CARMEN CECILIA SUAREZ
Domingo 14 de septiembre, 2003 
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

César Tenorio Gnecco nos escribe una interesante nota sobre Carmen Cecilia Suárez, quien ha publicado libros de cuentos en los que trata el tema del amor, erotismo, la pareja y la identidad de la mujer. El primero "Un vestido rojo para bailar boleros", al que se refiere César, fue publicado en 1988 y ya ha superado las 8 ediciones. Carmen Cecilia tiene un doctorado en educación de la Universidad de Florida State y títulos en literatura. Nuestros agradecimientos a César por su escrito que hoy transcribirnos..

Cordial saludos,

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Comentario 
Por: César Tenorio Gnecco 
México,D.F., septiembre, 2003

Cordial saludo después de meses de ausencia; duele ver que en Popayán se ahoguen en un vaso con agua, referente al "Magnicidio" de los 10 guayacanes de la Autopista; que los dejen seguir viviendo en paz y que al contratista lo pongan a empedrar las calles del Centro Histórico. Ya sobre este asunto solo puedo proponer pendejadas.

Les comento que la semana pasada gocé aquí en Ciudad de México de la muy agradable visita de un personaje muy relacionado con Popayán, quien iba de paso para el bellísimo Puerto de Veracruz a un Congreso Internacional sobre Educación, mi gran amiga la literata, editora (edserpientemplumada@yahoo.com) y doctora Carmen Cecilia Suárez, de quien comentaron en el diario "El Espectador": "Nunca antes, en nuestro medio, la mujer se había lanzado a la narrativa erótica y Carmen Cecilia Suárez se arriesgó, retando susceptibilidades." (Luz Dary Vélez, Revista del Jueves) y como muestra de la delicia que es leer a Carmen C. transcribo de su libro "Un vestido rojo para bailar bolero" estas palabras encantadoras:

"Se busca

Veo los perros copulando en las calles, los enamorados tocando suavemente sus manos en las cafeterías, o abrazándose con ansiedad en los parques y siento aún más tu lejanía y tu rechazo.

Todavía, después de transcurridos varios meses, no soporto abrir tu cuarto y percibir tu olor impregnado en el ambiente. Las gruesas paredes de adobe y los ladrillos gastados de los largos corredores han absorbido el eco y las huellas de tu pisada sigilosa. Eres parte de la historia de esta vieja casona, como lo eres de la mía.

Sola, escucho el ruido de los carros de balineras y el murmullo de la gente en la calle y miro sobre mi cabeza las gigantescas vigas de madera roídas por el tiempo. Me sobrecojo ante la inmensidad de los espacios blancos y ante la fuerza de tu presencia y de tu ausencia. Quisiera que nunca hubieras pasado por mi vida para que no dolieras hoy; quisiera borrarte, como si tu camino hubiera sido escrito con tiza en un tablero.

Recuerdo aquel día cuando llegué a la casa presurosa y agitada, doblé las cobijas de tu cama y las guardé en el arcón. Llevaba meses obligándome a hacerlo, tal vez desde aquella tarde en que prometiste no volver, pero entonces tu cama siguió allí, como esperándote y volviste. Pero yo no quería que regresaras. Estaba cansada de los afectos mentirosos, de tener que jugar al gato y al ratón, al amo y al vasallo, de no ser persona, de estar sola a tu lado.

Ahora, nada más queda un montoncito de papeles en el cajón de los recuerdos. Desde que te fuiste, en la ventana que da a la calle he colocado un letrero: "Se busca un macho que no le tenga miedo al afecto"... Nadie ha golpeado a la puerta... "

Padre, ¿no les parece ?

Como siempre yo dando lata; será que ando alebrestado por estar disfrutando de este largo puente, preámbulo al famoso grito mexicano del 15 de Septiembre. Sin más por el momento, un fuerte abrazo: