¡NAMUY MISAK KUSUGUARAN!
Domingo 5 de noviembre, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

José Navia, payanés, subeditor de Reportajes de El Tiempo nos entrega este artículo sobre el poder político de los indígenas en el Cauca. Felicitamos a José por su excelente escrito aparecido en El Tiempo en su edición del 5 de noviembre.

""" ... LOS INDÍGENAS, UN PODER POLÍTICO EN EL CAUCA
El camino de Quintín Lame al ‘taita’ Floro 
El movimiento que llevó al líder guambiano a la gobernación del Cauca comenzó a gestarse durante la toma de la vía Panamericana, a finales del año pasado. 
Por: JOSÉ NAVIA
Subeditor de Reportajes El Tiempo

Por la carretera enfangada que baja de la montaña se cruzan las caras sonrientes de los guambianos, enseñando sus dientes ribeteados de oro. "¡Namuy Misak Kusuguaran!..." (el pueblo guambiano está contento), dicen algunos de ellos para explicar por qué casi una semana después de las elecciones, los indígenas de este resguardo todavía celebran la victoria del ‘taita’ Floro Tunubalá en las elecciones para gobernador del Cauca. Dicen que es el principio de una nueva era, de la legitimación de una etnia golpeada durante siglos en un departamento donde hasta hace tres décadas todavía existían relaciones casi feudales de explotación de la tierra.

La llegada de Floro Tunubalá a la silla de gobernador del Cauca, con 16.159 votos sobre el candidato de liberales y conservadores, César Córdoba, es la fase más reciente de un proceso que comenzó hace 90 años con Manuel Quintín Lame, un indígena paez que alborotó a los de su raza contra el pago de terraje y pasó la mitad de su vida en las cárceles del Cauca y Tolima, acusado de ‘sedicioso’. "El terraje -explica Floro Tunubalá- consistía en quue un hacendado le arrendaba un pedazo de tierra al indígena para sus cultivos de subsistencia y este, a cambio, debía trabajar tres o cuatro días a la semana para el dueño de la hacienda". "Eran jornadas de seis a seis", explica Tunubalá, quien trata de espantar el sueño después de una agotadora jornada que remató en la vereda Las Delicias, donde brindó con chicha durante el día de la ofrenda, un ritual guambiano en el que se sirven viandas para calmar la sed y el hambre de las ánimas benditas.

Cuando Floro vino al mundo, en 1955, el terraje estaba en plena vigencia. Durante sus años de primaria en la escuela de Las Delicias, el pequeño Floro acompañaba a su padre a las primeras reuniones de los terrajeros que, de nuevo, se rebelaron contra este tributo. Los líderes paeces y guambianos cruzaban entonces las montañas a pie de un resguardo a otro, como lo había hecho antes Quintín Lame, despertando la inconformidad contra el terraje y preparando a los indígenas para la ‘recuperación’ de las tierras, que según ellos, les habían sido arrebatadas a la fuerza o mediante engaños. Los paeces, hijos del cacique Juan Tama de la Estrella y los guambianos, descendientes de ‘Mamá Dominga’, una cacica cuyo recuerdo navega entre la mitología y la realidad, se unieron para conformar una cooperativa y desde ahí buscar la obtención de sus tierras. Ricardo Tunubalá, el padre de Floro, decidió por esa época que su hijo debía ser maestro de escuela y lo mandó a estudiar a Popayán. Pero Floro se retiró de la Normal de Varones e ingresó al Liceo Alejandro de Humbolt, en pleno auge del movimiento estudiantil, cuando la ‘Ciudad blanca’ se conmocionaba con marchas, pedreas, toques de queda, discursos incendiarios y la muerte de dos estudiantes durante choques con el ejército y la policía.

Mientras, guambianos y paeces fundaban el Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, en las montañas del municipio de Toribío, en el nororiente del Cauca. Su objetivo: "No pago de terraje y recuperación de los resguardo". Así los indígenas comenzaron a cruzar las alambradas de las haciendas con sus hijos amarrados a la espalda, armados de picas y palas para labrar la tierra, construir ranchos y alistarse para enfrentar los desalojos. Floro Tunubalá andaba por los 17 años y cuando podía recorría en colectivos los 50 kilómetros que separan a Popayán de Silvia para acompañar las tomas. De Popayán, ya untado con las lecturas de los movimientos sociales, Floro fue a desempacar maletas a México, donde estudió ciencias agrícolas en el colegio de posgrados de Chapingo. Allí recorrió varios estados dialogando con organizaciones de los descendientes de los toltecas, nahuatl y otras tribus. Al regresar se vistió de nuevo de ruana, sombrero y reboso y se calzó las botas para sumarse a los ‘invasores’ de tierras.

A las tres de la mañana se descolgaron dos mil indígenas desde la parte alta de Guambía y cruzaron las cercas de la hacienda Las Mercedes, arriaron los toros de lidia de Ernesto González Caicedo y picaron los potreros. Tunubalá iba con ellos. Después de diez años los guambianos se quedaron con la tierra y ampliaron de 14.000 a 16.000 las hectáreas del resguardo de Guambía, donde viven 17.000 personas. Para esta época, los guambianos ya se habían separado del Cric y habían creado el movimiento de Autoridades Indígenas del Suroccidente, que luego llegó a la Constituyente con Lorenzo Muelas. Entonces se produjo el asesinato del sacerdote paez, Alvaro Ulcué Chocué, quien apoyaba a los indígenas que habían invadido la hacienda López Adentro, donde murieron dos paeces en un choque con la policía. Era el 10 de noviembre de 1984. Según las cifras del Cric, cerca de 400 indígenas han muerto desde la fundación de esa organización, en ataques que le atribuyen a la Policía, los terratenientes, la guerrilla, las bandas de ‘pájaros’ y, últimamente, el narcotráfico.

Casi por la misma época, comenzó a gestarse en el sur del Cauca el Comité de Integración del Macizo Colombiano, Cima, que después de casi 15 años, en noviembre del año pasado, protagonizó la toma de la carretera Panamericana en el sur y centro del Cauca, con el apoyo de organizaciones indígenas y sindicales de Popayán. Para Angel Solano, dirigente del Cima, aquí comenzó a gestarse el movimiento que luego tomó el nombre de Bloque Social Alternativo, y que en agosto pasado escogió a Floro Tunubalá para que liderara su aspiración de llegar a la gobernación del Cauca. Se decidieron por Tunubalá por su pasado político (asesor en la constituyente, senador y estudioso de la constitución), por su transparencia y por lo que un guambiano significa como símbolo de los casi 200 mil indígenas que existen en el Cauca.

Los 148.183 votos que recibió Tunubalá (61.309 más que los del actual gobernador, César Negret), dicen que la elección fue acertada. Además, fortalecen el poder político que han logrado los indígenas del Cauca, que tienen, además, un senador, tres alcaldes, cuatro diputados y unos 90 concejales. Ante esa fuerza, mientras los indígenas todavía celebran el triunfo, los dirigentes tradicionales buscan culpables, algunos ex candidatos hacen cola para hablar con el jefe indígena y, en opinión del politólogo Juan Diego Castrillón, otros apenas están tratando de entender que el Cauca y, sobre todo Popayán, también está conformado por negros, mestizos e indios con igualdad de derechos. Quizá por eso, ahora los guambianos andan sonrientes por las montañas ...""".

Cordial saludo,