MUCHO GUSTO, SEÑOR REY
Martes 29 de noviembre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Eladio De Valdenebro nos cuenta una anécdota con el rey de España.
Nuestros agradecimientos para Eladio por este relato.

Cordialmente,

***

MUCHO GUSTO, SEÑOR REY.
Por: Eladio De Valdenebro
Popayán, noviembre 19, 2005


A
l leer la breve crónica de nuestro poeta Marco Antonio Valencia (10 de noviembre) sobre su saludo a la reina Sofía, recordé esto:

Mucho gusto, Señor Don Rey.

Hace unos buenos años – a fines de los 80 – tuve un encuentro personal con el Rey de España. Estaba yo en Madrid, en algo de trabajo. Una mañana fui al Palacio Real a  saludar un pariente español que trabajaba allí, en el área administrativa de los bienes raíces del Rey.  Actuaba como interventor de ciertas obras de restauración que se hacían en el inmenso palacio.

(Conviene esta noticia histórica:

Cuando Luis  XV de Francia concluyó su asombroso palacio  de El  Louvre en París, el rey de España no quiso quedarse atrás y comenzó la construcción del Palacio Real.  Pretendía duplicar en dimensiones el de París. Y así fueron los planos, así fue lo que se inició. Pero no le alcanzó el dinero, y de la faraónica obra apenas se hizo la quinta parte.  Lo que se hizo, en cuanto a alturas de  salones, anchuras de corredores, grosor de columnas y muros… es mucho mayor que las alturas y las anchuras y los grosores de el Louvre.)

Bien. Mi pariente Javier – arquitecto como yo – me llevó a conocer sectores que no están a la vista del turista. Y allí me contó esto de las exorbitantes dimensiones constructivas del Palacio Real.  Quiso luego hacerme conocer la obra de restauración en que él intervenía, algo en lo que habían sido las caballerizas reales. Estábamos en esas, cuando me dispuse a retirarme, pues me parecía que mi presencia incomodaba algo su labor.

Si te esperas un rato, te presento al Rey… debe venir a inspeccionar esto.

¡ Claro que me quedé!. Salí del salón en que estábamos, a esperar al monarca en el corredor exterior, de inmensas columnas, de altísimos arcos. Creo que se me aceleró el pulso… saludaría yo al rey Juan Carlos de España!

En eso, al fondo de largo corredor, veo un grupo de personas.  Unas cuatro personas. ¡Es el Rey!  Su altísima figura se destaca sobre los otros, que me parecen muy pequeños. Entonces asocié lo que veía con algo de las cortes antiguas, en que el rey estaba rodeado de bufones y cortesanos aduladores… Avanzaba el cortejo… El cortejo llegó hasta cerca de mi sitio… Mi pariente salió en ese momento a recibirlo, yo me aparté algo. No oí como lo saludaba, tan solo oí cuando se refería a mi es un pariente de América .

  Me turbé, no tenía ni idea de cómo debía yo saludar al Rey… ¿Excelencia…?... ¿Majestad…?... ¿Señor rey…?... ¿Su eminencia…?... Entonces – con esa velocidad sin tiempo que tiene la mente -  creí recordar que en la literatura del Siglo de Oro se menciona al rey tan solo como don… ¡Sí!...  don Felipe… don Carlos…).

  Javier nota mi turbación, y le precisa es un pariente de Colombia, de Popayán. Mucho gusto, señor Don Rey – saludo, muy seguro de mis palabras. Y doy mi pequeña, mi  sudorosa, mi temblorosa mano a Don Juan Carlos de Borbón, Rey de todas las Españas. Eladio Valdenebro, señor Don Rey -   repito mi increíble lapsus.

              - Ah, como nuestro querido Eladio  - dice el rey, tomándome ahora con sus dos reales manos, inmensas manos.  Si, ya lo sabía yo, el padre de Javier había trabajado en ese mismo cargo, hasta unos dos años antes, cuando murió. Y era mi homónimo, en nombre y en apellido.

  Y ¿cómo vá la reconstrucción de tu ciudad?... Popayán, ¿cierto?            - pues allí, demasiado despacio, es una obra inmensa… y estamos esperando su ayuda para la iglesia mayor, la iglesia de San Francisco…            - Ah, si… si estoy enterado, estamos en ese empeño…

 
Mi pariente intervino con lo suyo, explicando al Rey los avances de la obra. Me retiré, discretamente. Y solo entonces caí en cuenta de tan inverosímil  lapsus mental… que dizque saludarlo yo diciéndole Señor Don Rey…

  Me quedó el grato recuerdo, me quedó la nítida impresión de que el Rey de España,  posesionado de su dignidad y majestad hasta para saludar a un colombiano, es un ser lleno de afecto, lleno de calor humano. 

Eladio De Valdenebro, Arquitecto.