¿QUE ES POPAYAN?
Domingo 13 de julio, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses inconformes:

Ruth Cepeda Vargas nos dice que "hoy [Popayán] es un amasijo de carros y de gentes", "la ciudad no constituye algo nuestro". Los que viven en ella, inclusive sus gobernantes, quizá piensan lo mismo que Ruth. Pero creemos que si los inconformes payaneses dirigen su clamor ante las autoridades competentes, lograrán que estas ordenen que el centro histórico sea peatonal y que en el mismo, la limpieza sea permanente; al fin y al cabo no son sino ¡8 ó 10 cuadras!. No creemos que sea cuestión de presupuesto, quizá es porque estas dos simples medidas no estuvieron incluidas en las promesas preelectorales de los gobernantes de elección. ¡Pero los inconformes payaneses pueden lograrlo!

Cordial saludo,

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¿Qué es la ciudad?
Por: Ruth Cepeda Vargas

El Liberal, 13 de julio, 2003

En un tiempo lejano la ciudad fue nuestra casa: sus calles como largos corredores familiares, que cruzábamos sin sobresaltos. El parque, colmado de rumores, parecido al gran patio de atrás, en donde jugábamos hasta que la noche venía. Todos caminábamos tranquilos por los andenes limpios e inofensivos.

Las esquinas dejaban ver el horizonte y estar en ellas era como asomarse a la ancha ventana por donde mirábamos la vida. La ciudad fue nuestra casa: limpia, hermanable, hecha a la medida de nuestras vivencias y expectativas. Sabíamos que era nuestra, que nos pertenecía, que era la prolongación del hogar y que nada ni nadie podía destruirla. Y así fuimos creciendo ella y nosotros.

Hoy es un amasijo de carros y de gentes. La calle no tiene dueño. La ciudad no constituye algo nuestro, es un sitio en el que nos tocó vivir, pero por el cual no hay ninguna pertenencia. La utilizamos, la caminamos, la sembramos de desperdicios y de huecos, sin que a nadie le importe. El parque ya no es “el patio de atrás”. La gente lo cruza sin mirar sus árboles, ni las pocas flores que dejan la inclemencia de esos pies a través de la zona verde, destrozando su primavera.

La ciudad no constituye un espacio colectivo de asociaciones e intercambios por un buen vivir, sino que simplemente es un lugar, sin ningún lazo que pueda comprometernos. La ciudad se volvió el conjunto no articulado de seres que simplemente viven en ella, trabajan en ella, pasan por ella y de pronto mueren en ella. Es el punto de partida de espacios y vías de circulación que sirven para desplazarnos de un lugar a otro, pero por el cual no hay ninguna preocupación.

Sencillamente ella pertenece al Estado y como éste tampoco se preocupa, no hay ni habrá el menor vínculo que luche por su supervivencia. Este rompimiento por lo público, que es de parte y parte, hace que las ciudades naufraguen. Esta desvinculación aumenta con los “desplazados”. Crece aceleradamente con estas filas de seres a quienes les arrebataron sus sitios por los cuales sí había una pertenencia. Hoy deambulan por las esquinas, semáforos, plazas, calles que no guardan ni tienen para ellos ningún amarre.

La guerra se metió a las ciudades. Y el camino que resta para que la gente aprenda a respetar, a amar, a preocuparse por lo público, es largo y difícil, pero hay que empezarlo. La gente que se roba la tapa de una alcantarilla, le importa un pepino la suerte de quien pueda caer en ese hueco. Aquel que destroza la banca de un parque, quien se vuela un semáforo, quien desde su carro bota basura, quienes llenan de grafitos las paredes, los buses, busetas, motocicletas, bicicletas, que se volvieron de la noche a la mañana los dueños de la calle. El “espacio público” desapareció, la ciudad entera se volvió un bazar. El Estado tiene la palabra y la tenemos todos.

Todos los que nos guarecemos dentro de nuestras casas para esperar que alguien nos resuelva los problemas, somos los primeros culpables. La ciudad agoniza sin dolientes. El día en que nos sintamos verdaderamente dueños del sitio en donde vivimos, lo respetemos y nos preocupemos por todo su entorno, esto ha de cambiar. Mientras tanto la ciudad, nuestra ciudad “es un barco que se hunde con las luces encendidas”.