SOLILOQUIOS DE SAN AGUSTIN
Jueves 27 de junio, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Rodrigo Valencia Quijano, escribió para El Liberal este interesante artículo sobre los "Soliloquios" de San Agustín. A continuación su transcripción. Cordial saludo,

Soliloquios de San Agustin
Por: Rodrigo Valencia Quijano

Entre el polvo de los libros viejos de mi papá encontré un librito en rústica, con las páginas amarillentas y manchadas por el hongo, el tiempo y los olvidos largos: "Soliloquios", "del gran padre y Doctor de la Iglesia, San Agustín; traducido del latín por Vicente J. Arboleda C., ex -profesor de la materia en la Universidad del Cauca, Popayán, 1944, Tipografía del Carmen, con aprobación eclesiástica" de Monseñor Nereo Piedrahita, según reza en la página introductoria.

Esta traducción había sido encargada al Sr. Arboleda por nuestro gran humanista Arcesio Aragón, quien dice que el trabajo es magistral: "El señor Arboleda, que desde los años de su adolescencia trasegó en los claustros del Seminario Menor, el fino licor de los clásicos romanos hasta compenetrarse con su espíritu, ha salido airoso de su empeño, y nos da, como obsequio principesco, una versión castellana de la espléndida y bruñida prosa del Santo Obispo de Hipona".

Me parece una reliquia hermosa, como esas cosas que se desentienden del tiempo y de la prosa ordinaria y, sobre todo, teniendo en cuenta que Popayán, en 1994, se hacían estas cosas con apasionado fervor y sin las engañosas sofisticaciones de los nuevos tiempos.

Quienes leemos los místicos antiguos, no sólo los católicos y cristianos sino de todas las culturas del orbe que merecen tal calificativo, encontramos, en esta sencilla y manual versión tipográfica, una pieza clave par acercarse a las honduras universales de la doctrina cristiana antigua.

A pesar de las exageraciones y contradicciones del santo, allí hay prólogo para éxtasis y reflexiones morales, y caminos sellados para los buscadores de arcanos sacros. Soliloquios, en fin, para intuir lo inefable, la bienaventuranza que va más allá de las edades, "la puerta que alguien abre y nadie cierra". La palabra que los sabios antiguos dejaron como herencia a los futuros siglos. Soliloquios, en fin, porque es probable que estas cosas ya nadie las lee, y sólo se quedan en la mente de algunos solitarios del adentro.