DOS HERMOSOS RELATOS
Miércoles 22 de mayo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano 
 

Amigos payaneses:

Olvidemos por cinco minutos los males que aquejan a nuestra Ciudad Blanca, y recordemos dos historias: El Milagroso de Buga y la Virgen de Nuestra Señora de las Lajas, Ipiales..

El Señor de los milagros de Buga.

Fue la piedad humilde de una india lavandera, la que alcanzó el milagro del Señor de Buga. Hacía ella su oficio al pie del río Guadalajara, cuando pasó un escolta de alguaciles, conduciendo a la cárcel a un padre de familia pobre, acusado por deudas. Como averiguara a los gendarmes la causa de la detención, dejó su afán, se dirigió a su choza y allí, deshecha en llanto, sacó de su alcancía los ahorros con los que compraría un crucifijo que había soñado durante muchos. De regreso entregó sus dineros al inflexible oficial, quien devolvió sin más la libertad al prisionero.

Transcurrido el tiempo y hallándose un día dormida, la piadosa mujer despertó sobresaltada por repetidos golpes en el lugar donde estaba un cofrecito de madera; encontró en él la imagen de Jesús. Se levantó al instante y observó que tanto el cofre como el Santo Cristo, habían tomado dimensiones mayores. De allí en adelante no cesó de crecer el crucifijo, hasta que un tiempo después alcanzó la talla de un niño de siete años.

Paulatinamente se hizo público el milagro reconocido por el cura párroco y muchas personas empezaron a ir a la cabaña de la india. Pensaron entonces construir una capilla para que reposara la imagen, lo que significaba trasladar el Cristo atravesando el caudaloso río Guadalajara. Según cuentan, la noche en que estaban discutiendo el cambio, hubo una creciente y el cauce del río cambió, facilitando la tarea. Se construyó entonces La Ermita, de la que se conserva la torre. Luego, para finales del siglo XIX, la Basílica.

La devoción por el Milagroso de Buga se ha extendido a otras regiones del país e, incluso, a otros países. Cada siete años se festeja, en forma especial, en una procesión con la imagen.

Nuestra Señora de Las Lajas.

Foto: Arturo Coral Folleco

"Un milagro de Dios en el abismo", frase del payanés José Domingo Rojas

La romería a la Virgen de Nuestra Señora de Las Lajas, de Ipiales, reviste igual magnitud. El motivo, su milagrosa aparición, data de finales del siglo XVIII. Según las crónicas una indígena de la población de Ipiales, María Mueses de Quiñones, salió un día de su casa (1754) para visitar a sus familiares. Cuando pasaba por las peligrosas laderas cercanas al puente sobre el río Pastarán, se desencadenó una fuerte tempestad y fue a refugiarse en una cueva natural. Asustada, invocó el auxilio de la Virgen del Rosario, devoción propagada por los Dominicos en esa zona. Sintió que la tocaron en la espalda, volteó pero no vio nada; entonces salió corriendo hasta llegar a Potosí, su destino.

Días después venía de regreso con su hija sordomuda de nombre Rosa a sus espaldas. Paró a descansar en la misma cueva. La niña se acercó a la roca y le dijo: "Mamá, vea esta mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados". Atónita María al oírla hablar por primera vez y puesto que no veía ninguna mestiza, siguió su camino hasta Ipiales. Un día Rosa desapareció y la encontraron en la cueva; esta vez María si vio la imagen.

Estas visiones se conservaron en secreto, hasta cuando la niña murió; su mamá decidió enterrarla en la cueva y allí solicitó el milagro de la resurrección. Cuando esto sucedió María se dirigió a Ipiales y a la madrugada del día siguiente tomaron camino algunos vecinos junto con el párroco del pueblo. Al encontrar la imagen enmudecieron y a mediodía del 15 de septiembre se ofició la primera misa en el sitio de Las Lajas. Desde entonces ha sido sitio de permanentes romerías.

Cordial saludo,

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