JOSE DOLORES SOLANO 
1891 - 1961 
Por Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

"En quietud semeja un dios hecho de bronce y basalto al pie del cañón de proa estaba el negro Solano".

El verso del poeta Carlos López Narváez retrata así al más notable entre los combatientes de la guerra contra el Perú en 1933, con motivo de la invasión a Leticia.

Este militar payanés, surgido de la entraña popular - había nacido en la calle del Empedrado - se hizo célebre en Colombia por su valor y arrojo en la campaña del Sur. Tenía cualidades excepcionales para la vida de las armas que lo hicieron famoso en los cuarteles: gesto bondadoso pero que podía transformarse en exigente y severo cuando debía asumir las responsabilidades del mando; valor contagioso para despertar la solidaridad de sus subordinados; lealtad hacia sus superiores y confianza en sus hombres.

En la incipiente Marina de Guerra de los años 30, Solano es designado Comandante de las cañoneras que debían surcar el Putumayo y el Amazonas para vigilar las fronteras patrias en las selvas del sur. Al estallar el conflicto con el Perú en septiembre de 1932 se le ordena movilizarse para afrontar la inminente invasión de las fuerzas enemigas. De inmediato puso en acción sus condiciones de estratega. En el sitio de Güepí - que en adelante se volvería legendario -, ordenó marchar sobre los contrarios y dispuso que los maquinistas de las naves debían hundirlas antes que retroceder. Con esta acción repleta de valor y decisión, contagió a los soldados en un hecho memorable que terminó en victoria para las fuerzas colombianas.

Terminado el conflicto armado, la nación lo recibió como un héroe. La capital del país y Popayán, su ciudad natal, le rindieron conmovedores homenajes con la convicción de que premiaban a un soldado sencillo que con arrojo sabía defender el suelo patrio.

Nada de esto envaneció a Solano. Con su proverbial modestia organizó un grupo de caucanos para volver al Putumayo en un acto de afirmación de soberanía: había que seguir vigilantes en las fronteras patrias. Posteriormente fue llamado por el Presidente Alberto Lleras en 1945, durante su primer Gobierno, para ocupar la alta posición de Comandante del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

"Fue nuestro mejor militar en este siglo. Era un hombre que sin temor sabía asumir responsabilidades y defender a su patria cuando quiera que estuviera el peligro", dijo de él otro soldado de honor, el General Gerardo Ayerbe Chaux.

El General Solano terminó sencillamente sus últimos años dedicado a la vida rural, como empresario ganadero en los Llanos Orientales en 1961.