PARQUE PURACE
Lunes 25 de julio, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Iniciamos nuevamente esta serie de artículos sobre aspectos payaneses
reproduciendo partes de la nota escrita por Mauricio Candamil Llano de
Unicauca sobre sus experiencias en su reciente viaje al "Parque Puracé",
"que es cuidado desde lo más alto por la montaña de fuego, más conocida
como Volcán Puracé."

Cordialmente,

***

Opinión
Un viaje por el Parque Puracé
Mauricio Candamil Llano
Texto completo en:
<http://www.unicauca.edu.co/columna.php?idn=622Itinerario>

Para llegar al Parque Puracé desde Popayán es necesario tomar un autobús
o su vehículo particular, si es el caso, y recorrer 44 kms por unas de las
vías que conduce al Huila, hacia el oriente del país. Por allí se llega a 
un sector conocido como El Crucero. Estando en ese lugar, debe tomar el
camino que lo conduce hacia la mina de azufre y luego girar por otro que le
indicará que, si recorre otro kilómetro, llegará al sector conocido como Pilimbalá. No se
perderá porque el camino está bien señalizado.

En Pilimbalá encontrará cabañas donde alojarse a un módico costo, restaurante, piscinas
de aguas tibias y la asesoría de los guardaparques de la Unidad de
Parques Nacionales Naturales quienes no dudarán en darle la suficiente información y

recomendaciones que requiera para llevar a cabo sus caminatas o visitas
ecológicas. Además podrá recorrer un hermoso sendero de orquídeas, único en el país.

Este parque, se encuentra entre 2500 y los 5000 mts sobre el nivel del mar,
y presenta temperaturas entre 15 y 2 grados centígrados. Por algo en este parque,
dominado por páramos, ríos, lagunas y valles de frailejones, nacen los ríos más
importantes y caudalosos de este país como el Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá.

El cóndor de los andes

A muchas personas les han enseñado, desde la primaria, que el cóndor es el
ave insignia de Colombia. Quienes han visto esta ave, lo han hecho en fotos, en
el escudo de la nación, en el zoológico, en uno que otro programa de televisión, pero
no muchos lo han visto volando sobre los andes colombianos. Ese es un privilegio que,
para quienes aman y defienden la naturaleza, está muy al alcance de la mano, a
sólo dos horas de Popayán.

Y es en el Parque Puracé en donde usted puede tener esta experiencia,
armándose solamente de paciencia para ver esta majestuosa ave, la cual seguramente
aparecerá si se le lleva comida a un lugar conocido como La piedra del cóndor.

Por su condición de ave carroñera, entre más descompuesta esté la carne que
le lleve al cóndor, mejor. De este modo aumentará las posibilidades de ver volando
sobre su cabeza a esta hermosa ave con sus inmensas alas de color blanco y negro y su
característico anillo de peluche blanco alrededor de su cuello.

Se dice que en el Parque Puracé quedan tres cóndores de los cerca de nueve
que criaron y soltaron en el sector conocido como El Refugio, dentro del
programa de recuperación del cóndor, pero la mayoría de éstos han emigrado a otras
regiones del país en busca de alimento, o por así decirlo, un mejor futuro.

Dos horas estuvimos observando cómo estas aves, que se diferencian una de la
otra solamente por la cresta que lleva el macho sobre su cabeza, volaban sobre
nosotros a muy corta distancia, extendiendo sus magníficas alas a lo largo y ancho de
un majestuoso cañón dominado por los vientos fríos y fuertes de la región.
Cañón formado por el río Bedón y sobre el cual cae con una estrepitosa fuerza,
desde más de 100 metros de altura, la cascada de La Ermita, la cual se puede observar
desde muy cerca a sólo 20 minutos de caminata del lugar de avistamiento del cóndor.

Un día pasado por agua

La primera y quizás más impresionante experiencia la tuvimos en las termales
de San Juan, a 18 kms de Pilimbalá, sector en donde se encuentran otras cabañas de
Sistema de Parques Naturales. Tras una corta caminata desde las cabañas se llega a
este lugar dominado por los múltiples colores que dan las plantas, los musgos, las
aguas verdes, azules y cristalinas que corren bajos lechos blanquecinos, tono que les da
el azufre de las aguas termales.

A esta impresionante gama de colores se unió la de un cielo azul, dominado
por el sol y por esporádicas nubes que cruzaban el horizonte. Además de las grandes
piedras oscuras y melladas desde hace miles de años por las aguas del sector, que se
levantan como guardianes silenciosos del sector. El ambiente en general es dominado
por el característico olor a azufre, con el que uno se familiariza después de un
rato de permanecer en el lugar absorto ante tanta belleza.

Luego, siguiendo nuestra ruta ecológica, llegamos al sector de San Nicolás,
a 5 kms de San Juan, en donde encontramos otra cabaña de Parques Naturales, la cual
está lastimosamente abandonada por obra y gracia del conflicto armado.

Desde un lugar de avistamiento, pudimos observar la cascada de San Nicolás.
Además, los biólogos que nos acompañaban encontraron huellas de conejos salvajes y
venados, aparte de las de las huellas de danta que ya habían registrado en San Juan,
como parte de los programas de monitoreo y conservación de la fauna del parque.

Cinco minutos después frente a nosotros nos encontramos con toda la Serranía
de los Kokonucos despejada y nevada. Desde el volcán Puracé hasta el Pan de Azúcar,
se podían observar claramente los contornos de las montañas con nieve, mientras
al otro lado se formaba un espléndido atardecer rojo, azul, violeta, blanco,
amarillo y anaranjado.

La montaña de fuego cubierta de nieve

Aunque el viento era fuerte, la neblina densa y el aire escaso logramos llegar al
cráter del volcán, luego de un camino que nos llevó del páramo de agua y frailejón,
pasando por el súper páramo, hasta llegar a la zona nival de grande rocas y paisaje
árido.

El espectáculo era único, aunque en la distancia no se divisaba bien. Nieve que nos
caía del cielo en medio del viento y que se afianzaba en la tierra en algunos 
sectores formando grandes capas blancas, la fumarola del volcán a escasos 50 mts y
tras nosotros el cráter del gigante.

Luego de descender sin poder observar en su totalidad el cráter del volcán en su
extensión y profundidad, el clima se apiadó de nosotros y nos dejó ver por que dicen
que Colombia es uno de los países más bellos del mundo.

Frente a nosotros, hacia el norte estaba el Nevado del Huila totalmente despejado, al
occidente, la cordillera occidental y el cerro de Munchique, tutelar del parque del
mismo nombre, bajo otro colorido atardecer, de los mismos que se ven en Popayán, pero
un poco mejor y a nuestros pies innumerables lagunas, caminos, valles de frailejones,
bosques húmedos, y dentro de éstos, sin dejarse ver, miles de animales que componen
nuestra fauna colombiana.

El espectáculo natural pareciera mostrarnos que los parques del Cauca se miran entre
ellos, se vigilan, se cuidan, y entre ellos protegieran la semilla de vida que
albergan, la cual es ante todo nuestro futuro y el de nuestros hijos. Pero los parques
no pueden hacer solos esta labor y necesitan de nuestra ayuda.