POPAYAN AUN TIENE CABEZA, CULTURA Y TRADICION
Miércoles 1 de agosto, 2001
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Manuel Villegas Vejarano nos ha enviado el escrito que circulamos hoy, elaborado por Daniel Arturo Vejarano Varona.

Nuestros profundos agradecimientos a Manuel.

El artículo del expresidente Lemos, "La decapitación de Popayán" fue distribuido el 2 de julio, 2001 y se puede leer en Internet en la dirección:

http://www.geocities.com/pachajoa2000/carl.htm

""" ... POPAYAN AÚN TIENE CABEZA, CULTURA Y TRADICION 
Por: DANIEL ARTURO VEJARANO V.

Con su peculiar, conceptuoso y explícito estilo, nuestro ilustre coterráneo, el Doctor Carlos Lemos Simmonds, nos ha sorprendido con el envío de un virtual mensaje de desolación. En él expresa con evidente y dolida nostalgia, que "Nadie viaja ya a respirar la atmósfera de la pequeña ciudad blanca y sabia que fue Popayán", que "ni la sensibilidad ni la historia, tienen cabida en ella, que está decapitada y que fuera de su única industria, su Universidad, no tiene otra cosa que ofrecer". Es decir, que nuestra urbe legendaria ha perdido por completo su identidad histórica, su atracción y su prestigio. Tal perspectiva considerada desde la lejanía del pretérito y después de 50 años de su habitual ausencia de los lares nativos, quizás le han substraído a nuestro dilecto compatriota, la auténtica realidad del presente citadino.

Es verdad que quienes le dieron fama y gloria a Popayán fueron sus antiguos guerreros y estadistas, sus mártires, sus sabios, sus poetas y escritores; pero ello ocurrió durante las épocas y en las circunstancias en que a ellos les correspondió actuar y cuando la primordial actividad como fuente de renombre, eran las epopéyicas proezas de la Independencia o las bélicas acciones provenientes de las insensatas y exaltadas luchas intestinas. Por aquellos tiempos la ciudad tenía tan sólo 15 o 20 mil habitantes; se carecía de esparcimiento, de mediana holgura y de lucrativos medios de trabajo distintos de la artesanía hogareña, de los pequeños negocios o de los empleos estatales.

Posteriormente, la nombradía intelectual solamente se alcanzaba a través de los nobles frutos del pensamiento que difundían sus eximios literatos, novelistas o poetas, cuyas obras impresas tenían la virtud de llenar anhelantes espacios culturales, hoy, favorablemente complementados por la radio, la prensa, los novedosos textos de rica policromía, la perfecta reproducción del sonido y de la música, la televisión, el internet y la informática.

Las sociedades contemporáneas evolucionan a ritmo acelerado. No podemos atajar la bonanza que brindan la modernidad y el progreso y solo vivir rememorando el pasado, aunque este fuere glorioso. En la actualidad, subsisten también en Popayán valores científicos, artísticos e intelectuales. Ella alberga ahora a 300.000 ciudadanos; no ha variado su actual segunda categoría municipal, y aparte de la célebre Universidad del Cauca con sus nueve Facultades, funcionan aquí otros quince Institutos de formación profesional y académica, y existe una juventud ansiosa del saber. El centro urbano que sufrió notable detrimento por causa del último sismo, ha sido bellamente reconstruido. Modernas urbanizaciones y 50 nuevos barrios residenciales ensanchan la ciudad. La vasta industria hotelera, los servicios de agua, luz y telefonía, son de calidad. No hay suburbios decadentes y el estándar de vida, de confort y salubridad, ha mejorado ostensiblemente en comparación con lo que había en el pasado. El turismo nacional y extranjero continúa arribando a la ciudad para disfrutar de su aire puro, de su clima templado y fresco a la vez; para admirar su clásica estampa de arcada conventual; el iridiscente tinte de sus cielos, sus luminosos y policromos atardeceres, el garzo y lejano perfil de sus dos cordilleras, su hermoso volcán tutelar y ese cambiante verdor de sus alcores y picachos.

Si las ciudades sucumbieran porque ya no existen sus hijos epónimos, lo mismo les habría sucedido a metrópolis como Santa Fe de Bogotá, donde la ausencia corporal de sus próceres y de sus bardos insignes: Pombo, Silva, Barba Jacob, Angel Montoya, Jorge Zalamea y tantos otros, no es óbice para que nuestra capital republicana conserve incólume su rango intelectual y su importancia histórica. Acá ocurre lo propio. Ya no viven los poetas Guillermo Valencia, Rafael Maya, ni José Ignacio Bustamante, pero en la ciudad prevalece el acrisolado señorío y la hidalguía de sus gentes.

Quince payaneses ciñeron la banda presidencial y otros cuatro presidentes colombianos se doctoraron aquí. Para complacencia nuestra, solo queda viviente de la nómina pubenense, el ex presidente Carlos Lemos, a quien quisiéramos ver de nuevo deambulando por nuestras calles coloniales, visitando sus museos históricos y sus galerías pictóricas y de arte escultural, su fastuoso Teatro Municipal; las valiosas joyas religiosas, sus soberbios templos y monumentos de arquitectura hispano" americana y ecléctica.

Por su singular carácter quijotesco, la blanca y procera ciudad no pignora sus valores espirituales, ni exige trueque alguno por sus aportes a la patria, ya que por si misma logró restituirse de sus infortunios, sin reclamar por parte de sus hijos, idealistas y eminentes, ninguna contraprestación en bienes materiales, que los ha conseguido sin humillación y por su propio dinamismo.

Por todo lo anterior, Popayán seguirá siendo reconocida como "La capital del Espíritu". ... """

Cordial saludo,