HILDA INÉS PARDO
Lunes 31 de octubre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Hilda Inés Pardo, abogada payanesa, ha publicado en su libro "Teoría de
los objetos"
una serie de sus poemas. Gloria Cepeda Vargas ha escrito
sobre este tema el artículo que transcribimos en esta ocasión.

Cordialmente,

***

Hilda Inés Pardo y su ‘Teoría de los objetos’
Por: Gloria Cepeda Vargas

Especial para El Liberal

Acaba de salir, compilado por Ediciones Axis Mundi, ‘Teoría de los objetos’, poemario  de la payanesa Hilda Inés Pardo, abogada con especialización en Derecho Administrativo y licenciada en Lenguas Modernas: Inglés-Español.  Este libro obtuvo el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía que auspicia anualmente el Museo Rayo de Roldanillo en el marco del Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas.

Águeda Pizarro, fundadora y promotora de este evento de prestigio nacional y foráneo, dice al respecto: “Escogimos su libro por la madurez de su visión poética, la originalidad de sus imágenes y la agudeza de sus percepciones sobre el mundo actual, expresadas con una depurada y certera ironía, convertida en flecha de palabras. La conciencia del oficio poético y el enfrentamiento valiente con la lucha por conseguir un lenguaje que exprese lo inexpresable, quedan claros y luminosos en una obra que impacta por su unidad y por su compromiso con la palabra”. Este concepto señala la voz de Hilda Inés Pardo como lúcida representante de la  poesía que se escribe hoy en el país.

 Los poemas que integran este libro, poseen la rara virtud de introducir el elemento cotidiano en un recinto casi siempre destinado a lo intangible.  Textos como ‘Petróleo’, ‘Cristales de agua’ o ‘Brazos caídos’, hacen a su autora conviviente de una verdad a veces difícil de reconocer.

 La  poesía es río ineluctable.  Desde las nostálgicas riberas de José Asunción Silva, Colombia durmió por mucho tiempo de espaldas al hervor continental. Por eso Luis Vidales fue, cuando no debería haberlo sido, el gran proscrito de estos cenáculos tan temerosos de vivir, tan renuentes a seguir, tan aferrados a la ingenua  sacralización del protagonismo unilateral.

 Ante la propuesta del poeta, solemos manejar conceptos demasiado uniformes o nos atrevemos a exigir franquicia absoluta como si estuviéramos despejando una ecuación algebraica. Olvidamos que la literalidad conceptual no tiene cabida en el galope de este potro desbocado.

 Por otra parte, los colonizadores de estas praderas se reproducen en una especie de clonación dramática. Por eso hoy, cuando la deconstrucción y regeneración del corpus poético de habla castellana son historia en buena parte de Latinoamérica, hemos de abrir la puerta a los objetos que enhebran el  hilo de los días. A la máquina sublimada y al mismo tiempo intacta. A la necesidad que tenemos de codearnos con el cemento y la madera. A la floración, en apariencia inmóvil, de los platos domésticos, todos vivos y actuantes en estas páginas que no vacilan en acogerlos como protagonistas o contertulios.

 “Una rosa es una rosa/ mientras el agua, el sol o el venenoso/ tiempo estén inertes./ Una rosa no es una rosa/ al día siguiente”, dice Hilda Inés en su poema titulado ‘Madame Crepé’.  He aquí la poesía. Cambio.   Oleaje. Sustancia desbordada en la limitación de la palabra, quizá en alguno de los tiempos que esperan, se digne recibirnos sin reservas. Por ahora es saludable reconocerla en el ‘rumor metálico de llaves’ que tintinea en algún rincón de la memoria supra consciente.  Más allá de logísticas verbales no siempre acertadas o de cotos de caza cada vez más cerrados, el duende atemporal nos respira en la nuca.

 A pesar del reconocimiento obtenido por la joven y excelente poesía caucana, todavía permanecemos  en estado de hibernación. El arte apenas  apenas  blan­quea en la noche del tiempo. Su deslinde y afirmación se abren camino entre nosotros con la aparición de este nuevo discurso.

 ‘Teoría de los objetos’ es, hasta el momento, el primer planteamiento subversivo en los  alumbramientos  que renuevan la esencia poética de la vida. ‘Los pétalos de hirviente espuma’ que ‘florecen del hidrante de la esquina’, confirman la vigencia de ese oído ultrasensible que señala Howard Gardner como prioridad  en la escala constructiva y respirante del poema.

 Despojándonos del prejuicio que nos cala hasta el fondo, reconozcamos en esta nueva manera de inquirir y concluir la  vértebra que faltaba  en la espina dorsal del monstruo.   El complemento que requería el oficio poético para erguirse sin vacilaciones.     Sólo así lograremos trascender sin ataduras. A diferencia del teorema, la propuesta teórica es especulativa. Por lo tanto inquisidora y por ende precursora de todo descubrimiento. Destinado a permanecer, este libro dobla la página como mentís al desamparo y monotonía de la consagrada urdimbre o como iniciación al diálogo en buena hora entablado, con esos diminutos, llovidos, aceitosos y agudos interlocutores que hace tiempo nos están esperando.

 “Caminante no hay caminos/ se hace camino al andar...” dijo el sevillano de las iluminadoras Soledades. Aquí vamos, al abordaje del prodigio cotidiano, principio y fin de este camino que apenas comienza.