UN PATOJO EN USA
Lunes 18 de marzo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Alberto Trujillo González emigró con sus padres, Pedro Vicente Trujillo Largacha y Ana Gonzalez, y hermanos a USA y después de 48 años nos relata sus impresiones. Un millón de gracias a Alberto por su escrito.

Cordial saludo,

IMPRESIONES 
Por: Alberto Trujillo González
Decatur, Georgia, USA

""" ... por mi parte nosotros (papá, mamá e hijos) llegamos a los EEUU en 1955; yo tenía trece años de edad y ya estaba adicto a la aventura que era cosa que mi mamá me había enseñado al comprarme en mi niñez muchos libros de grandes autores como Alejandro Dumas, Jack London, Emilio Salgary y otros. Para

nosotros el haber venido a este país fue una cosa increíble. LLegamos en medio de la economía que había seguido a la guerra mundial, en medio de la explosión del Rock and Roll que para mi era cosa tremenda, y en medio de una libertad que nunca había yo conocido.

Me acuerdo que en la primera semana nos matricularon al colegio y después de haber pasado muchos años en colegio de sacerdotes españoles para mí era increible el atender clases con niñas. Ya se me despertaban ciertas anxiedades. Descubrí los deportes, tanto que traté de jugar football pero claro teniendo cinco pies, once pulgadas y pesando solamente 147 libras eso fué un desastre, pero qué sabroso desastre.

Me introduje en un grupo de muchachos americanos y ellos me enseñaron todo lo bueno y malo que yo necesitaba saber, para formar parte de la cultura. La explosión fue tremenda tanto que me casé con una muchacha americana a la gran edad de 17 años. Después de tres años aquí, formaba parte integral y total de la sociedad americana y nunca miré hacia atrás, como se dice por estos lados.

Fue después, cuando ya tenía los cuarenta y pico que empecé a pensar en Colombia otra vez. Fue después cuando me dí cuenta de que habían pasado los años y mi familia en Colombia se había vuelto extraña y además no los conocía.

Volví a mi patria en 1989 y empecé a establecer relaciones con primos que no los había conocido enteriormente. Mi esposa dice que después de muchos años se dió cuenta que dentro del Albert con quien se había casado se encontró con Alberto quien ella no conocía.

Vuelvo a mi patria aunque mi familia me llama "el gringo" y se sonríen.

Abrazos,

Alberto ... """