CULTURA PRECOLOMBINA
Sábado 1 de julio, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Jaime Vejarano Varona nos hace una síntesis sobre la cultura precolombina durante nuestra historia. El texto reproducido corresponde a El Liberal de mayo pasado en la columna de su autor: Cátedra Payanesa IV.

De la cultura Precolombina, la Colonia y la Independencia
Por: Jaime Vejarano Varona
El Liberal, mayo, 2000

Dueña absoluta de su destino, esta fecunda tierra americana formó con los más auténticos ingredientes ambientales, una raza orgullosa de sus costumbres, celosa guardiana de sus ancestros, una casta humana pura y decantada, libre de la contaminación de elementos exógenos deformadores. Y creó una suya -aunque primitiva y salvaje- muy propia civilización, manifiesta en las resultantes culturas etnológicas que, como la Maya, la Chibcha o la Incaica, legaron a la posteridad el tesoro de su sabiduría y el resultado de su esfuerzo, convertidos en obras y recuerdos perdurables.

Formaron una estructura social regida por las leyes naturales que respetaban con esa su inocencia salvaje. Y es que había limpidez de espíritu y hasta cándida ingenuidad entre estos conglomerados humanos que se nutrían de naturaleza. Pero con el magno suceso histórico del descubrimiento, que para ellos debió haber significado el hálito renovador de otra, mejor constituida, civilización, vino también, a manos de un puñado de aventureros procedentes de la península, la despiadada, despótica y sangrienta conquista, que con su ambición irreflexiva ejerció el despojo, llenó de ultrajes y asoló de manera arbitraria el suelo donde sentó sus dominios.

Se implantó un imperio feudal que explotaba indiscriminadamente los recursos naturales y llenaba los bajeles rumbo a la tan indolente como insolente España. La desmesurada avidez de los invasores se ensañaba en pos de fáciles fortunas y rápidos beneficios. Era la tiranía soberbia contra la mansedumbre incauta y perpleja. ¡¡Cuánta sangre, cuánta angustia, cuánto dolor de aborígenes abonó esta tierra que pisamos!!. (Y aquí, a manera de paréntesis en esta disertación, vuelvo a la reiterada polémica sobre si es históricamente justo, que la estatua del Conquistador Belalcázar siga hollando con las patas de su caballo el monumento que los aborígenes construyeron en el Cerro de Tulcán, en memoria y honor de sus ancestros). Cumplida así de modo tan agraviante la conquista del nuevo mundo, vino a ser sustituida por otra no menos deprimente forma de tiranía: la Colonia, humillante tutela ejercida a nombre de un monarca desconocido y remoto, que sometió a estos pueblos a un vasallaje repulsivo y degradante.

Al hombre americano se le declaró en absoluta incapacidad para decidir sobre su suerte; negados todos los derechos para intervernir en el gobierno de la que hasta entonces había sido su patria, quedó proscrito dentro de su propia tierra y se le arrebató por el medio expedito de las alcabalas, aduanillas y mayorazgo, sus derechos, en beneficio de insaciables soberanos. Y es que a ese pueblo humillado y vencido se le enseñó, además, a besar la mano de su opresor. Quizas podamos precisar en el tiempo cuándo terminaron la Conquista y la Colonia. Pero se nos pierden los puntos referentes a la iniciación del proceso de la Independencia.

Su incubación, como las de casi todas las revoluciones, se produce de manera imperceptible. Va creciendo a la manera de un virus que se inocula en la sangre por el descontento y la amargura de los pueblos. El desequilibrio económico y social en que se debatían estas colonias, eran ya la simiente de la hecatombe; y esta tierra agraviada hacía su inobjetable evolución hacia las más inopinadas y contrarias soluciones: esclava, igual que ayer, e irredenta como siempre, se decidió al fin por su independencia política. Nuestra ciudad, Popayán, por sus estrechos vínculos establecidos con la Corona Española, era sede de una casta aristocrática cuyos miembros se hallaban ligados con personajes anejos al reino peninsular.

Era de suponer por lo tanto que aquí no podría florecer la causa independientista. No obstante vemos cómo la casa de Los Mosquera que tenía en España un personaje de tanto viso e influencia real como don Joaquín de Mosquera y Figueroa, Presidente del Consejode Regencia, Fiscal y Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, participó también en la campaña. Y que el Conde de Casa Valencia, don Pedro Felipe, uno de los favoritos del Monarca y grande en la Corte española, deja sus preeminencias y se viene a participar en la Independencia, siendo inmolado por su causa.

Y don Manuel de Pombo, cuñado de los generales O'Donnell, uno de los cuales era Duque de Tetuán y Conde de Lucena, no vaciló en consagrarse al servicio de la República, lo mismo que sus hijos don Fidel y don Lino, habiéndosele condenado a su muerte que luego le fue conmutada a instancias de aquellos; su hermano José Igancio y sus hijos los Tenorios en sus ramas Caldas, Torres y Arboleda, y tantos otros que dejaron sus títulos y privilegios para luchar por la independencia, pregonando así los méritos de nuestra ciudad en la causa libertaria.

Mas cabe preguntarse: fue completa la obra de la independencia?. El Memorial de Agravios puede mostrar efectos cumplidos?. El experimento republicano fue, acaso, una liberación frustada? Y los Derechos del Hombre son hoy, en forma alguna, el código que nos rige?. O, la barbarie, la corrupción y la indisciplina cívica que imperan hoy, son la negación de nuestra gesta emancipadora?.

Cordial saludo,