AÑO NUEVO
Martes 30 de diciembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Alegres payaneses:

La celebración del Año Nuevo es la fiesta más antigua en la historia: los babilonios la realizaban hace cerca de ¡4000 años! Alrededor del año 2000 antes de la era cristiana, A. c.., el nuevo año babilonio empezaba con la luna nueva después del equinoccio vernal, primer día de primavera. Estos festejos duraban once días.

Los egipcios celebraban el año nuevo a mediados de junio, debido a que por esa época el río Nilo alcanzaba sus más altos niveles.

Fue el quinto rey de Roma, el etrusco Lucio Tarquinio Priscio, cerca de 500 A.c.., quien diseñó un calendario de 12 meses. Los romanos festejaban el año nuevo honrando a Jano, primer rey legendario del Lacio, quien favorecido por Saturno, veía el pasado y el porvenir y se lo representaba con dos caras. Los romanos continuaron celebrando el año nuevo a finales de marzo. Pero esta fecha cambiaba arbitrariamente según el emperador, desincronizándose con el sol. Para remediar esto el senado romano declaró como inicio del nuevo año el primero de enero.

Cuando los romanos invadieron la antigua Inglaterra encontraron que los druis, una antigua secta religiosa Celta, celebraban el año nuevo el 10 de marzo. Fue el abate Dionisio "el pequeño" quien, a mediados del Siglo VI, acuñó la expresión "era cristiana" a partir del nacimiento de Jesús -25 de diciembre, año I D.c..- y distribuyó en su propuesta de calendario las principales fiestas y fechas religiosas de la Iglesia.

Los ingleses y sus colonias adoptaron como día de año nuevo el 25 de marzo, día de la Anunciación, nueve meses antes de la Navidad. Esta fecha rigió desde el Siglo XIII hasta el primero de enero de 1752, que adoptaron los primeros de enero como día de año nuevo.

Los chinos tienen las más largas celebraciones del año nuevo, las más importantes, y también las más bulliciosas para el pueblo chino. Duran quince días y terminan con la llamada "Fiesta de las linternas". Todas las cosas que se comen o se usan durante estos días están cargadas de doble significado para augurar paz, prosperidad y buena fortuna. El 22 de enero del 2004 será el nuevo año chino 4.702, del Mono.

El año nuevo judío, Rosh Ha-Shanah, se celebra el primer día del mes hebreo de Tishrei (septiembre a octubre). Su celebración empieza al anochecer del día anterior con el sonido del shofar, un cuerno que llama a los judíos a la meditación, el auto-examen, y el arrepentimiento. Es el primero de los días de oración, penitencia y caridad que terminan con el Yom Kippur, o Día del Perdón. También se le conoce como el Día del Juicio y como el Día del Recuerdo, porque según la tradición, ese día Dios juzga a los hombres, abriendo tres libros: uno con los malos (quienes quedan inscritos y sellados para la muerte), uno con los buenos (quienes quedan inscritos y sellados para la vida), y el tercero para quienes serán juzgados en el Yom Kippur. El 16 de septiembre del 2004 será el año nuevo hebreo Rosh Ha-Shanah 5.765

El 22 de febrero del 2004 será el año nuevo islámico 1.425.

En el año 487 la Iglesia declaró día festivo los primeros de enero de cada año para celebrar la fiesta de la Circuncisión del Señor.

La tradición de utilizar un bebé para significar año nuevo empezó en Grecia alrededor del año 600 A.c.. En esa época se trataba de celebrar su dios el vino. Los primeros egipcios también utilizaban un bebé para festejar el renacimiento. Los alemanes trajeron a América el uso de la imagen de un niño con la banda de año nuevo.

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Del vate y escritor nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, mundialmente conocido como Rubén Darío (1867-1916), el poeta de las 134 estrofas diferentes, su poesía -no es la más famosa pero sí para la ocasión- al Año Nuevo. "Mi verso ha nacido siempre con su cuerpo y con su alma, bajo el divino imperio de la música, música de las ideas, música del verbo", escribió Darío;

¡Feliz y próspero Año 2004 para cada uno y familia de nuestros pacientes lectores!

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Año Nuevo
De Rubén Darío


A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Alredor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos de motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
y el Arquero.

Rubén Darío