ORQUESTA DE LOS CUARENTA
Lunes 28 de febrero, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Luis Carlos Campo, en su columna Atalaya del Diario del Sur, nos ofrece una página llena de reminiscencias que se recuerdan con añoranza.

Cordialmene,

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La orquesta de los cuarenta
Por: Luis Carlos Campo
Diario del Sur, 28 de febrero, 2005


Fue en los años 40 cuando floreció en el Popayán tradicional, cuando la villa tenía no más de 100 mil habitantes, era vivible y seguro. Era algo así como una selección de artistas más de cuerda que de viento que tocaba para darle gusto al espíritu.

No era de club, ni de teatro, ni mucho menos de cantina, no tocaban por dinero, eran de actuaciones de sala y especialmente donde había piano, que entonces había mucho vertical de marcas Staín Way, Rachell, Pleyel, etc, y muchas damas lo tocaban con lo que venían las partituras, lo clásico.

Pero volviendo a la orquesta que se llamó la Vifer, la integraban disímiles personas de clase, formación y oficio. No tenían reglamento, ensayaban y tocaban especialmente los sábados, algunas veces bien acompañados de copas gracias al mecenas don Ricardo Pérez Velasco y otras a "palo seco".

Pérez Velasco, quien fuera gerente del Banco de Colombia, murió asesinado en su casona ubicada en la esquina de la calle 5ª con carrera 4ª, la noche del 23 de marzo de 1961. Ha sido una de las muertes inexplicables y hasta ahora en el misterio. Sus veladas en la segunda planta del banco frente al parque de Caldas o en la casa del crimen, fueron de antología.

Haber reunido al rector magnífico de la Universidad del Cauca, el abogado y compositor Benjamín Iragorri Hormaza, que tocaba el contrabajo; las bandolas del poeta José Ignacio Bustamante, conocido como Maese Guss, el sastre don Julio Varela, al dependiente del granero de don Rodolfo López, don Ignacio Méndez; el violín del profesor de latín, el poeta de la "Camelania Espeluficia"

don Ramón Dolores Pérez, el piano en turno y a veces a cuatro manos del compositor Luis A. Diago Montilla y del abogado Alvaro Garcés Valencia; el acordeón del doctor Alvaro Pío Valencia; las voces de los abogados Mario Saúl Vivas Tróchez, ex senador de la República y Marino Balcázar Pardo, el primer profesional de carrera administrativa, en ese entonces de la Rama Judicial, las guitarras de Marco Tulio Pérez que tenía el remoquete cariñoso de "Cuito", Alberto Uzuriaga y el abogado Emilio Velásquez Cardona, paisa de Manizales que vino a estudiar bachillerato y se quedó en Popayán y Marco Tulio Londoño, ingeniero civil egresado de la U. del Cauca, quien tocaba el tiple y murió en Pasto.

De ese grupo el único que sobrevive con más de 90 años y reducido a una silla de ruedas es don Ignacio Méndez, quien vive en el barrio de Yambitará.De la Vifer hay que mencionar a dos virtuosos que pasaron por Popayán y formaron parte del grupo, que dejaron su sello artístico, el pianista Oriol Rangel y el flautista clásico Oscar Alvarez, quien llegó como profesor del conservatorio de música de la U. del Cauca y murió años después en Tunja.

Para el común de los payaneses la expresión popular para destacar a la Vifer estaba resumida en dos palabras: "traqueaba bueno".

De sus figuras el polifacético doctor Alvaro Pío Valencia, orador, político, comunista, catedrático de la Escuela de Derecho, ex rector de la U. San Buenaventura de Cali, hombre emblemático de la Casa Valencia, hijo del Maestro Valencia y hermanos del presidente Guillermo León, quien tocaba el acordeón, era el cultor de la música llanera, una noche de agosto de 1965, en la Arcada de la Herrería, con el instrumento de Gustavo Gómez Mosquera, integrante de la Tuna Universitaria, dio un recital voluntario e improvisado con música llanera de la que era un ferviente cultor y terminó con un tema ruso, la "Canción del Volga" conocida más con el título en español de "Ojos negros". Tal demostración de calidad que hubo aplauso estruendoso y sostenido, de allí nunca más volvió a tocar. Fue su despedida.

Y la figura del político conservador, el senador Mario Saúl Vivas Tróchez, oriundo de Caldono (Cauca), que nunca perdió un debate electoral, era un tenor lírico y cantaba en las serenatas a doña Herminia López, en la calle denominada del comercio, porque el doctor Emilio Velásquez Cardona, era el novio y luego su esposo.

De orquestas de este tipo, solo en el Cauca hay registros de otra denominada "La Lira" que era el emblema musical de comienzo del siglo XX, de Bolívar, cabecera municipal del sur del departamento, pero esa ya es otra historia.

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