CONDE PEDRO FELIPE VALENCIA Y CODALLOS: II
Sábado 6 de octubre, 2001
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Pedro Agustín Roa Arboleda, ha tenido la gentileza de ilustrarnos sobre otros detalles de la biografía del Segundo Conde de Casa Valencia. Nuestros agradecimientos a Pedro Agustín.

""" ... Anotaciones sobre el Conde Pedro Felipe Valencia y Codallos
Por: Pedro Agustín Roa Arboleda.

Primeramente, desearía llamar la atención sobre el apellido materno de nuestro ilustre biografiado, el cual es Codallos, como quiera que su madre se llamaba María Josefa Codallos, española de nacimiento.

Por otra parte, efectivamente el escudo de armas del Conde, esculpido en mármol, reposa en el histórico Museo Valencia de Popayán, mientras que el manuscrito original del título nobiliario, preciosamente elaborado por los amanuenses del rey Carlos III y Firmado y lacrado con la rúbrica del monarca, pertenece al archivo de mi tío abuelo José María Arroyo Arboleda, cuya viuda e hijos lo conservan en Bogotá dentro de parte de la colección que dicha rama de la familia Arroyo Díez heredó del denominado "Prócer Civil de la Independencia", don Santiago Pérez de Arroyo y Valencia, primo segundo del Conde.

Mi abuela materna -Sofía Arroyo de Arboleda-, por su parte, heredó el original del escudo de armas del Conde de Casa-Valencia, un pergamino en acuarelas hermosamente iluminadas que muestran las águilas imperiales características de la familia Valencia, detalle en el que no pocos historiadores encuentran sustento para afirmar que la vinculación de la familia Valencia con la nobleza española es de vieja data y que dicho linaje desciende directamente del rey Alfonso X de España, llamado "El Sabio". (Cabe destacar las juiciosas investigaciones realizadas in situ por el Padre Hernán Arboleda Valencia).

El pergamino del escudo de armas fue roto en varios pedazos cuando el Conde de Casa Valencia abjuró de sus títulos antes de ser fusilado por Morillo. Otro tanto hizo con el escudo esculpido en mármol, el cual estrelló contra el piso sin perder la dignidad ni el porte que lo caracterizaba. Quiso la fortuna que ese mármol fuera reconstruido y llevado a Popayán, al igual que los pedazos rasgados, los cuales se conservan hasta nuestros días, tal vez como testigo mudo de la expresión de un hombre ilustre que renunció a tan altas preeminencias en pro de una libertad que encontró justa y lógica para la Patria de sus ancestros paternos.

Los restos del pergamino -hoy propiedad de mi madre-encajan como un rompecabezas y se encuentran enmarcados y protegidos tras un cristal, para admiración de las nuevas generaciones, que al contemplarlos en su fragilidad quizás evoquen con romanticismo esa hazaña épica, en momentos en que ya nadie ofrenda su vida por un ideal y menos aún por su propia Patria, desdeñando el afán materialista.

Una premonición admirablemente visionaria motivó al abuelo del II Conde, Don Pedro Agustín de Valencia y Fernández del Castillo, a fijar una cláusula a finales del siglo XVIII -¡cuando nada hacía presagiar aún la ggesta emancipadora!- con la que aclaraba un punto importante al momento de recibir su hijo los títulos de Conde de Casa Valencia y Vizconde del Pontón: si el agraciado con los títulos o alguno de sus descendientes se alzaba alguna vez contra la Corona española, se consideraría como si éste hubiera muerto 24 horas antes de dicho acto, de tal manera que el título no se extinguiese nunca y se garantizara su herencia a perpetuidad.

Fue esta la razón por la cual el título pudo ser rehabilitado poco después del infame fusilamiento del II Conde en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Por haberse heredado el título por línea femenina ha hecho que el apellido Valencia no permanezca hoy en día en su actual dignatario, el madrileño Don José María Bernaldo de Quirós y Álvarez de las Asturias Bohórquez. Una hermana del Conde es, por otra parte, la actual Vizcondesa del Pontón; los demás miembros de esta ilustre familia han acumulado, así mismo, diferentes títulos nobiliarios conferidos por la monarquía española con el correr de los tiempos.

El más importante y noble de dichos títulos sigue siendo, sin duda, el de Conde de Casa-Valencia, como quiera que posee Grandeza de España desde mediados del siglo XIX, cuando la familia Valencia emparentó por matrimonio con la familia Alcalá-Galiano, célebre por los numerosos miembros de ella que han consagrado su vida a las letras.

Sólo un recuento duradero y concienzudo del ingente aporte de nuestros próceres a la historia permitirá arrojar luces sobre la necesidad de valorarlos en su verdadera dimensión, de tal suerte que su legado trascienda más allá de las frías lápidas que, como la del Conde de Casa-Valencia en el costado sur del Capitolio Nacional, anuncian con su lacónico mensaje el sacrificio que pagó la joven nación con una cuota de hombres ilustres sacrificados salvajemente.

Es tal vez por ello que nuestro país aún no se recupera de ese acto torpe e irreparable. ... """

Cordial saludo,