ANÉCDOTAS Y RECUERDOS PAYANESES: II
Viernas 31 de mayo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Como nos dice, muy sabiamente, María Josefa, continuamos con esta hora sabrosa, que afortunamente, para nuestros lectores, son cinco minutos. Nuestros agradecimientos a María Josefa, Margot, Carlos Hernán y Mario Vidal, por sus memorias prodigiosas y a Carlos César, gourmet de cocina payanesa, por sus detalles relacionados con el chulquín.

Cordial saludo,

* * *

MARIA JOSEFA SAA DE BORRERO:

¡Qué bueno tener esta hora sabrosa leyendo tántas cosas chéveres que nos recuerdan lindos tiempos de nuestra infancia!.

MARGOT VALENCIA DE PRADA:

Qué encanto recordar toda esa comida deliciosa que nos recuerda Mario Vidal.- A mí el chulquín sí me gustaba y cuando voy a Popayán me encanta volverlo a comer.

Las panelitas de leche es algo inolvidable y las frutas mencionadas no faltaban en el mercado cuando había cocecha. Para mí tal vez la fruta más apetecida es la granadilla del quijo y en uno de mis viajes a Popayán, mi gran amiga María Mercedes Simmonds de Arboleda (q.e.p.d.), me envió con Ricardo, una canasta, pues no era época de granadillas y entonces las llamaban de travesía. Qué felicidad tan grande volver a comer esta deliciosa fruta y para gran sorpresa, al otro día, Clemita Cajiao de Velasco, me envió otra tanta de las dichosas granadillas.

En mi época de colegiala donde las salesianas, íbamos con las amigas a la galería, que quedaba a la vuelta del colegio, a comprar mangos verdes y comerlos con sal ¡otra delicia!

Volver a Popayán es siempre fascinante. No sólo por volver a ver a la familia y a las amistades de toda la vida, sino por la maravillosa comida que aca no encontramos. Chepa, mi vecina y repostera maravillosa, en cuanto sabe que llegamos nos envía una bandeja de aplanchados o de vaul-au-vants. Las invitaciones a comer empanadas, tamales y frito es único en nuestra ciudad. Saludos,

CARLOS HERNAN DAZA, MD:

Qué lindo es alimentar la memoria cuando leemos retrospectos que nos halagan a todos. Recuerdo, cuando estudiaba interno en el Liceo de la Universidad del Cauca, las salidas en la tarde de los miércoles, sábados y domingos.

Era la época del billar en el Café Popayán y llegabamos al café asesando para adquirir seso en el billar y cordura en otras cosas. Pero también jadeando por la carrera para conseguir turno con Mardoqueo el garitero, quien muy horondo ponía las bolas sobre el paño verde lleno de huellas de tiza por las malas tacadas de los primíparos.

También de la famosa chicha de don Germán (no recuerdo el sitio) y de los comprimidos (pambazo con queso blanco) que no costaban más de cinco centavos. Los domingos íbamos a la piscina municipal a nadar, ver a las lindas payanesas y tomar unas cervezas. Además El Morro era otro sitio de atracción para muchas cosas incluyendo la "comida de piña" que no faltaba. Y los sábados por la noche al cine en el teatro Municipal saliendo desde el Liceo en fila india y comprando los tiquetes a mitad de precio con el carnet de estudiante. Yo guardo los mejores recuerdos de Popayán en esa época (los tres últimos años de mi bachillerato) por los amigos y profesores tan buenos que teníamos.

Esto no es un aporte a la historia patoja, pero sí un motivo para compartir vivencias pasadas que llegan al alma. Abrazos,

MARIO VIDAL SARRIA

Queridísimos y graciosos los apuntes de los paisanos: -Quién no conoció a Rosarito-Se pintaba hasta el pelo y parecía "La amistad de los Claveles"-Quién no conoció a Pategüaba y a Chancaca con su flauta ó a Zócalo con su ojo apagado ? y a Ratón de Iglesia, con su andar enjuto y su sempiterno terno negro ?-o a Va'ver guerra ? -Y a Sancocho en el tradicional coro de San Agustín - O a Comino con tic nervioso en el ojo derecho ? -Personajes de nuestro tiempo inolvidable.-- Mil gracias a todos los contribuyentes de este tema, por traernos tan bellos recuerdos-

CARLOS CESAR PERAFAN SIMMONDS:

¡¿Cómo puede ser que no guste el chulquín?!. Con los genoviches, el volován y el tripazo, es mi plato preferido. Ante este menú, poco tiene que hacer la humilde empanada de pipián (siempre es mejor la de guiso) y los tamales, que son más conocidos por el resto de los colombianos como constitutivos de la cocina payanesa. (claro que siempre hay la carantanta, la sopa de tortilla, la de patacón y, como postre, la granadilla de quijo, que sólo se da, según entiendo, en el Tambo y cuyas propiedades digestivas compiten con la alcachofa. Sinó, pregúntenle a niño sano, que se despachaba un bulto de una sola sentada.