MARIA MERCEDES SIMMONDS DE ARBOLEDA
Martes 19 de diciembre, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses:

Guillermo Alberto González Mosquera ha escrito los siguientes párrafos "in memoriam" de María Mercedes Simmonds de Arboleda:

Por: Guillermo Alberto González Mosquera
El Liberal, 19 de diciembre, 2000

Siempre se comentó en Popayán, que de los muchos descendientes de Don Carlos M. Simmonds y doña Mercedes Pardo, María Mercedes era la más parecida a su abuela, no sólo en los rasgos físicos sino en el temperamento.

Nadie se atrevió a contradecir la afirmación, pues ambas disfrutaron de una admiración general que provenía de la belleza física y de un carácter dulce y apacible que se les reconocía como innato. Y si alguien quisiera reunir en una figura los mejores atributos de las mujeres payanesas, pues allí estaba María Mercedes que los condensaba todos y lograba con la simpatía personal que la distinguía, inspirar a los demás, tal la calidez de su afecto y la amistad que sabía deparar a los que la rodeaban.

En el verano anterior-siempre la época de verano, presente con sus vientos, el color arrebolado del cielo y el volcán al fondo del paisaje desde los corredores de Calibío- se oyó decir que María Mercedes tenía su salud en vilo por una dolencia que la acechaba inmisericorde, amenazándola no únicamente a ella sino a todos los que pensábamos que eso no podía ser posible, si de verdad existía la comprensión por seres que hacen falta en una ciudad, en una familia y en el amplio círculo del afecto que todos quieren pensar como indestructible y desprovisto de sobresaltos y quiebres del destino.

Infortunadamente, nada pudo oponerse a la fatalidad. Y el destino terminó dando la palabra final, cargada de dolor y de tristeza por su temprana partida.

A la memoria llegan los recuerdos de la juventud feliz en la que fue centro de atracción por su belleza y su inigualable simpatía. Existía la paz en campos y ciudades y se podían alternar los días del colegio y la universidad con la sana aventura de un paseo en el verano, la alumbrada en la procesión del Viernes Santo, una película en vespertina y alguna fiesta con la inigualable música de los sesenta. Luego, la rueda de la vida con sus ciclos inacabables: el hogar que se forma alrededor de los sentimientos del amor y la lealtad, la familia que se agranda alrededor de la madre y abuela temprana y la ciudad con los sitios que se frecuentan, algunas veces junto a los amigos y parientes y otros para acudir generosamente a remediar dolores y ayudar a los que necesitan del apoyo y la solidaridad del prójimo. En el último diciembre del siglo, las suyas fueron manos tendidas con devoción hacia los niños desamparados que María Teresa, María Mercedes y sus compañeras de cristianismo actuante, convocaron para que la Navidad fuera una ocasión de dar antes que recibir.

Muchos estamos hoy al lado de Ricardo, de sus hijos y nietos, de sus hermanas y del Mister, apretujado el corazón y con pesadumbre en el espíritu, pensando que en esta Navidad hay alguien más que puede interceder junto a Dios, por esta patria atormentada. ... """

Cordial saludo,