LOS PASOS DE POPAYAN EN CALI
Lunes 15 de marzo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses semanasanteros: 

Gilberto Saa Navia, con motivo de la exposición en Cali de pasos de la Semana Santa de Popayán, ha escrito el siguiente artículo para El Pais. 

Cordial Saludo, 

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B E M O L E S 
LOS “PASOS” DE POPAYAN EN LA MERCED 
Por Gilberto Saa Navia
 

En esta oportunidad, la música sale de esta columna. El tema tiene que ver con la espléndida exposición que recrea los salones del bellísimo museo de La Merced. Se trata de la exhibición de algunas de las joyas escultóricas que posee Popayán y que forman parte de las procesiones de la Semana Santa. 

No recuerdo cuando me llevaron a observar la primera procesión y a pesar de que la mayor parte de mi vida ha transcurrido fuera de Popayán, he podido disfrutarlas, por lo menos dos centenares de veces. Algunas ocasiones en familia, en la esquina del El Carmen, otras sirviendo de cicerone a visitantes y hace pocos años respondiendo las innumerables preguntas de mis dos nietos mayores, quienes entre sorprendidos y curiosos trataban de entender la razón de esos desfiles anclados en el pasado, en este tiempo de juegos electrónicos y aprendizaje en pantalla. 

En esta última circunstancia, hice mi primer recorrido completo con un cirio en la mano durante tres horas, atendiendo solicito el deseo de Alejandra, aunque en las épocas del Conservatorio muchas veces el trayecto completo fue con mi violín alemán de la Casa Conti, tocando las marchas y piezas de ocasión. Y hasta me arriesgué a escalar un peldaño para ser candidato a la alcayata de oro, pero mi intervención no alcanzó ni para latón, en uno de los ocho barrotes de La Verónica de La Ermita. 

Lo mas interesante para mí en la observación de la exposición “La procesión va por dentro”, ha sido descubrir después de tantos años aspectos que me han maravillado, como si la costumbre de ver los pasos todos los años, los hubiera hecho tan conocidos, que no había necesidad de observarlos. He redescubierto algunas imágenes. Siempre sentí atracción por aquellas que conforman la procesión del jueves, pues me parecían las más pulidas, las de mejor interpretación de la pasión de Cristo. Y me encuentro con una sorpresa, que me la ofrece precisamente un paso del jueves, La Crucifixión, que por su posición en un plano inclinado, escapaba al análisis visual. Por sus grandes dimensiones y por el peso brutal, es de aquellas andas que crujen sobre los hombros de los cargueros, en un rítmico traqueteo que solamente distinguimos los payaneses. 

Pero, qué sorpresa me he llevado con uno de los livianos, El Varón del Martillo. Jamás había visto su frente fruncida y ese color indefinible que el artesano quiteño puso en su rostro. 

Yo suponía que toda la imaginería era quiteña, tal vez porque así lo había escuchado repetidamente. Bien equivocado andaba. Las imágenes de la Crucifixión son españolas, como también el Cristo de La Ermita, que pende de una cruz de plata. Y la exquisita imagen del señor de la Columna, otra muestra de la procesión del jueves, que es un reflejo vivo del dolor, viene de Pisa, Italia; además la forma como aparece en el museo, a ras de tierra, conmueve al visitante. También hay una pieza francesa del siglo XVII, que estuvo oculta muchos años en la iglesia de San Camilo, que perteneció a la comunidad marista, también de origen francés, como bien lo recordamos los ex-alumnos del Champagnat. Este es el Cristo de los Agonizantes, pasado a andas hace pocos años. En resumen una exposición digna de cualquier museo del mundo. 

GILBERTO SAA NAVIA 
Cali, marzo 15 de 2004