PREMIO REINA SOFIA
Jueves 10 de noviembre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Marco Antonio Valencia Calle, poeta payanés, ha estado en el Palacio Real de
Madrid (construido entre 1738-1755) acompañando a  Juan Gelman recibiendo el
premio  Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005.

Juan Gelman nació en 1930 en el barrio Villa Crespo,
Buenos Aires. Su primera obra publicada Violín y otras
cuestiones
recibió inmediatamente el elogio de la
crítica. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía y
su obra ha sido traducida a 10 idiomas.
La ciudad de Buenos Aires lo honró con el título de
Ciudadano Ilustre.

Marco Antonio nos relata la ceremonia.

Cordialmente,

***

Desde el Palacio Real
Por: Marco Antonio Valencia Calle
El Liberal.

Desde el Palacio Real, a mis amigos los poetas

Compañeros, un abrazo. Anoche acompañé a Juan Gelman a recibir su premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005, en el Palacio Real de Madrid. Antes de la ceremonia conocí los raros aguaceros madrileños, y en la ceremonia a su Majestad la Reina de España.

Luego, un grupo de latinoamericanos brindamos con éste argentino de 65 años, que nos contó que vive en México, porque un día de 1976 la dictadura de su país le allanó la casa, asesinó a su hijo, se llevó a su nuera con ocho meses de embarazo, luego la mataron y regalaron su nieta a un matrimonio de policías. Nieta que pudo recuperar gracias a la solidaridad mundial que inundó de cartas a los gobiernos argentinos y uruguayos. Con sus ojos azulísimos me miró y dijo: Yo estuve en Medellín, en el Festival Mundial de Poesía, ¡qué fervor tan impresionante tienen allí por la palabra! ¿Y vos, escribís poesía? Entonces escuchate a vos mismo, a pesar de todo este ruido. La poesía de este siglo vendrá de América; Europa está deshumanizada, hay oscuridad y un escepticismo negativo no apto para la poesía. Me confesó que su poeta preferido era San Juan de la Cruz y que el autor más influyente en sus inicios fue César Vallejo.

            La ceremonia comenzó con la entrada de la Reina Sofía y su séquito. La reina saludó, leyó el orden del día. No hubo himnos, ni jefe de ceremonia, tan tradicionales entre nosotros. Hablaron el Rector Magnifico de la Universidad de Salamanca y dos personas más exaltando la labor de Gelman, que en su discurso agradeció “en nombre de los que insisten en escribir desde el centro de sus emociones sabiendo que no hay centro“. Dedicó el premio a los 72 participantes candidatizados. Y se fajó frases como: “La miseria es el único plato que se sirve cada día en nuestro suelo latinoamericano”, “La poesía no debe ser repetición, sino un poder afirmativo, algo distinto a la repetición”, “La poesía ayuda a descubrir pasos interiores que se ignoraban tener”, “La poesía acepta la tragedia humana, toca con los límites de la lengua, pasa de su misterio al misterio de todos”, “La lengua poética, es una manera de ver el mundo, de hablar con él”, “La escritura de poemas da cuenta de la evolución del hombre”, “El poema mendiga nombres a lo que no tiene nombre”, “Hay tanto mundo que la palabra no navega por muchos lugares todavía”, “Premiar a la poesía, a la cenicienta de la literatura, es un acto heroico a favor de la historia”, “La poesía viene del fondo de los siglos y ninguna catástrofe la ha terminado, es un hilo que nos une a los mortales”… Soberbio, ¿cierto?

            Bueno, supongo que no puedo terminar esta carta sin mencionar mi primer encuentro con Su Majestad la Reina Sofía. En el cóctel, me acerqué lo más que pude a su círculo de acompañantes y la miré a plenitud durante mucho rato. Es una mujer carismática y bella porque es la Reina. De ojos enormes, vivos, verdes. La sospeché de ropas, anillo y perlas caras, pero nada estrambótico, más bien sencilla. Uñas y labios sin pintar, dientes amarillos, base en el rostro, algo de sombras bajo los párpados, y el paso noble de los años que la han invitado a convertirse ya, en una abuela bella y vital. Me apretó la mano, me miró a los ojos y me dijo Bienvenido. Yo le tenía un discurso de saludo pero lo único que salió de mi boca fue un “buuuue...”, grave, hueco, hipnótico (pueden reírse). Le escuché decir que el 2 de noviembre es su cumpleaños. Que le gustan la música y las artes. Que le preocupaban los desastres del huracán Vilma sobre las costas del Caribe…, y cuando dijo Vilma, el nombre de mi Reina y Esposa, cerré la boca, tomé dos fotos y salí. Salí pensando-soñando que cuando me den a mí este premio, seguro me lo entregará su nuera Leticia, y rogué al cielo no estar tan prostático, porque a lo mejor, ya no iba a poder disfrutar del vino tan bueno que sirven en Palacio. Entonces, por si acaso, me devolví y me tomé otra copita acordándome de ustedes, y les juro, que en pleno Palacio Real, brinde por “vosotros, mis compañeros poetas”.