RODRIGO MUÑOZ BARRAGÁN, SU LIBRO: LA RIQUEZA DE LA RAZA
Lunes 28 de abril, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Rodrigo Muñoz Barragán está escribiendo el libro, "La riqueza de la raza" para ayudar a las mujeres hispanas que tienen problemas sicológicos o siquiátricos, por diferentes tipos de traumas. Con su característica gentileza nos ha facilitado el Capítulo Décimo del mismo para conocimiento anticipado de los payaneses. La obra se publicará en septiembre próximo.

Rodrigo desea con ésta publicación honrar a su madre, Livia Barragán de Muñoz, quien en vida realizó muchísimas obras sociales. Nuestros agradecimientos para Rodrigo por este adelanto y le deseamos muchos éxitos. Así mismo para Margot Valencia de Prada quien solicitó la autorización para la publicación de este Capítulo en la Red de payaneses

Cordial saludo,

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LA RIQUEZA DE LA RAZA
La VIRREINA.
Décimo Capítulo
Por Rodrigo Muñoz Barragán

Tenía muchos títulos, era directora, doctora, profesora, tutora, consejera, ama de casa, líder popular, defensora de los estudiantes, y más. Sin embargo, cuando la conocimos parecía que solamente tenia dos títulos: una minoría, generalmente los que la conocían muy poco, la llamaba la Señora Virrey. Todos los demás, lo que quiere decir casi todos, le decían La Virreina. Nadie usaba este título en su presencia, aunque ella sabía que así se la llamaba. Nadie se había atrevido a discutir el título con ella.

Cuando la conocimos, ya hacía muchos años que se había retirado como Directora del Departamento de Trabajo Social en la universidad. Era difícil saber que se había retirado. Había logrado mantener en el bello campo universitario una oficina grande, llena de papeles, de gente y de actividad. Parecía que pertenecía a cada comité de la universidad y de la comunidad que tuviera que ver con los latinos.

En cada reunión era escuchada y respetada. Ella era la que sabía la historia detallada de todo lo que había pasado en San Diego, al parecer desde cuando se fundó como San Miguel en 1542. Cuando se hablaba de servicios sociales, ella era la que sabía quien había hecho algo, bueno o malo, y cuales eran las consecuencias presentes. Con frecuencia comenzaba a hablar diciendo: "Yo sé que todos ustedes saben esto…." Y procedía a decir algo que nadie había oído antes.

Se decía que ella había fundado el Departamento de Trabajo Social, que ella personalmente había escoltado y protegido a las primeras latinas que se graduaron, y que ella personalmente había conseguido empleos para todas. Su uso del lenguaje era muy especial: aunque había vivido toda su vida en Estados Unidos, su inglés era salpicado con español, de manera que podia terminar un párrafo en inglés diciendo en español "y eso es todo." También comenzaba sus palabras en inglés con frases en español como "dejame explicarte," o "tienes que pensar que.." Si una persona con nombre español insistía en hablarle en inglés, ella siempre contestaba en español, diciendo "m'ijita, si se te olvidó tu idioma, vas a tener que recordarlo para hablar conmigo".

Esto podia suceder con latinas que nunca habían hablado español. Cuando alguien lo comentaba, ella decía: "como luce la chamaca, mejor aprende español, si no, nadie le va a hacer caso."

La Virreina era claramente un producto del mestizaje latino. Sus facciones y sus ojos grises hablaban de su herencia europea. Su tez morena atestiguaba sobre sus raíces americanas. Ella siempre se encargaba de aumentar su apariencia latina con su uso de vestidos y con el arreglo de su cabello, a veces en trenzas. Quizá este entusiasmo por todo lo latino era una explicación parcial de su desazón con su título de Virreina, y las connotaciones de que ella era una importacion de España.

El apellido Virrey era el de su esposo. Ellos habian sido compañeros en la escuela secundaria, y se habian casado cuando ambos tenian 18 años. Poco después él se unió a la Marina de Guerra, esperando usar su servicio militar para avanzar en sus estudios y adquirir una profesión. El había muerto en la guerra en Corea, y ella habia decidido seguir usando su apellido, ir a la universidad, y adquirir todos los títulos posibles, lo que habia mas que hecho.

Dos experiencias modelaron su vida futura: la muerte inesperada de su esposo después de un matrimonio muy corto, y su vida en la universidad. La sensación de pérdida absoluta e irreparable cuando enviudó, poco a poco se convirtió en un deseo de hacer sola lo que su esposo y ella se habían propuesto. Con la ayuda de becas y de su familia, ella logró entrar a una de las mejores universidades del pais. Habiendo dejado el Sur de California para vivir en Nueva Inglaterra, inmediatamente se encontró sola, con poco en común con sus compañeras, y siempre añorando a su familia, a sus amistades y a su ambiente en California. La sensación de estar en una cultura y en un mundo diferentes la impulsaron a estudiar las artes liberales, finalmente dedicándose a la sociología. Durante este tiempo empezó a viajar a América Latina cada vez que podía. Esto lo continuó por el resto de su vida.

Una vez que obtuvo su grado en sociología, regresó a California, y obtuvo una maestría en Trabajo Social en Los Angeles. Poco después, en compañía de otras colegas interesadas, su unió a la facultad del nuevo Departamento de Trabajo Social en San Diego. Al mismo tiempo fue aceptada como candidata para un doctorado en Trabajo Social, el que obtuvo viajando constantemente entre San Diego y Los Angeles. Después de un período muy corto, se encontró como Directora de Trabajo Social en la universidad. Tuvo esta posición por más de treinta años.

IDENTIDAD, CULTURA, TRADICIONES Y VALOR PERSONAL

Temprano en su carrera la Dra. Virrey escuchó a la Dra. Raquel Cortez, la famosa psiquíatra peruana que ya entonces iba en camino de convertirse en una autoridad mundial sobre desastres. La Dra. Cortez invitó a la Dra. Virrey a sus investigaciones sobre reacciones a desastres en América Latina. La Dra. Cortez afirmaba que "los latinos vivimos continuamente en frente de desastres, los que no son sorpresa. Lo sorprendente sería que pasaran tres meses sin que hubiera un desastre en alguna parte en América Latina." Cada vez que podía, la Dra. Virrey se unía a los grupos que iban a ayudar a las víctimas de erupciones de volcanes, terremotos, inundaciones, huracanes, y tantos otros desastres. Aqui la Dra. Virrey aprendió más sobre la naturaleza humana, sobre el heroismo que muchos muestran en tiempos de infortunio, y sobre la entereza de los que lo pierden todo después de haber tenido muy poco.

Tratando de entender las fuerzas que ayudaban a las víctimas del infortunio, y usando el conocimiento obtenido en viajes anteriores, La Dra. Virrey llegó a pensar que en América Latina las cosas ocurren en ciclos. Que hay ciudades que periódicamente quedan destruidas por un terremoto e inmediatamente son reconstruidas. Que varias veces una situación trágica ha diezmado una población, cuyo único objetivo inmediato es crecer de nuevo. Que gentes que han sufrido mucho esperan el próximo desastre con el deseo de sobrevivirlo. Que el apego de los latinos a sus ancestros y héroes en parte se debe al deseo de usar sus virtudes para vencer los obstáculos del futuro.

Gradualmente la Dra. Virrey se formó un concepto de los latinos como una gente favorecida porque desciende de muchas raíces valiosas. De los árabes que invadieron la peninsula ibérica por siete siglos, y de los españoles que la reconquistaron. De los americanos que hacían objetos de oro cuando todavía no existía Roma, y de los científicos de América Central que crearon astronomía, agricultura, medicina y literatura cuando la civilización aún no llegaba a Europa. La Dra. Virrey llegó a pensar que la única manera de entender a los latinos era estudiar y catalogar nuestros orígenes, nuestra cultura y nuestra tradiciones. Haciendo esto, ella podria enseñar una mejor clase de Trabajo Social.

La Dra. Virrey buscó todos los contactos que podía en la comunidad, porque pensaba que esta era la única manera de entender lo que pasaba y las reacciones que podrían ayudar. Con frecuencia ella veía en San Diego reflejos de la manera de ser de las gentes que habia conocido en América Latina: el amor a la tierra de los gauchos argentinos y los rancheros mexicanos, la reverencia por los árboles, las flores, las raíces y todo lo que tenga vida en la naturaleza que se observa claramente en los indígenas peruanos y los brasileños del Amazonas; el amor al ritmo de todas las gentes del Caribe, y el amor a la familia, que parece ser la característica universal de los latinos. Todo esto se podia utilizar en sus enseñanzas sobre el servicio a la comunidad.

La identidad de cada persona se basa, decía la Dra. Virrey, en los pensamientos y en las emociones que son favorecidos por la comunidad. Si esta es relativamente homogénea, la comunidad tiene una cultura que se puede reconocer y usar para el bien de los miembros. La cultura crea tradiciones. El valor personal, dentro de la comunidad, se basa en seguir estas tradiciones, que se supone favorecen una mejor adaptación.

Lo opuesto, cuando la identidad de cada persona se origina en influencias que van en direcciones opuestas, cuando la comunidad deja de existir, cuando no hay una cultura cierta, es dificil encontrar bases para aumentar el sentido de valor personal. La Dra. Virrey sostenía que si se aumentaba el sentido de comunidad, y se afianzaban más los valores y las tradiciones de la cultura latina, cada quien tendría una oportunidad de aumentar su amor propio. Esta manera de pensar llevaba a la Dra. Virrey a proponer que se hicieran todos los esfuerzos posibles para que la cultura latina floreciera en todos los lugares donde hubiera una concentración creciente de latinos.

HUMANISMO, ESPIRITUALIDAD Y CIENCIA

Sus estudios de las artes en la universidad le dieron a la Dra. Virrey una curiosidad creciente sobre pintura, escultura, música, historia y evolución social. Continuó estudiando estos temas por el resto de su vida. Sus estudios de trabajo social le dieron las maneras de enfocarse a las necesidades de la comunidad. rogresivamente ella se dio cuenta de que había poca diferencia entre las expresiones de una comunidad y sus necesidades físicas y emocionales. Sus viajes a través de América Latina le confirmaron que cada comunidad era un poco diferente en estos aspectos.

Sus viajes a las reservaciones indígenas de Colombia y a los ejidos de México la convencieron que quienes vivian allí habían adquirido su propia adaptación, y aceptarían el cambio solamente cuando no hubiera alternativas que parecieran mejores. Como prueba, ella mostraba fotografías de un cultivo de truchas en las montañas de Colombia, el que pertenecía a una tribu indígena. También tenía fotos de antenas parabólicas saliendo de las casas humildes de labradores en las regiones más apartadas del Estado de Chihuahua en México, y cultivos de camarones en los desiertos de Baja California.

Tambien tenia muestras de las armas de cacería usadas en las selvas del Amazonas desde tiempos inmemoriales. Ella había llegado a pensar que lo que pasaba por el avance de la civilización europea no era más que la imposición de ideas extranjeras en la vida de gentes que habían vivido con otros conceptos y otras percepciones por muchos años. La Dra. Virrey proponía que cualquier cambio que se hiciera, debia ser voluntario y debia mostrar beneficios inmediatos.

Un ejemplo de los cambios que la Dra. Virrey proponía era los que ella y otras habían instaurado lentamente en la dieta latina del Sur de California. Con la ayuda de muchas cocineras conocedoras, habian creado tamales, enchiladas y tacos con pocas calorias pero con un sabor similar al de las comidas que habian producido trastornos metabólicos en el pasado. Deca ella: "si usted no produce la comida que luce como antes y tiene el sabor de antes, usted está perdiendo el tiempo." Esto, opinaba ella, es humanismo.

Como había dedicado su vida a seres humanos con necesidades inmediatas, la Dra. Virrey no tuvo tiempo de pensar sobre temas de espiritualidad hasta mucho después en su vida. Ella proponía que una vida espiritual rica era la de la persona que tenía un visión global y práctica de otros seres humanos, que tomaba acción porque se necesitaba, que valoraba sus esfuerzos de acuerdo con los resultados, y que no se preocupaba por consideraciones personales sino por consideraciones que abarcaban a la comunidad. Cada vez que alguien le preguntaba sobre la relación entre esto y la religión, ella contestaba que sus ideas se aplicaban al grupo y la religión era algo individual.

La Dra. Virrey creía que la ciencia produciría soluciones para los problemas de supervivencia, mantenimiento de la salud, y progreso personal. También ella creia que el avance de la ciencia no tenia relación directa con el avance de cada individuo. Pensaba que el conocimiento práctico y útil avanzaba en círculos concéntricos, y a veces no pasaba del primer círculo, el más cerrado, el que solamente favorecía a los más cercanos a quienes hacían el descubrimiento. Ella pensaba que la mayoría de los latinos vivían y morían muy lejos del conocimiento que necesitan para mejorar sus vidas.

Dos problemas que la Sra. Virrey examinaba con frecuencia eran el pesimismo y el fatalismo que emergen cuando las latinas deben hacer decisions sobre su cuidado médico. El pesimismo afecta sus actitudes sobre las enfermedades que más afectan a la población latina, incluyendo la diabetes. Si tres o cuatro personas en la familia han sufrido las complicaciones de la diabetes, parece lógico pensar que todos los miembros tarde o temprano morirán de lo mismo, y el tratamiento solo retarda lo inevitable. La Sra. Virrey generalmente abordaba el problema recordándoles que hace poco tiempo muchas morian de infecciones adquiridas durante el parto, perdían sus hijos debido a enfermedades infecciosas, y veían a otros morir debido a la tuberculosis y a las enfermedades cardíacas congénitas. Ya esto es más que todo una memoria. ¿Por qué no usar este conocimiento para tomar medidas que permitan vencer otras enfermedades?

El fatalismo parece iniciarse con un concepto moral de la enfermedad: "Si estoy enferma, es un castigo divino. Mi sufrimiento no solamente pagará por mis faltas, sino que también puede lograr que sea perdonada." Esta clase de ideas no deja ningún lugar para que la persona tome la enfermedad como un fenómeno natural, use la major ciencia posible, y se libre de ella. La Dra. Virrey les recordaba a sus alumnas que debían estar preparadas a combatir esta forma de pensar, indicándoles que la enfermedad ocurre debido a causas naturales, que no tiene que ver con conceptos religiosos, y que es mucho más lógico hacer todo lo possible para preservar la salud.

EL RIO AMAZONAS

La Dra. Virrey habia viajado muchas veces siguiendo el cauce del rio Amazonas. Ella se lo imaginaba como al caudal de la humanidad. Como el Amazonas y sus muchos tributarios en el norte de Sur America, la humanidad sigue un cauce determinado desde el nacimiento hasta la muerte, nunca con la misma velocidad o en el misma ruta. El Amazonas a veces sigue varios cauces al mismo tiempo, a veces forma lagos, y a veces parece detenerse a llenar un valle. La vida de la humanidad tambien sigue muchos derroteros, se detiene con frecuencia, y a veces avanza rapidamente. El marco de los latinos es vertical, desde Tierra del Fuego hasta Alaska. El del Amazonas es horizontal, casi desde el Oceano Pacifico hasta el Océano Atlántico. La Dra. Virrey soNaba con llevar a todas sus estudiantes a la cuenca del Amazonas a explicarles que, como sucede con el rio, cada decision que se hace en el curso de la vida, lo cambia, lo hace muchas veces mejor, y puede detenerlo para formar un lago hermoso o una arena movediza. Asi como el rio esta sujeto a lluvias torrenciales, desbordamientos y momentos de calma en que parece que nada se mueve, la vida humana va por ciclos, algunos enriquecedores y otros marcados por incertidumbre. La Dra. Virrey creia que asi habia sido su propia vida.

APARECE LA VIRREINA

Personas interesadas en el devenir de la Dra. Virrey decían que nadie la habría llamado "Virreina" al comienzo de su larga carrera en la universidad. Siendo joven, aún sin un doctorado y en un departamento recién inaugurado, ella trabajaba constantemente, estudiaba todo lo que podía y trataba de crear una identidad para si misma. Paulatinamente pasó de tratar de imitar a sus antiguas profesoras, a tratar de definirse a sí misma. Le sirvieron mucho sus lecturas sobre mujeres que habían sobresalido porque habían tratado de usar lo que creían que era lo más importante en sus posiciones e ideas personales. A medida que el tiempo pasaba y sus credenciales aumentaban, la Dra. Virrey decidió que las suyas eran varias identidades compatibles: la directora, profesora y tutora que impartía conocimientos sobre servicios comunitarios desde el punto de vista de las necesidades de la población latina. Cuando alguien le preguntaba sobre otras poblaciones, ella contestaba "Si nos encargamos del eslabón mas débil de la cadena, habremos arreglado la cadena."

Hemos oído que la palabra "Virreina" empezó a usarse cuando la Dra. Virrey, ya como Directora del Departamento, viajaba a otros departamentos a ayudarles, a conseguir miembros de la facultad, a dar conferencias, o a participar en comités en que se definía el futuro de programas de trabajo social. Parecía que era tanto la embajadora de su departamento a otros en ciudades lejanas, como la persona que traía de allá ideas estimulantes de cambio y de progreso. .

El nombre "Dra. Virrey" finalmente pareció desaparecer en los últimos lustros de su labor como Directora. Aunque aparecía en todas las comunicaciones escritas, nadie lo usaba en conversaciones habituales o en referencias a la Directora. La regla inmutable era que no se usaba en frente de ella.

La primera vez que vimos a la Virreina, ella indicó que probablemente no trabajaríamos mucho juntos porque ella ya se había retirado. Alguien nos advirtió que esto quería decir que ella estaba grandemente interesada y participaría en el proyecto. La advetencia fue correcta: La Virreina continúa siendo una persona de gran influencia en casi todo lo que tenía que ver con servicios comunitarios.

Creimos que cuando conocimimos a la Virreina, ella ya había dejado por mucho tiempo de preocuparse por los problemas y los obstáculos diarios en su vida. Había llegado a pensar que era tiempo de dedicarse a la influencia que ella tendría en la identidad de quienes un día la reemplazaran en sus labores.

UN EJERCICIO

Escriba en su diario varias ideas sobre su identidad personal:
¿Cuáles son cinco frases que representan lo que yo soy?
¿Estoy satisfecha con mi imagen de mi misma?
¿Cómo puedo cambiar? ¿Para qué?
¿Qué más puedo hacer por otros? ¿Por mi comunidad?
¿Cuáles son las cinco frases que definirían lo que yo realmente quiero?
¿Puedo llegar allá? ¿Cómo?
¿En qué forma me parezco a la Virreina?
¿En qué forma soy diferente?

PASOS HACIA LA SALUD MENTAL OPTIMA

Se ha dicho que todos nacemos con órdenes selladas. Es nuestra responsabilidad, cuando aun estamos aquí, abrirlas, decifrarlas y usarlas. ¿Cuáles son las suyas?