TERTULIA PAYANESA
Lunes 8 de diciembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos payaneses:

Eduardo Nates López, con motivo del aniversario de existencia de La Tertulia Payanesa, escribió un relato que transcribimos a continuación. Para sus integrantes va nuestro saludo especial y hacemos votos por el éxito de tus tertulias.

Cordial saludo,

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La Tertulia Payanesa
Por Eduardo Nates López

El Liberal
8 de diciembre, 2003

La semana pasada se celebraron los 25 años de existencia de un grupo de gentes (verdaderas gentes, por demás) de la ciudad, que tiene como propósito aparente el reunirse cada semana a conversar. Pero, sin proponérselo como obligación, la verdadera razón y función real del grupo es nada más y nada menos que velar por la existencia y persistencia en la ciudad, de una de las formas trascendentales de hacer y transmitir la historia de los pueblos: La tradición oral.

Es "La Tertulia Payanesa" y está integrada por personas de las más altas cualidades y calidades de la ciudad. Fue fundado hace 25 años, en casa de un gran payanés, Edgar Penagos Casas, en compañía de otros inigualables ciudadanos como son Jaime Vejarano Varona, Daniel Arturo Vejarano Varona, Carlos González Vidal y Pedro Paz Rebolledo. Como quien dice, la Selección Cauca y preselección nacional para las olimpíadas internacionales de la intelectualidad. (Nadie mejor que ellos me aceptará este afectuoso "calembur," pues son especialistas en "meter goles de cabeza")

En pocos meses el grupo fue ampliándose con la llegada de excelsos conciudadanos como Benjamín Iragorri Díez, Vicente Paredes Pardo, Higinio Paz Navia, Livio Paz Navia, María Luisa Arboleda de Navia, Efraím Alegría Diago, José Sánchez, Guido Enríquez Ruiz y otro nombre, que por falsa modestia no podría dejar de incluir en esta lista, como es el María Luisa López de Nates, gracias a Dios, mi mamá. Y por supuesto muchas otras personalidades cuyos nombres no incluyo aquí, para no terminar siendo excluyente.

La conmemoración del vigésimo quinto aniversario fue un acto sincero y emotivo. Por supuesto, sin ningún boato y pretensión. Sin manteles y ostentaciones. El banquete fue oral e intelectual. Se repasaron materias como historia y filosofía. Se habló de las "bodas de plata" por hacer alusión al color de las cabelleras de los asistentes, pero jamás al significado económico del metal. El verso sonoro, la rima picante, la respuesta oportuna son el plato fuerte de las tertulias, como reiterando en cada frase, la máxima de Séneca cuando dijo: "El humor es la aristocracia de la inteligencia".

Han sido 25 años de verdadero derroche de inteligencia, ingenio, gentileza, generosidad, amor por los amigos, por la ciudad y por su gente, y lo han hecho con la sencillez de la importancia y la importancia de la sencillez.

Solo ciudades como París y Madrid se dan el gusto de fomentar la existencia de grupos de este carácter, porque son conscientes de que este es el archivo histórico vivo y parlante de la ciudad.

Algunas filosofías orientales sustentan la tesis de que el ser humano desenvuelve su actividad vital en tres niveles diferentes: el espiritual, el intelectual y el biológico. Y, en la realidad, existe el espacio y el tiempo donde adelantar las prácticas para cada uno de ellos. Para los ejercicios espirituales están los templos y para el mantenimiento de las características físicas se usan los gimnasios. Pues se me antoja que para lo correspondiente al ejercicio intelectual, además del estudio y la lectura permanente, el ámbito apropiado para compartir y confrontar el pensamiento es una reunión de la tertulia.

No podría finalizar esta columna sin recordar una simpática anécdota, referida en su tiempo por mi madre, cuando estaban buscándole un nombre apropiado al grupo. Algunos de los contertulios conceptuaron con acertado criterio que lo mejor era bautizarla con nombre de mujer y creo que el irremplazable Livio Paz manifestó al instante: " Ya lo tiene. Se llama Ester Tulia" Que Dios y la vida nos tengan por mucho tiempo entre nosotros a todos estos invaluables ciudadanos que son orgullo de Popayán.

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