ANECDOTAS SOBRE GUILLERMO VALENCIA
Sábado 20 de agosto, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Daniel Arturo Vejarano V, nos cuenta las siguientes anécdotas relacionadas con el Maestro Valencia.

Cordial Saludo,

***

La atrayente sencillez de un célebre poeta
Por: Daniel Arturo Vejarano V.
Especial para El Liberal
(Fracmentos del artículo original)

** Conmemorábase en esta ciudad la heróica gesta de nuestra independencia de España, el día 20 de julio de 1892, con las arengas y los usuales discursos callejeros a los que posteriormente se les denominó “veintijulieros”. En tal oportunidad, J. Manuel Varona Otero, flor y nata de la juventud liberal de aquellos días, subió a la tribuna emplazada en la plaza principal, arremetiendo con tremebundas gradilocuencias contra la doctrina y las figuras descollantes del Partido Conservador. Entre el nutrido auditorio de oriflama roja, hallábanse también muchos jóvenes, como también varios prominentes veteranos de la divisa azul, quienes con sigiloso respeto, aunque ofendidos, escuchaban la exaltada y vibrante perorata partidista. Estaban presenciando aquel suceso, Rafael Domínguez, Abrahán Zúñiga y José María López (padre de los López Narváez), cuando observaron que en medio de la multitud deambulaba con talante inquisitivo, el sabio y matemático, General Carlos Albán. – ¿A quién busca, mi doctor?, le preguntaron. El les respondió: Hay que ponerle la contra a este carajito, pues cómo es posible que nos dejemos agraviar a cuenta de, viva la Patria. – Entonces, nadie mejor que usted, mi general, le sugirió José María. – No crea, copartidario, la plaza está aborrotada, se necesita algo más que esta vocecita de mojiganga que Dios me ha dado. Aquél, le contestó: si de lo que se trata es de letra y música, el hombre está allí.. mírelo, junto al doctor Fernando Angulo; es el preciso, se lo garantizamos. – Cuál... ese jovencito? ..el hijo de Joaquín Valencia? –Si, señor, el mismo –Tratábase del estudiante de humanidades, Guillermo Valencia, de 19 años de edad, quien poco antes había logrado su primer triunfo como ganador en un concurso literario y retórico realizado en el magno salón de actos de la Universidad del Cauca. – El doctor Albán se acercó al mencionado alumno, y le dijo: Muchacho, te tocó. Nos vas a desagraviar. El Partido Liberal va a ver y a sentir aquí mismo, la clase de cachorro que tiene la leona de las garras azules. Impulsado por tan vehemente estímulo, escaló la tribuna el varonil efebo, quien tenía “profusa melena de león” y mirar de “águila joven”. – La selecta juventud liberal allí reunida, se llenó de asombro y de sorpresa al escuchar al eventual contendor político, pero le atendió muy complacida, porque también sabía que Popayán, es siempre Popayán, con cualquier color que se vistiese, y además, por su connatural vocación hacia la elocuencia y la cultura; por lo cual la muchachada permaneció silenciosa– Una súbita profusión de frases depuradas y brillantes, colmó el espacio y electrizó a los oyentes. –Al terminar su discurso el novel orador, fue un bosque de brazos los que le alzaron en hombros entre la exultación unámine de la gente. La ciudad había presenciado el surgimiento de otra de sus máximas glorias.

** En diferente ocasión, mi padre visitaba al Maestro Valencia en su hacienda Belalcázar o Campobello, encontrándose el poeta recostado y meciéndose en su hamaca campesina, cuando se hizo presente su hijo Alvaro Pío Valencia, muy joven aún, y le manifestó con excepcional elocuencia y erudición el por qué había abrigado la ideología de Carlos Marx y de Federico Engels y se había afiliado al Manifiesto del Partido Comunista, aduciéndole luego: que sirva don Daniel, como testigo. Escuchado que fue el ágil y dialéctico razonamiento de su talentoso descendiente, el Maestro le replicó: bueno, mijo, ya encontró a quién contarle, ahora vaya y busque quién le crea.

** Éramos estudiantes de bachillerato en el claustro de Santo Domingo, y al salir de clases, cierto día, nos topamos con don Guillermo Valencia en la acera contigua a la farmacia de Roberto Sánchez, en la carrera 6ª. Deseábamos conversar con el poeta o al menos oír algunos de sus pedagógicos conceptos. Uno de nuestros compañeros optó por sentarse al borde del andén, lo que imitaron algunos más. Al advertir el Maestro la ingenua actitud que ellos adoptaban, él también se sentó a nuestro lado con espontánea naturalidad y prosiguió el diálogo en armónica correspondencia con nosotros.

** Por la misma época, muchos universitarios fuimos decididos seguidores de la hermosa candidata a Reina de los Estudiantes, Rosita Caicedo Ayerbe, quien ganó copiosamente el galante torneo. Cuatro alumnos integramos una comisión para solicitarle al Maestro Valencia que fuera nuestro vocero y coronara a la reina en el ámbito del Teatro Municipal de Popayán. Al manifestarle nuestro deseo, sin protocolo alguno él nos manifestó: Yo soy tan sólo un telón de fondo, muchachos, a lo cual me permití argumentarle: Sí, Maestro; pero un telón de damasco que hace resaltar aun más la belleza femenina.

** Otras de las sutiles prendas personales del poeta, eran su cordialidad y simpatía constantes. Le vimos muchas veces compartir con sus amigos en la banca o escaño del carbonero, como también lo solía hacer en el parque de Caldas, con los tradicionales y cultos artesanos payaneses y aun con los parleros y perspicaces lustrabotas de la ciudad.

** Con sus amigos fue inalterablemente leal y sincero, y como prueba de ello fue el haber colocado en su escritorio particular de la Casa Valencia, el retrato de su compañero inseparable J. Manuel Varona, no obstante sus diferentes preferencias políticas.

** Finalmente y como una paradoja, conocí un letrero escrito por Guillermo Valencia al respaldo de un estante, en la biblioteca del Seminario Conciliar de esta ciudad y que decía: “Aquí me tienen, solitario y cumpliendo un castigo, por desaplicado. Tenía entonces 14 años de edad, y era alumno de ese histórico plantel.