GRAN GENERAL MOSQUERA
Viernes 26 de septiembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Un día como hoy, 26 de septiembre de 1798, nace en Popayán Tomás Cipriano de Mosquera, hijo de José María Mosquera y Figueroa y María Manuela Arboleda Arrechea.

En nuestra nota del 11 de mayo de 2001

< http://mariopbe.com/potter.htm>
 

nos referimos al libro que publicó el inglés, coronel John Potter Hamilton en 1827 y del cual tomamos hoy lo relativo a la visita de Potter (1824) a la finca del joven coronel de 26 años, Tomás Cipriano de Mosquera.

"(...) Partimos de Puracé el sábado a las seis y media de la mañana y, a dos horas de camino, llegamos a la residencia campestre del coronel Tomás C. Mosquera. El coronel era hermano del senador que a la sazón desempeñaba el cargo de gobernador de la provincia de Buenaventura bañada por las aguas del océano Pacífico. Nos recibió con gran cordialidad y sencillez y nos presentó a su esposa y a su hermana, damas ambas de porte elegante y refinado. La quinta se hallaba ubicada a una milla más o menos de Coconuco, en un amplo valle donde el coronel Mosquera, que gustaba de las labores agrícolas, había reducido a cultivo considerable extensión.

Al descender hacia la casa por los senderos de pendientes colinas que semejaban a las de nuestro Sussex South Downs, vimos un rebaño como de mil ovejas montañeras, más bien pequeñas que pacían en dehesas de menudo pasto. Con la lana de estas ovejas fabrican los indios toscos paños, ruanas y franelas; luego tuvimos ocasión de apreciar en la mesa del coronel, la excelencia de la carne, que tiene gusto muy parecido a la de venado. Nos refirió el coronel Mosquera cómo aquella finca, que tenía siete leguas españolas de contorno, incluída la parte de la montaña, había sido adjudicada por el conquistador Jiménez de Quesada a un marqués español. Mas tarde, las tierras fueron adquiridas del gobierno metropolitano por su abuelo materno, al ser expulsados de las colonias los jesuítas, y calculaba que valía apenas unos 20.000 pesos incluyendo esclavos, edificios, enseres y herramientas, las mil ovejas, etc. Me sorprendió tal avalúo tan barato, pues era una finca que podría ser residencia campestre envidiable en cualquier parte del mundo.

El coronel Mosquera llevaba el rostro vendado por consecuencia de la grave herida que le causara un disparo de mosquete cuya carga, entrándole por la boca, le saltó dos dientes y le atravesó la mejilla cuando arengaba a sus hombres a atacar la guerrilla del famoso coronel indígena Agualongo. En la ocasión que se menciona, el guerrillero había lanzado un corajudo ataque contra Barbacoas en la provincia de Buenaventura, en la esperanza de apoderarse del oro allí almacenado, proveniente de las minas circunvecinas".

"(...)Cerca de tres semanas transcurrieron antes de que pudiera llegar de Popayán el cirujano inglés Mr. Welsh, a examinar la herida de Mosquera, la que encontró en estado desastroso, si bien un sacerdote habia podido aplicarle fomentos y extraerle algunas partículas de hueso. A pesar de todo, la recia constitución del coronel aceleró su curación y si ya podía hablar le era empero difícil.

"(...) El coronel Mosquera nos presentó en su casa uno de los descendientes directos del que fuera cacique de Coconuco antes de la Conquista. Su edad frisaba en los cuarenta años, era fuerte y de gallarda apostura, tenía nariz aquilina y grandes ojos negros. El coronel hizo cálido encomio de esta familia de principesca estirpe que continuaba residiendo en la misma estancia desde la Conquista y era muy respetada por los indios de Coconuco. Los gobernantes españoles les concedieron el título de Don y los eximieron de pagar capitaciones. Se nos sirvió comida en vajilla de fina porcelana, sentándose el coronel y su esposa en los extremos opuestos de la mesa, a estilo inglés que fue puesto de moda en Popayán por su hermano el senador. Lamentó nuestro huésped que nuestra visita hubiera coincidido con la estación lluviosa, pues tenía una buena jauría de sabuesos y hubiera podido proporcionarnos una buena partida de caza. Vimos en la casa del coronel varios ejemplares de llamas empleadas por los indios del Perú para el transporte de carga pequeña y que bien pudieran llamarse el camello o dromedario del país. Eran muy mansas, de hermoso aspecto y andaban pausadamente.

"(...)Puesto que no veíamos probabilidades de que amainara el mal tiempo, decidimos despedirnos del coronel manifestándole nuestro duradero agradecimiento. Montamos, pues, nuestras mulas y emprendimos camino de regreso a Popayán, acompañados durante un trayecto de dos leguas por el coronel y su hermano". (...).

Cordial saludo,

Nota: Artículos relacionados con el Gran General pueden leerse en nuestros archivos con fechas: 1999; 13 de agosto, 7 de octubre y 15 de octubre 2000; 7 de octubre de 2001; 21 de abril y 26 de septiembre de 2002..