PEDRO ANTONIO PAZ  REBOLLEDO: II
Miércoles 24 de abril, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Rodrigo Muñoz MD
ha tenido la deferencia de enviarnos una nota en memoria de
Pedrito Paz Rebolledo que reproducimos hoy.

Nuestros agradecimientos para Rodrigo.

Saludos,

***

Pedrito Paz
Por Rodrigo Muñoz MD
Abril 16, 2005
San Diego, USA


Aun cuando hemos visto envejecer a aquellos que enriquecieron nuestras vidas, es difícil aceptar que finalmente ya no están con nosotros. Pedrito Paz Rebolledo fue una influencia permanente en las vidas de la mayoría de los payaneses que vivimos en el Siglo Veinte. Para mi, esa influencia fue de mas de cincuenta aňos, comenzando cuando fue mi profesor en el Liceo de la Universidad en 1953. Pedrito aumentó mi vida, como muchas otras vidas, en muchas formas. Quiero hablarte sobre ellas.

Pedrito enseñó el amor por los libros. Los suyos con frecuencia mostraban que habían sido usados casi a diario. Muchos de ellos, especialmente El Quijote, se volvieron mis favoritos. A través de Pedrito, hice amistad con Lope de Vega, Quevedo, García Llorca, Neruda, y tantos otros que han sido parte de mi tesoro personal por muchos aňos, acompañándome a través de países y de gentes diversas.

Pedrito enseñó humildad. Nunca se atribuyó a si mismo lo que había logrado para otros. Cada palabra de su boca era un tributo a alguien que el había ayudado sin pedir recompensa, ni siquiera agradecimiento.

Pedrito enseñó amor por nuestro idioma. Con frecuencia he pensado en él cuando quiero entender mejor nuestro orgullo por el español. Después de muchos aňos lejos de Colombia, cuando yo quería que mis hijas hablaran el mejor español posible, se las mandé a Pedrito a Popayán por varias semanas, pensando que era lo mejor que podía hacer para que ellas apreciaran nuestro idioma.

Pedrito enseňó amor a las ciencias y al trabajo de los que avanzan el conocimiento. Como miembro de una familia de gigantes intelectuales, esto no fue difícil para él.

Pedrito fue el payanés que gozaba todo lo de Popayán, incluyendo nuestras corridas, nuestros versos, nuestros héroes, y todo lo nuestro, lo que incluye a los intelectuales, a las ñapangas, a las procesiones, grandes y chiquitas, a nuestros escritores, poetas y sabios, y también al hombre de la calle.

Pedrito…el diminutivo cariñoso no hace justicia a este gigante que nunca vamos a olvidar.

Rodrigo Muñoz