ORACION DEL CARGUERO
Viernes 29 de marzo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Álvaro Thomas nos envía una sentida correspondencia que contiene de Ricardo Nieto, la triste poesía "Cómo nueren siempre los caballos viejos". Hacemos votos por la recuperación de Livio Paz. Cordial saludo,

""" ... Una oración cuando el reloj empuja

Luego del éxito increible de nuestra "Misa Patoja" el Jueves Santo, Sonia Paz la hija de Livio --muy enfermo y hoy desgraciadamente en coma profundo-- me regaló esta "ORACION DEL "CARGUERO VIEJO". En ella el padre habla de su primera muerte. Leyéndola parecería que en verdad los cargueros de verdad mueren más de una vez. Creo que cuando hay vida, hay éxitos, hay creatividad y el viagra es innecesario, no es mala cosa recordar que el tiempo nos obliga a dejar la bandera a buena altura. Los sueños bien colocados para los que vienen detrás. El espíritu apuntando a la Luz que no da sombra. La sonrisa acompasada al segundero. La nostalgia abonada, en una cajita que no pese. Eso hace Livio con esta Oración. La incluyo para solaz de la Red de payaneses y recuerdo del querido Livio: pintor, epigramista de virote certero, dibujante inigualable a la plumilla, poeta, gran padre, buen amigo, contaminado de patojerías hasta los tuétanos. En corto, patojo hasta la médula del más escondido hueso. Para él y su familia nuestras oraciones:

"Como mueren siempre los caballos viejos" Ricardo Nieto

Esta emoción inmensa que me embarga. Esta Misa de Requiem oficiada sobre el altar virtual de mi nostalgia. Este pesar profundo que me agobia. Este dolor fetal ardiendo en ascuas. Esta desesperanza que me invade con su tañir funesto de campanas Esta desilución, esta tristeza sobre mi propia angustia dilatadas. Este dolido arpegio de palabras jamás en mi silencio pronunciadas.

Esta copa colmada de sollozos que entre mi ardiente pecho se derrama. Este lento desfile de recuerdos que hoy cruzan frente a mi como fantasmas. Esta inquietante multitud de anhelos que en mi noche de angustias se entrelazan. Este rancio sabor del desconsuelo. Este summum burlesco de mis ansias. Este clamor de voces de impotencia buscando una respuesta entre la nada. Este citarme con el sufrimiento que despiadado hacia mi encuentro marcha.

Este escribir con resplandor de cirios mi epitafio, anegado por las lágrimas. Este no más llevar sobre mis hombros la imagen de mi Dios tan lacerada. Este no desfilar solemnemente erguido bajo el peso de las andas. Este no más pulsar entre mis manos el poema triunfal de la alcayata. Este no más vestirme de Carguero. Este no más calzarme la alpargata. Este hermanarme con el desengaño. Este esposarme con el desconsuelo. Este sentirme así, casi desnudo, sin túnico, sin cíngulo, sin paño, me está gritando a voces, altanero, que me ha doblado el PASO ... de los años ...

Livio Paz. Marzo de 1997.

Saludos, Alvaro Thomas ... """