas calidades que señalan a alguien como predestinado para alcanzar la máxima consagración que otorga la democracia. ¿Qué sucedió entonces? ¿Qué circunstancias desfavorables se atravesaron en su camino e impidieron su consagración definitiva? Las versiones son numerosas y no coincidentes. La que corre más en boga es la de que Laureano Gómez se encargó de diseminar una cruel difamación que amenazaba el honor de una noble dama y que Chaux, caballero a carta cabal, prefirió sofrenar su aspiración a que se jugara con su nombre y con el de la dama en cuestión. Verdad o fábula, en muchos colombianos y especialmente en el Cauca, quedó un cierto sabor de frustración, de sentimiento porque se cometió una injusticia con un hombre que fue grande en todas las actuaciones de su vida.

Si bien había nacido en el Chocó, de ancestros caucanos y del departamento mencionado, desde muy niño se radicó en Popayán, la ciudad de sus mayores. Estudió en el Real Colegio Seminario y luego en la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca, en donde se graduó con una tesis laureada sobre "La posesión y las acciones posesorias". Sus condiciones de Jurista serían luego reconocidas nacionalmente y sus conceptos respetados en los distintos foros en los que actuó.

Desde muy joven abrazó la causa liberal y consolidó una jefatura no sólo regional sino nacional. Participó al lado de Olaya Herrera, López Pumarejo y Gaitán en la primera línea de la República Liberal. Cuando el partido, en una de las decisiones memorables de su historia, decide lanzar la candidatura de Olaya y animarse a la reconquista del poder, Chaux aparece como uno de los gestores y estrategas de una circunstancia que abriría el paso a un período progresista para Colombia, en el cual algunas de las leyes y disposiciones de mayor calado social, provendrían de la mente avanzada de este luchador social. Como Ministro de Industrias, puso en marcha reformas que cambiaron el adormilado panorama político y social que se había heredado de la larga hegemonía conservadora. Fue el autor de la célebre Ley 200 de 1936 o Ley de Tierras, que innovó el derecho agrario en América al introducir el principio de "la función social de la propiedad". Es entonces precursor de la Reforma Agraria. Consecuente con sus ideas, se puso al lado de Gaitán en la división liberal del 46 y a la muerte del caudillo, asumió la dirección colegiada que se designó para reemplazarlo. Estuvo al frente de quienes lucharon para derrocar a Rojas Pinilla tanto en Bogotá como en Popayán. En esas circunstancias, escribió con el médico y dirigente conservador Alvaro de Angulo, un manifiesto que tituló "Opiniones sobre la normalización de la institucionalidad en Colombia", considerado como el antecedente más claro de los esfuerzos de convivencia política en el país. En este sentido, Chaux fue precursor de los Acuerdos del Frente Nacional, que luego firmarían Alberto Lleras y Laureano Gómez, en Sitges y Benidorm.

Chaux fue por muchos años la figura más destacada en la política liberal del Cauca. Representó al Departamento en el Senado de la República y en las más importantes convenciones del liberalismo, habiendo sido en varias ocasiones miembro de la Dirección Nacional.

Sus misiones diplomáticas como Embajador de Colombia en Chile, Venezuela, Perú y Ecuador, se recuerdan como brillantes y de especial utilidad para el afianzamiento de la política internacional colombiana. Tenía una figura imponente y las maneras de un gran señor: la conversación culta que podía discurrir en forma docta por los grandes temas de la política, la literatura y la historia universales; el gesto caballeroso con una amabilidad sin exageraciones que sabía infundir respeto; la esplendidez en las recepciones sociales que ofrecía; la acción diplomática que podía lograr sin forzarlas, decisiones de la mayor conveniencia para el país.

Dejó ensayos analíticos sobre el acontecer nacional, que aparecieron en los principales diarios y revistas. Manejó siempre un lenguaje elegante, de prosa castiza, que revelaba su formación culta y sus conocimientos de los clásicos.

El doctor Chaux murió en Popayán en 1976, a los 87 años de edad.