EL TAITA DICE "GRACIAS"
Martes 21 de octubre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Rodrigo Miranda Cabana nos ha enviado este magnífico artículo escrito porLuis Fernando Ospina Vanegas, acompañado con la excelente foto deHerminso Ruiz, sobre el Gobernador del Cauca, el taita Floro Alberto Tunúbala Paja, quien termina su periodo de Gobernador al final de este año. Nuestros agradecimientos para Rodrigo.

Cordial saludo,

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Floro, el hombre de las dificultades 
Por: Luis Fernando Ospina Vanegas 
Foto: Herminso Ruiz 

El Espectador, 19 de octubre, 2003

A una semana de elecciones y a dos meses de dejar el cargo, Floro Tunubalá confiesa sus sueños y esperanzas. También sus frustraciones.

El taita Floro Tunubalá Paja saca los trastos de su mochila: un celular, un llavero que suena como una castañuela, un tónico homeopático y un ungüento viscoso que riega en las manos. “Me lo trajeron de Hannover para espantar los malos espíritus”, dice riéndose. El líder guambiano está en su oficina de la Gobernación, en pleno parque principal de Popayán, y la austeridad se respira por todas partes. En las sillas de madera vieja recién recuperadas del desván, en el salón de juntas con piso de madera triturada por el uso, en las mesas redondas y en los muebles con tapizado en flecos; en la luz, en dos cuadros, los únicos que existen: de Bolívar y de Santander y, sobre todo, en sus palabras. Escasas.

“Cuando llegué a la Gobernación no encontré ni una silla para sentarme y mucho menos para recibir visitas, pero hoy sí puedo invitarlos a seguir”. Es miércoles. Son casi las 8:00 de la noche y el taita acaba de llegar de otro viaje. Afuera, en los corrillos de la plaza, con ironía lo llaman el Embajador del Cauca.

Esta vez no estaba por fuera del país, aunque sí rodeado de extranjeros. Nueve alcaldes de Europa que llegaron el día anterior y ese miércoles acompañaron a Tunubalá a Villarrica y Caldono para sellar una nueva ayuda internacional a su programa, treinta y cuatro meses después de haber sido elegido como el primer gobernador indígena en tierra de presidentes, con la votación más alta en la historia política del Cauca: 148.183 votos.

Pero en bancarrota: con 48 mil millones de deuda, el departamento está hipotecado, acogido en una ley de quiebras.

Hoy, a escasos dos meses y medio de abandonar su silla de gobernador y a una semana de que elijan a su sucesor, Floro Alberto Tunubalá (Tumbalá, originalmente, que significa en guambiano “morro alto o grandeza”) es una isla de sueños en un mar de frustraciones.

La soledad del taita

Cuando nos recibió en su despacho, Tunubalá estaba solo. Uno de sus escoltas abrió la puerta y se perdió en las penumbras del edificio, una mole de cemento que creció dentro de un claustro como de monjes. Tenía el rostro cansado, pero de entrada advirtió que tenía todo el tiempo necesario para hablar: “Mi jornada termina a la medianoche”.

¿Contento? “Sí, hemos logrado hermanar siete municipios del departamento con sus similares de Holanda, España y Francia, y así vamos a poder conseguir algunos otros recursos para financiar proyectos de desarrollo alternativo”, dice, pero su mirada y sus pensamientos se dirigen a otro parte.

De seguro a Santa Rosa, en la bota caucana, donde pocas horas antes de la tarde de ese miércoles el Ejército entró con sus hombres y recuperó el control de la zona, una década después de que las Farc la convirtieran en uno de sus santuarios. “Ni yo había podido ir allá”, murmura Floro sin esconder un hálito de alegría, que él mismo comparte: una llamada del comandante de la III División del Ejército, general Francisco René Pedraza, entrecortada por la emoción: “Gobernador, misión cumplida. Estamos en plena calle principal de Santa Rosa y hoy le devolvemos otro municipio a la Patria y a su departamento”.

Levantando cadáveres

Una alegría grande, pero no plena. Porque fue en ese momento, quizás, que Tunubalá volvió a su pasado reciente: la masacre del Alto Naya en mayo de 2001, en la que murieron no menos de 100 civiles; los asesinatos del alcalde de Almaguer, Fabio Orlando Gómez (septiembre 13) y dos concejales; la muerte violenta del médico de Santander de Quilichao, Juan Carlos Fernández (26 de septiembre), y hace dos semanas el asesinato del mandatario de Bolívar, Orlando Hoyos.

Sin contar los 17 atentados terroristas, incluidas las tomas guerrilleras y los hostigamientos a la población civil, que ha tenido que afrontar Floro en sus 34 meses de mandato. “Me la he pasado pidiendo plata por fuera, levantando cadáveres y expidiendo comunicados”, asegura el taita.

No en vano, esos mismos críticos que se reúnen todos los días en la plaza principal de Popayán a esperar que el taita salga de su edificio, lanzan una afirmación lapidaria: “Si el Cauca tuviera funeraria oficial, ya hubiera resuelto parte de sus deudas”.

Se refieren a la lista de víctimas de los últimos 18 meses: 245, incluidos los seis indígenas que murieron en una pelea entre las comunidades de Guambia y Jambaló, a mediados de 2002. “Es uno de mis peores momentos”, dice Tunubalá.

Semillas de resistencia

Aunque ha tenido otros tantos. El secuestro por parte de las Farc de tres cooperantes alemanes, que puso en jaque la ayuda internacional; y la negativa del presidente Andrés Pastrana a financiar un programa de desarrollo alternativo que él mismo lideró con los indígenas, las negritudes y los campesinos, en el norte y el sur del Cauca. 

“Se comprometió a darnos 50 millones de dólares. Después bajó el ofrecimiento a 30... a 24... y terminó en ceros. Otra vez me había quedado solo contra el mundo”, recuerda el taita Floro, sin disimular la resaca que eso le produce. Pero no sólo lo había abandonado Pastrana. Ha estado aislado del Congreso por sus contradictores políticos y “sigo sin la corresponsabilidad del Gobierno”.

Pero Floro Tunubalá también echa mano de sus logros y otra vez vuelve a repetir aquella frase con la que inicio su mandato: “Hemos comenzado a construir un nuevo camino en el que sólo había señales”.

Con una situación financiera en el Cauca todavía dramática, pero mejorando y con posibilidades de seguir recuperando sus activos (ya se salvaron el Hotel Monasterio, Las Guacas y el edificio donde funciona el departamento de Infraestructura y Agricultura, así como se recuperó el 80% de la maquinaria para obras públicas), el taita deja sentadas las bases de una revolución social sin precedentes en Colombia: la resistencia civil.

“No hay otra experiencia en América Latina como la del Cauca, pues aquí las comunidades indígenas no sólo se han levantado contra el Estado, sino contra los grupos armados, y esto no tiene reversa”, dice Floro.

“Las experiencias del Perú, Ecuador y Bolivia (que derrocaron a sus presidentes) nos deben servir para cambiar el rumbo de muchas decisiones y en el Cauca lo estamos haciendo. El que llegue tiene dos caminos: seguir este proyecto o volver al clientelismo. Sueño con lo primero”.

Por lo pronto, sigue haciendo planes: recibir 20 millones de euros de Europa antes de irse y, cuando lo haga, volver a recorrer el Cauca para decirles a todos: “Gracias”.