MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA
Martes 5 de febrero, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Federico Roa Arboleda nos envia información sobre las nuevas salas que ofrece el Museo Nacional de Colombia. Nuestros agradecimientos a Federico por estas importantes noticias:

""" ... Un cordial saludo y los mejores éxitos en este año que comenzó. Cada escrito enviado en la red auna la identidad de quienes no viviendo en Popayán, aún la sentimos muy cercana y hacemos votos por que mantenga su carácter de ciudad ilustre a pesar de los inconvenientes que no solo a ella le dificultan el paso a la Post-modernidad sino al pais en general. Y para hacer grata recordación de la contribución payanesa a nuestra capital, les envío un pequeño artículo sobre el Museo Nacional de Colombia, institución que ha mejorado notablemente en el último decenio y al que contribuyeron las ideas y el intelecto de notables payaneses.

Nuevas salas del Museo Nacional de Colombia

Con gran sencillez y mucho esfuerzo se han inaugurado a fines del pasado año, diecisiete nuevas salas en el Museo Nacional de Colombia, para dar cabida a nuevas exposiciones de gran valor nacional. El Museo Nacional tuvo sus orígenes en los gabinetes de mineralogía y botánica que albergaron importantes piezas de colección, hasta cuando, por ley del 28 de julio de 1823, el General Francisco de Paula Santander dió fundación formal a la institución para que albergase las piezas de mayor importancia para la identidad nacional. A esta ilustre institución se han vinculado importantes nombres de payaneses o descendientes de éstos, quienes a través de la dirección de dicha institución o bien desde el poder ejecutivo o a través de la idea de convertir una antigua cárcel en museo para los colombianos merecen un lugar destacado como benefactores e impulsadores de esa importante institución. Algunos de estos nombres son:

Jerónimo de Torres Tenorio. Nacido en Popayán el 5 de agosto de 1771 en el hogar de don Francisco Jerónimo de Torres Herreros, oriundo de Lambreras, villa de Calahorra en Logroño, España y de doña María Teresa Tenorio Carvajal, payanesa de hidalga estirpe y padres también de don Camilo Torres Tenorio, Primer Presidente de las Provincias Unidas y verbo de la emancipación. Jerónimo se educó en el Seminario, donde fue profesor de menores e hizo estudios de jurisprudencia y matemáticas, dirigido por el doctor Félix Restrepo recibiéndose de abogado en Quito ante la audiencia el 28 de julio de 1799. Versado en latín y en conocimientos de metalurgia obtuvo un puesto destacado en la expedición botánica. En 1807 bajo sus indicaciones se fabricó el primer coche en Popayán. Fue el segundo director del recién fundado Museo Nacional, entre los años 1825-1826 cargo que ocupó cuando Mariano de Rivero y Uztáriz, primer director del Museo Nacional, decidió radicarse en Lima, Perú, por nombramiento del Libertador, como Director de Minas y de Instrucción Pública. Su dirección fue corta y acertada, asumió las cátedras e incentivó a los demás profesores a hacer su trabajo, al terminar su gestión entregó a su coterráneo, Dr. Manuel María Quijano un detallado inventario de << los libros, máquinas,instrumentos y muebles que entonces había en tres salas del museo. Estos datos acreditan que el señor Torres dejó el museo en muy buen pie>>.

Manuel María Quijano Carvajal. Nacido en Popayán en el aristocrático hogar del médico Dr. Tomás Antonio de Quijano y Lemos y de doña María Josefa Carvajal e Ibarra. Hizo sus estudios en el Seminario de Popayán bajo la dirección de los doctores Toribío Rodríguez e Ignacio Rebolledo quienes le enseñaron el latín y la filosofía. Estudio el derecho civil con el erúdito Dr. Félix Restrepo y el derecho Canónico con el Dr. Manuel María Arboleda. Desde su juventud se dedicó a cultivar la ciencia de la medicina conocimientos en su mayoría adquiridos de manera autodidacta, llevándolo a ser versado en este área así como en la química. En 1826 el General Santander lo nombra como tercer director del Museo Nacional, cargo que ocupó hasta 1828. De admirable fue calificada su labor habiendo organizado y reconstruído su arruinado edificio.Una larga lista de servicios a la patria presenta la limpia vida del Dr. Quijano. Fue delegado a la famosa Constituyente de Cúcuta, en 1821, como Diputado por la Provincia del Chocó y como tal firmó la primera constitución del pueblo colombiano. Congresista por Popayán de 1822 a 1826, y Presidente de la Cámara de Representantes en 1825. Diputado a la Convención de Ocaña, fue oposicionista a las tésis del Libertador. Director del Museo Nacional entre 1826 y 1828. En 1830 fue elegido Senador para asistir al "congreso admirable", Senador por Popayán en 1833, cargo que no ejerció por carecer del capital para ejercer sus funciones como tal, conforme al mandato constitucional de la época. Consejero de Estado y Secretario de Hacienda (hoy Ministro). Encargado de hacer las cuidadosas mezclas para la acuñación de monedas de plata y oro conforme a los conocimientos logrados en la Casa de Moneda de Popayán, por nombramiento del Presidente José I.Márquez. A causa de sus experimentos científicos perdió la vista, viviendo su vejez de una pensión otorgada por el Congreso Nacional.

Fidel Pombo Rebolledo: Aunque bogotano de nacimiento, fue hijo de madre payanesa doña Ana Rebolledo Tejada casada con don Lino de Pombo O´Donell, cartagenero hijo del payanés nacido el 2 de junio de 1769, don Manuel Pombo Ante casado con doña Beatríz O´Donell en el Palacio de Aranjuez, España en 1795. Fidel Pombo estudio Ingeniería en Yale University en los Estados Unidos y ocupó por un largo periodo la dirección del Museo Nacional, entre los años 1884 y 1901. Pombo fue sin duda alguna uno de los principales impulsadores del museo. Entre sus méritos se encuentra el haber logrado del gobierno la expedición del decreto número 448 (Diario oficial N. 6425, 1.7. 1885) por el cual se prohibía la salida de los objetos del Museo Nacional, una de las mayores calamidades que amenazaba desde entonces y continúa amenazando la integridad de sus colecciones. Resulta reveladora una carta enviada por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Jesús Casas Rojas el 19 de julio de 1889:

Señor Director del Museo Nacional: Sirvase Ud. Poner a disposición del Sr. Alcalde unos cuadros que necesita para la celebración del 20 de julio, los cuales serán devueltos a ud. Tan pronto como termine esa función.

La respuesta de Pombo Rebolledo fue: Hay pocos retratos que puedan removerse y esto los continua dañando. Por otra parte esta orden contraría disposiciones anteriores y protectoras del establecimiento. Ante el reclamo del Ministro, Pombo Rebolledo reclamó también. Insisto señor ministro en la conveniencia de no sacar esos retratos, conformándome con los reglamentos del establecimiento, pero S. Señoría dispondrá lo que a bien tenga.

La última palabra la tuvo el Ministro: Señor Pombo: Espero que sin más resistencia U. Se sirva entregar al señor Alcalde de la ciudad los cuadros que necesita para la celebración.

Aunque prevaleció la orden del ministro de ese entonces, la posteridad le otorgó razón a don Fidel Pombo. Pombo fue el primero de los directores en establecer contacto con otros institutos de igual calidad en toda América, a los cuales remitió los catálogos que escribió y de los que demandó permanente correspondencia que les mantuviera al tanto de los avances, convencido de que el reconocimiento del museo en el exterior era un paso importante para evitar su desaparición. Por primera vez se encargó de clarificar su inventario e imprimirlo además de hacer una muy buena reseña de cuantos objetos poseía. En su -Breve guía del Museo Nacional - Pombo contabilizó 77 pinturas de caballete de las cuales según la curadora Beatríz Gonzales solo existen 30, incluyendo aquellas que han cambiado de nombre. Su gestión también se caracterizó por incrementar su colección de historia natural así como también un énfasis en las bellas artes. Fidel Pombo Rebolledo permaneció en el cargo de director hasta su muerte, defendiendo con gran criterio y ahínco el Museo que él mismo definiera como <<archivo de nuestras glorias patrias, expositor de nuestras riquezas naturales y estímulo de nuestras artes>>.

Tomás Cipriano de Mosquera y Arboleda. La figura dominante -si hubo tal- de tres décadas de historiia colombiana del siglo XIX, según el colombianólogo de origen británico Malcom Deas. Nacido en la tradicional calle payanesa de la Pamba, en el hogar de don José María Mosquera Figueroa y Arboleda y doña María Manuela Arboleda Arrachea, nieto de don José Patricio de Mosquera Figueroa y de doña María Teresa de Arboleda y Vergara y de don Francisco de Arboleda y Vergara y doña Juana Francisca de Arrachea Mosquera. Su larga trayectoria en diversos campos se ve aumentada con las decisiones de carácter urbanistico-arquitectónico que tomó para la capital de nuestro país con la construcción de importantes edificaciones entre las que destacan el Capitolio Nacional y el antiguo Panóptico, ambos diseños del arquitecto de orígen danés pero nacido en las Antillas, Thomas Reed, quien fue llamado por solicitud de Mosquera expresamente para cumplir con dichos encargos. Construido sobre los terrenos de la antigua finca la Burburata de propiedad de los frailes recoletos de San Francisco, quienes allí tenían su convento desde 1606, de la cual hoy solo se conserva la iglesia colonial conocida como San Diego. El intelecto de Mosquera, esta vez como planificador lo llevó a que su arquitecto supiera interpretar los deseos del caudillo y produjera uno de los más bellos edificios de la ciudad, concepto que confirmaría el arquitecto de origen suizo francés, Le Corbusier, cuando en 1947 de visita en Bogotá, en compañía del arquitecto Hernando Vargas Rubiano y otros amigos, lo hubiese calificado como "el más bello edificio de Bogotá". La edificación, construida como penitenciaría bajo fuertes influencias de los arquitectos William Blackburn, Hyppolyte Lebas y John Haviland, sería adecuada en el siglo XX para albergar las colecciones artísticas, históricas y antropológicas que representan la identidad de la nación colombiana.

Manuel Antonio Arboleda Arboleda, nacido en el hogar de don Julián Arboleda Scarpetta y Rafaelita Arboleda Quijano, nieto del General Simón Arboleda Arboleda y doña Eudoxia Scarpetta Delgado y de don Gregorio Arboleda Torres (Nieto del prócer D. Camilo) y doña Sofía Quijano Wallis. Manuel Antonio Arboleda se incorporó desde sus estudios de derecho en la Universidad Externado a las filas de intelectuales que promovían cambio sociales y políticos en nuestro país. Gran amigo de sus amigos; perteneció al grupo de intelectuales conformado por Alberto Mosquera, León de Greif, Gerardo Molina, Dario Echandía y Luis E. Nieto Caballero entre los más destacados.Su nombre ha quedado vinculado al Museo Nacional a través de dos aspectos: El primero el de ser la persona que propuso trasladar las instalaciones del antiguo museo nacional a un sitio que tuviera la importancia que debia tener un -Museo Nacional-, y qué mejor que la antigua cárcel o panóptico donde se habían tenido presos a los combatientes liberales y conservadores de la Guerra de los Mil Días. Dicha edificación había sido admirada por Arboleda y no concebía su demolición, su idea tuvo acogida y en 1946, varios años después del trágico deceso de Arboleda, el Ministro de Educación Nacional Germán Arciniegas dispuso las instalaciones del antiguo panóptico para Museo Nacional. Así registra el arquitecto Hernando Vargas Rubiano este hecho histórico en la Revista PROA N. 14:

<<La transformación del mal llamado "panóptico" en museo fue idea de Matoño Arboleda: hace varios años, en los diarios capitalinos se glosó acerbadamente, sin razones valederas, la arquitectura y la ubicación de la prisión. En su defensa previendo la posible demolición, Matoño sugirió la utilización de la fábrica en un gran museo nacional>>

Desafortunadamente Matoño, el propulsor de esta idea no la vio realizada, pues murió trágicamente en la laguna de Fúquene en diciembre de 1936.

El segundo aspecto se relaciona con la adquisición de la partitura original del Himno Nacional de Colombia por parte del Museo Nacional a la hija del Maestro Oreste Sindicci, doña Emilia Sindicci, quien vivía prácticamente en la pobreza. Manuel Antonio Arboleda logró que el museo le comprase el original y el gobierno nacional le otorgara una pensión vitalicia. Doña Emilia en agradecimiento regalo a Matoño un segundo original, transposición en Do Mayor, y compró una pequeña casita en el barrio la Perseverancia en Bogotá donde pasó sus últimos años.

La partitura original del nuestro himno nacional, así como la corona con la que se reconoció como Libertador a Bolivar en el Cuzco, su anillo de matrimonio, la pluma con la que se firmó la constitución de 1991, los estandartes ganados a Pizarro, el manto de Atahualpa y las espuelas del conquitador Jimenez de Quesada, son piezas de gran valor que invitan a que visitemos el museo, hoy ampliado en diez y siete nuevas salas y al que han contribuído como queda anotado cinco nombres de payaneses ilustres por origen y méritos propios sin cuya labor el destino del museo fundado por el general Santander, tal vez, sería otro.

Cordial saludo,

Federico Roa Arboleda.

Bibliografía:

Arboleda, Gustavo. Diccionario biográfico y genealógico del antiguo departamento del Cauca. Biblioteca Horizontes. 1962 Arroyo, Ricardo. Hombres ilustres de Popayán. Un prócer olvidado. Revista Academia de Historia. 1986. Echavarría, Rogelio. ¿Quién es quién en la poesía colombiana?. Ministerio de Cultura y el áncora editores. 1998. Segura, Marta. Auroras y ocasos del Museo Nacional. Revista Lámpara n. 122. Vol. xxxi, 1993. Vargas Rubiano, Hernando. La transformación del Panóptico en Museo. Revista PROA. N. 14 ... '''