JOSE RAFAEL DE POMBO Y REBOLLEDO
Sábado 11 de diciembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses: 

Rafael Pombo fue un poeta, ingeniero, diplomático, miembro del Congreso y se lo considera uno de los grandes poetas y narradores del romanticismo hispanoamericano. 

El 7 de noviembre, 1833, nace en Bogotá José Rafael de Pombo y Rebolledo. Su abuelo, don Manuel de Pombo, abogado payanés, era contador de la Real Casa de la Moneda de Santa Fé cuando, en 1810, fue uno de Los firmantes del Acta de Independencia. Su padre, Lino de Pombo, había defendido a Cartagena del asedio de Morillo, donde fue tomado prisionero y enviado a España; allí participó en el levantamiento de Riego. Luego fue secretario de la Legación en Londres y regresó a Popayán, donde se casó (1827) con Ana María Rebolledo, descendiente de una también importante familia caucana. En 1833, el presidente Santander designó a Lino de Pombo como secretario del Interior y de Relaciones Exteriores, y la familia se trasladó a Bogotá; doña Ana María iba con cinco meses de embarazo de quien más, tarde sería Rafael Pombo. El poeta tuvo cinco hermanos: Beatriz -que vivió con él toda su vida-, Felisa, Juanita, Fidel-fundador del Museo Nacional-y Manuel. 

Durante su larga permanencia en los Estados Unidos fue contratado por la editorial Appleton, de Nueva York, para llevar al español algunas de las nursery rhymes de la tradición oral anglosajona, entre los que sobresalen: “Simón el bobito”, “Rin-Rin-Renacuajo”, “Doña Pánfaga”, “Pastorcita”, ”La pobre viejecita”, Fábulas (más de 200), Cuentos pintados y cuentos morales para niños. 

En 1853 fue a visitar su primera cuna, Popayán. En septiembre de aquel año escribió, en Popayán las volcánicas y originalísimas estrofas de Edda, que leyó en esos días a varios amigos; y, las escondió hasta que en 1855 las puso en manos de José Joaquín Ortiz, entre otros materiales de conocidos suyos para La Guirnalda que aquél proyectaba. Pombo sabía que sus versos no eran de lo que se lee todos los días; pero quiso con aquel fraude femenino reírse de su indiferente auditorio del almacén de Simón Arboleda en Popayán. Nunca reveló que Edda era él mismo, pero cuenta que, cinco o seis años más tarde, encontrándose con él en Nueva York, Zoilo Cárdenas y Luis Bernal, éstos, por un fenómeno de la memoria, vinieron a recordar distintamente que él se los había leído en la susodicha tertulia payanesa. El les rogó que guardaran el secreto; mas ellos no le dieron gusto. 

Pocos meses después de Edda, escribió Pombo en Popayán para vengar a una preciosa señorita de un desaire sufrido en un baile, la poesía que años más tarde públicó Vergara en El Mosaico con el título de Una copa de vino, por una copia incompleta que Eustaquio Urrutia le hizo escribir en su casa dándole una copa y prometiéndole que jamás saldría de sus manos. 

Sus emociones de Popayán y la electricidad de aquel clima tempestuoso despertaron en Pombo toda su fuerza. Pero él lo explica de otro modo: "A Popayán no llevé mis libros, y una vez ausente de Lord Byron y del Tesoro de Quintana, los olvidé y pude por fin hacer versos míos, aunque incorrectos y violentos por cierto. La lectura es fatal para la poesía: estimula y enseña, pero impide escuchar el propio corazón y leer en la naturaleza. Lo que mis generosos críticos llaman fuerza, vigor, verdad, etc., en mis versos no es sino la disciplina que las matemáticas dejan en la razón. Para un ingeniero civil, aún tan rebelde como yo a su oficio, hacer unos versos es resolver un problema de expresión: sobre ciertos datos de sentimiento encontrar la única incógnita de metro y de palabras, la precisa forma escrita de dicho sentimiento. Mi padre (q.e.p.d.) no pasa por poeta, y, sin embargo, su Himno del 20 de julio es poesía, por la nobleza y verdad de sus ideas y sentimientos, y por la exactitud matemática que da energía a la expresión: él era profundo matemático, y, gracias a eso, allí no sobra ni falta una palabra. La verdad y la sobriedad aseguran fuerza y armonía. ¡Cuánto del mérito poético de D. Andrés Bello no procede de este principio de análisis y de exactitud, al cual creo que yo también obedezco, pero a enorme distancia del pulso, recursos y limpieza del gran maestro!". 

El 20 de agosto, 1905, es coronado como el mejor poeta de Colombia. El presidente Rafael Reyes ofreció la corona que honró al poeta. 

El 15 de mayo, 1912, muere Rafael Pombo en Bogotá 

El poema perfecto... 

"Sin duda, el mejor poema de Rafael Pombo es “Noche de diciembre”, porque se le puede clasificar como perfecto, que denota haber sido inspirado por un profundo amor y a la vez, por sus oscuras tristezas". 

NOCHE DE DICIEMBRE
 

Noche como ésta, y contemplada a solas 
No la puede sufrir mi corazón: 
Da un dolor de hermosura irresistible, 
Un miedo profundísimo de Dios. 

Ven a partir conmigo lo que siento, 
Esto que abrumador desborda en mí; 
Ven a hacerme finito lo infinito 
Y a encarnar el angélico festín. 

¡Mira ese cielo!... Es demasiado cielo 
Para el ojo de insecto de un mortal, 
Refléjame en tus ojos un fragmento 
Que yo alcance a medir y a sondear. 

Un cielo que responda a mi delirio 
Sin hacerme sentir mi pequeñez; 
Un cielo mío, que me esté mirando 
Y que tan sólo a mí mirando esté. 

Esas estrellas... ¡ay, brillan tan lejos! 
Con tus pupilas tráemelas aquí 
Donde yo pueda en mi avidez tocarlas 
Y apurar su seráfico elixír. 

Hay un silencio en esta inmensa noche 
Que no es silencio: es místico disfraz 
De un concierto inmortal. Por escucharlo, 
Mudo como la muerte el orbe está. 

Déjame oírlo, enamorada mía, 
Al través de tu ardiente corazón: 
Sólo el amor transporta a nuestro mundo 
Las notas de la música de Dios. 

El es la clave de la ciencia eterna, 
La invisible cadena creatriz 
Que une al hombre con Dios y con sus obras, 
Y Adán a Cristo y el principio al fin. 

De aquel hervor de luz está manando 
El rocío del alma. Ebrio de amor 
Y de delicia tiembla el firmamento, 
Inunda el Creador la creación. 

¡Sí, el Creador! cuya grandeza misma 
Es la que nos impide verlo aquí, 
Pero que, como atmósfera de gracia, 
Se hace entretanto por doquier sentir... 

Déjame unir mis labios a tus labios, 
Une a tu corazón mi corazón, 
Doblemos nuestro ser para que alcance 
A recoger la bendición de Dios. 

Todo, la gota como el orbe, cabe 
En su grandeza y su bondad. Tal vez 
Pensó en nosotros cuando abrió esta noche, 
Como a las turbas su palacio un rey. 

¡Danza gloriosa de almas y de estrellas! 
¡Banquete de inmortales! y pues ya, 
Por su largueza en él nos encontramos, 
De amor y vida en el cenit fugaz. 

Ven a partir conmigo lo que siento, 
Esto que abrumador desborda en mí; 
Ven a hacerme finito lo infinito 
Y a encarnar el angélico festín. 

¿Qué perdió Adán perdiendo el paraíso 
Si ese azul firmamento le quedó 
Y una mujer, compendio de Natura, 
Donde saborear la obra de Dios? 

¡Tú y Dios me disputáis en este instante! 
Fúndanse nuestras almas, y en audaz 
Rapto de adoración volemos juntos 
De nuestro amor al santo manantial. 

Te abrazaré como la tierra al cielo 
En consorcio sagrado; oirás de mí 
Lo que oídos mortales nunca oyeron, 
Lo que habla el serafín al serafín. 

Y entonces esta angustia de hermosura, 
Este miedo de Dios que al hombre da 
El sentirlo tan cerca, tendrá un nombre 
Y eterno entre los dos: ¡felicidad! 

RAFAEL POMBO