EL ARTE DE EDGAR NEGRET
Miércoles 29 de marzo, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Eduardo Márceles Daconte, escritor, curador y crítico de arte, en su articulo Edgar Negret: Fusión de magia y tecnología, que publica Cronopios (29 de marzo, 2006) se refiere a la fusión de magia y tecnología del arte de Negret. De los comentarios de Márceles hemos tomado sus tres últimos párrafos para transcribirlos hoy.

Cordialmente,

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Edgar Negret: Fusión de magia y tecnología
Por Eduardo Márceles Daconte
Escritor, curador y crítico de arte
eduardomarceles@yahoo.com


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Durante su estancia en Nueva York, a donde regresó en 1955, empezó a trabajar los Aparatos mágicos en aluminio policromado, que son el inicio de su interés por fusionar el concepto de las máquinas o instrumentos tecnológicos con la noción totémica de ancestrales ritos mágicos. A partir de ahí los títulos de sus diversas series son elocuentes de esta eclosión temática: Máscaras, Fetiches, Vigilante celeste, Vigilante espacial, Torre acústica, Reloj solar. Con uno de sus Vigilantes precisamente obtuvo en 1963 el primer premio de escultura en el XV Salón Nacional de Artistas.

Su obra se ha enriquecido con sus travesías por la región arqueológica de San Agustín, en el sur de Colombia, así como su familiaridad con las ceremonias de los indios navajo en Estados Unidos, y el patrimonio heredado de las civilizaciones maya, inca y azteca. De ahí sus versiones sobre el dios Quetzalcóatl, La serpiente emplumada, el Libro de los libros del Chilam Balam, y su homenaje a las pirámides de Teotihuacán. Cuando regresó de su visita a Perú realizó su exquisito Homenaje a Atahualpa, el emperador hijo del sol ejecutado por los torpes conquistadores españoles, así como sus Puentes colgantes y Espejos de agua (recordando los caminos andinos), y las gigantescas flores Sanky que sólo crecen en los precipicios más abruptos de la cordillera.

Desde un punto de vista técnico, en la escultura emplea láminas de aluminio cortadas de acuerdo a sus especificaciones y esmaltadas con colores sólidos (rojo, amarillo, azul), como en Juguetes y Árboles; o el violeta que, según Negret, era el color propio de los sacerdotes y dioses del incario. A este material, agrega discos o cintas torcidas unidas con tornillos y tuercas de apariencia industrial pero de un valor estético que seducen desde la primera mirada. Se vuelven talismanes que alegran la existencia de quienes tienen la fortuna de poseerlos o admirarlos. En este sentido, la escultura de Edgar Negret se erige en Colombia y América Latina como una de las más auténticas representaciones del espíritu creativo de sus artistas, dando así continuidad a la cultura milenaria que sustenta nuestra personalidad histórica.