MASCACHOCHAS
Domingo 15 de octubre, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Era 1824, 26 años tenía el futuro Gran General Tomás Cipriano de Mosquera Arboleda, cuando en su lucha contra Agualongo, recibió heridas que dieron lugar a su famoso apodo "Mascachochas". He aquí esa historia.

A fines del año de 1822 regresó el teniente coronel Tomás Cipriano al seno de su hogar, transladándose a Coconuco a disfrutar de un merecido descanso y volvió a Popayán en 1823 para ayudar a su padre, con gran actividad, a reconstruir sus propiedades deteriodadas por la reciente guerra civil. En junio de ese año Tomás Cipriano recibió una comunicación del Libertador reincorporándolo al servicio activo del ejército y designándolo jefe del Estado Mayor de una columna que debía operar en el sur, zona de gran actividad militar.

El coronel español Benito Bobes había tomado a Pasto con un ejército de 1.500 hombres. El General Sucre, enviado por el Libertador, derrotó a Bobes, recuperó a Pasto y dejó encargado de esta ciudad al Coronel Juan José Flórez. Pero el mestizo realista de gran valor y astucia, Coronel Juan Agustín Agualongo, quien nació en Pasto el 28 de agosto de 1780, con 800 hombres, derrotó a Flórez, tomó a Pasto, proclamó a Fernando VII y asumió la comandancia general de las fuerzas españolas.

A principios de 1824 Agualongo fue derrotado por el general Mires que contaba con un ejército de 2.500 hombres, obligando a Agualongo a replegarse en forma de guerrillas en la región de Barbacoas. Entre tanto Mosquera fue nombrado por el gobierno central Gobernador y Comandante de armas de la recientemente creada provincia de Buenaventura, a la que pertenecía Barbacoas. Como tal, le tocó ir a Barbacoas a cobrar un empréstito voluntario de 50.000 pesos y allí le informaron que los guerrilleros de Agualongo lo iban a atacar. Mosquera preparó su operativo y en dos lanchas bien armadas, en una de las cuales iba él mismo, se lanzó río arriba en plan de reconocimiento. Al ser atacados se replegaron al cuartel que estaba en las orillas del río Telembí en su confluencia con el Quaqui. Allí los atacaron por el agua, pero un tiro de una pieza de a cuatro con metralla, despedazó una canoa enemiga matantdo y ahogando 30 hombres que venían en ella. El enemigo se retiró.

El primero de junio, a las seis de la mañana, los guerrilleros intentaron tomar por asalto el cuartel en el que se había fortificado Mosquera y sus hombres. A la una de tarde fue rechazado el enemigo con la pérdida de 30 muertos. Lo que pasó después, el mismo Mosquera cuenta que " ... salí en su persecución con un destacamento, y un soldado Martínez, del batallón Aragón, se pasó, y volviendo la cara, a dos pasos me hizo fuego y me rompió ambas quijadas y pasó la lengua; tuve que regresar al cuartel a curarme ... Yo tenía que escribir en una pizarra las órdenes pues no podía hablar y sin contener la hemorragia. A las dos de larde fue nuevamente atacado el cuartel general e incendiada la población ... Viendo que incendiaban la iglesia matriz, mandé sacar la custodia y el copón con el Sacramenteo, con un oficial. Al llegar al cuartel le hice hacer los honores y escribí en la pizarra: "Dios está con nosotros, somos invencibles". El enemigo fue derrotado a las cinco de la tarde y en la persecución de esa noche y el dos de junio se tomaron 33 oficiales prisioneros y 150 de tropa... Los 33 oficiales los mandé pasar por las armas por incendiarios ... Jamás en mi vida militar he tenido un combate como aquél. Las llamas del incendio con el humo se elevaban a los cielos con una horrible belleza, y los lamentos de la población al estampido de las maderas que se reventaban, y el ataque del enemigo era un cuandro muy particular que tengo grabado en mi mente...".

El médico del ejército Floot y el cirujano inglés Wallis, enviados desde Popayán, atendieron a Mosquera 3 semanas después de haber sido herido, encontrándolo en grave estado de anemia debido a las hemorragias, si bien un sacerdote durante esos días le había aplicado fomentos y extraerle algunas partículas del hueso. Mosquera sobrevivió por su recia constitución. Mosquera, cuando creyó cumplida su misión, entregó el mando al teniente coronel Francisco García y emprendió su regreso a Popayán, en donde permaneció convalenciente durante varios meses.

Entre tanto, se designó al coronel José María Obando en misión para perseguir a Agualongo (antiguo compañero de armas de Obando), quien después de muchas vicisitudes logró ponerlo preso el 24 de junio, junto con 15 guerrilleros más. Lo llevó a Popayán, en donde fue encerrado como fiera en prisión, juzgado severamente y condenado a muerte. Fué fusilado el 13 de julio de 1824, en un lote al norte del puente del Humilladero.

Cordial saludo,