LAURA MERCEDES SIMMONDS
1954-1994
Por: Guillermo Alberto González Mosquera

El 23 de mayo de 1994, en las propias puertas de su casa en Popayán, asesinos inclementes dispararon contra Laura Mercedes Simmonds y segaron la vida de una de las mujeres que con más honestidad había asumido el compromiso de luchar por la defensa de los Derechos Humanos. La intolerancia embravecida cobraba esta víctima de selección entre las numerosas que habían quedado abatidas por la violencia de los últimos años en el Cauca. A los casos de campesinos humildes caídos en el enfrentamiento armado de una guerra sin sentido - cuyas principales víctimas se seguían contabilizando entre la población civil - se sumaban incesantemente periodistas, empresarios, líderes políticos e intelectuales, que por diversos motivos eran asesinados en esa sangría que pareciera no tener fin. Laura Simmonds pertenecía a esta última categoría de personas que habían hecho del pensamiento independiente y la entrega a las causas sociales, su argumento fundamental de vida.

Pertenecía a familia fuertemente enraizada en la historia política del Cauca. Su padre fue un magistrado y catedrático respetable, con fino sentido del humor y una manera singular de ver la vida provinciana, que lo convirtieron en el arquetipo del payanés auténtico, escéptico ante la vida y desprovisto de cualquier apego a los bienes materiales. Otros miembros de la familia ocuparon altas dignidades del estado, se destacaron en las letras y las artes y configuraron un núcleo imprescindible cuando se trata de analizar el discurrir del siglo XX en la capital del Cauca.

Laura Mercedes estudió en el tradicional Colegio de San José de Tarbes de Popayán en donde obtuvo su bachillerato en 1973. Su inicial deseo de estudiar Psicología en la Universidad de Antioquia, la llevó a vivir a Medellín de donde regresó pronto para matricularse en la tradicional Escuela de Derecho de la Universidad del Cauca. El campo de las leyes se acomodaba mejor a sus intenciones de participar en política y a su vocación humanística. A finales de la década de los 70, se dieron en la universidad colombiana importantes manifestaciones de rebeldía que se tradujeron en desapego de la juventud por los partidos tradicionales, sumergidos en el sopor frentenacionalista, sin accionar político que ofreciera caminos atractivos a una generación que no se resignaba a pensar que su destino se limitaba a participar en la partija burocrática. Grupos como el Movimiento 19 de abril, después de abandonar la lucha armada, surgieron como una opción fugaz para reemplazar al bipartidismo, en una democracia a medias que parecía encerrarse en sí misma para perpetuar en el poder a los grupos tradicionales.

Luego de un corto ejercicio profesional, a partir de su grado en Derecho, Laura Simmonds viaja a Europa donde visita importantes cooperativas y empresas asociativas de Italia y Francia. A su regreso encuentra en el Plan Nacional de Rehabilitación del gobierno Barco, la manera de contribuir al ejercicio de la paz, buscando que los sectores marginados -especialmente los localizados en las áreas rurales- accedan a los elementales beneficios de la acción estatal. Su tarea como Directora del PNR en el Cauca, la destaca en un campo que le permite ponerse en contacto con comunidades indígenas, grupos agrarios y sectores que buscan su reinserción a la vida civil después de haber abandonado la lucha armada.

Participa entonces activamente en la desmovilización del M-19 y acepta militar activamente en el grupo político que acaba de constituirse como reemplazo de la anterior fracción armada y que pronto la ubicará entre sus cuadros directivos. En las elecciones de 1990 figura como candidata al Senado de la República en la lista única nacional promulgada por el nuevo partido. Aunque no la favorece el resultado de las urnas, no desfallece en su objetivo de buscar un trabajo que garantice su contacto con las luchas sociales. Lo encuentra en la Fundación para la Comunicación Popular, una organización no gubernamental que incluye entre sus metas las áreas de trabajo en mujer y género, el desarrollo rural, la medicina alternativa y la organización de los sectores populares, buscando generar nuevas opciones de pensamiento y acción, en temas novedosos como los ya citados. En desarrollo de estas responsabilidades Laura participa activamente en grupos de profesores de Filosofía y Derecho comprometidos en la promoción y defensa de los Derechos Humanos en varias regiones del Cauca; promociona el establecimiento de Escuelas de Democracia como escenarios de concertación de conflictos sociales y apoya las movilizaciones campesinas que se multiplican en el sur del Cauca, convocadas por el influyente Comité de Integración del Macizo Colombiano, Cima, que hace presencia reivindicatoria ante los reclamos de las comunidades marginales de esa zona del Departamento.

Es precisamente en esta etapa fértil de su vida, cuando los enemigos de la tolerancia y la convivencia pacífica, ejecutaron su infame sentencia contra Laura Simmonds. En el Cauca de finales del siglo quedó impreso su martirio y estampada en la mente de la ciudadanía esa figura joven y tranquila que había transitado con positiva rebeldía por los caminos de su tierra, buscando a su manera resolver las contradicciones sociales de una región que no ha logrado aún sobreponerse a la insania de la violencia y la incomprensión.

Solo tenía 40 años cuando le detuvieron a la fuerza su marcha por la vida, su lucha por los intereses de los humildes y su compromiso en defensa de los derechos fundamentales de la humanidad.