NEOPOPAYAN
Martes 4 de mayo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

César Tenorio Gnecco, arquitecto payanés, que está haciendo un doctorado en arquitectura en la Universidad de la Ciudad de México y cuya tesis de grado versa sobre Popayán, regresó a esta última ciudad después de varios años de ausencia, con el fin de buscar información para completar inumerables vacíos en su tesis.

César, al enviarnos el texto de su entrevista que le hizo El Liberal, nos escribe diciéndonos:

¡¡¡Ya no es mi Popayán!!! y de todos los que la vivimos hasta 1983; dejémonos de babosadas, de aquellos verdaderamente payaneses que la siguen viviendo desde aquel luctuoso día, de los que la vivimos en la ausencia, en la lejanía.

Durante 16 años deseé volver a vivir en Semana Santa a Popayán, un sueño tantos años anhelado que se volvió en tristeza, asombro y desconcierto.

¿Dondé están los payaneses para impedir la destrucción de Popayán?. Es increíble que pasen 21 años del terremoto y todavía se sigan haciendo atrocidades en un Centro Histórico que desde la Ley 163 de 1959 fue decretado "¡¡¡MONUMENTO NACIONAL!!!".

Los siguientes párrafos contienen la entrevista que le hizo El Liberal y que muy gentilmente nos envió César desde México. Nuestros agradecimientos a César por dejarnos conocer sus comentarios.

Cordial saludo,

***
Arquitectura fachadista en el Centro Histórico
“Qué pasa, Popayán merece respeto”
Entrevista con el aquitecto César Tenorio Gnecco


Un “neopopayán”. Una ciudad a la que le arrancaron la historia con una serie de modificaciones en su arquitectura, eso fue lo que encontró a su regreso de México, tras una ausencia de cuatro años, César Tenorio Gnecco, un payanés, arquitecto con una maestría en Restauración de Monumentos de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El profesional, de 44 años de edad, y quien prepara ahora su tesis del doctorado en Arquitectura de la Unam, con referencia a la arquitectura de la Ciudad Blanca, llegó para documentarse sobre el estado actual del mobiliario urbano de Popayán.

Tristeza, asombro y desconcierto son algunas de sus percepciones. Todavía se pregunta qué pasó “con la casona del señor Sánchez, del vecino Vivas”, esas cuyos patios dejaban entrever la riqueza de la flora característica de la localidad, en sus jardines interiores.

Qué pasó con la teja negra de los techos de Popayán, que vistos desde el Templo de Belén o, para no ir más lejos, desde lo alto del barrio Lomas de Cartagena, obnubilaban con el reflejo de lo que otrora fue la época de la colonia.

Qué pasó con la Plazoleta de San Francisco, cuyo aspecto actual, de arquitectura moderna, no tiene nada que ver con el entorno del Centro Histórico, ese que fue declarado Monumento Nacional, y por tanto “no se puede tocar”.

Qué pasó, con los payaneses, que se quedaron estupefactos, inmóviles, cuando llegaron “arquitectos de otras partes” y poco a poco, bajo la consigna de que luego del terremoto las edificaciones se iban a venir al suelo, no restauraron, sino que reconstruyeron y “falsearon los monumentos”.

Qué pasó con los payaneses que no detuvieron a tiempo a quienes con su “trabajo hicieron más estragos a la ciudad que el terremoto mismo del 83”.

“¿Qué pasó con Popayán, con mi plazoleta de San Francisco, qué pasó con lo que yo viví allí, que pasó con mi historia, con mi espacio?. Cuál fue el motivo para cambiar por completo el espacio de cada uno de los payaneses. Es que no es el espacio de enfrente de la Escuela Taller, es el espacio de cada uno de quienes habitamos esta ciudad?”. no cesa de preguntarse Tenorio Gnecco, todavía indignado por la ostensible violación a la Ley 163 de 1959, que prohíbe modificar la arquitectura del Sector Histórico de Popayán.

Manifestó que no entiende como la Escuela Taller, en una publicación que cofinanció “pregone que además de la ‘..formación en los oficios de la restauración, promueve y fomenta la conservación y la recuperación de los bienes arquitectónicos...’, cuando lo que hizo fue reconstruir y falsear”.

Él señala, que no está en contra de la modernidad, pero sí de incorporar un mobiliario urbano que no es consecuente con la arquitectura de la ciudad, con su historia.

Para él, el centro de Popayán, es en gran medida, sólo una fachada. Situación que a las luces de la restauración de monumentos, no tiene sentido.

El espíritu de la restauración, apunta el Arquitecto y Restaurador de Monumentos, es conservar en su integridad la edificación, hacerle adecuaciones con los materiales que le son propios, de tal forma en que se le permita continuar prestando, a lo largo del tiempo, el servicio para el cual fue concebida.

Restauración no es demoler, no es falsear, no es reconstruir, señala Tenorio Gnecco, agregando que eso es lo que se ha venido haciendo en Popayán.

Agrega, que la concepción no puede ser la de crear un espacio fachadista, aunque considera que es preferible aquello, a seguir demoliendo y aplicando un mobiliario urbano moderno, que ha redundado en la construcción de un neopopayán y por tanto, “en el irrespeto con la ciudad. Qué pasa, me voy triste, Popayán merece respeto”.