"OLOR A MANI" PASA A LA HISTORIA
Jueves 24 de abril, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Eduardo Nates López se refiere a una de las tradiciones y costumbres más payanesas cual era la singular oferta del maní que precedía las procesiones de Semana Santa y que se tornó historia, puesto que no la volveremos a escuchar más.

Cordial saludo,

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El olor a maní
Por: Eduardo Nates López

El Liberal 21 de abril, 2003

Pues resulta que las autoridades encargadas del espacio público, en su afán de poner orden a los vendedores ambulantes en los desfiles procesionales y las iglesias, terminaron desalojando también, en algunos casos en forma violenta, a los vendedores de maní, de sus ancestrales sitios, especialmente en el recorrido de la procesión, antes de los barrenderos y la Cruzalta.

Es comprensible (y no sólo esto, sino necesario) que se haya tomado la decisión de desalojar a los vendedores de bikinis de las puertas de las iglesias y a los promotores de rifas, vendedores de avioncitos de luces multicolores, paracaídas de plástico, globos y marionetas de en medio de la multitud que, buscando sitio para ver la procesión, precede al ruido de las escobas y de la matraca. Pero que de allí se haya llegado a prohibir la presencia de los vendedores de maní, hay un abismo de distancia en términos de criterio.

Yo creo que muchos, muchísimos Popayanejos "nos dimos" (es decir crecimos) al arrullo de una frase que llevamos grabada en el corazón, que dice: "...maní maní..... maní fresquito y tostadito a la orden.... maní maní" y es absolutamente inadmisible que no podamos volver a oírla por la interpretación exagerada de una medida de orden. ¿Como le vamos a decir, entonces, a la caminada por la ruta de la procesión, que siempre se ha llamado "la vuelta del maní," donde uno tiene la oportunidad de abrazar a sus viejos amigos residentes en otras latitudes del mundo para preguntarles..." ¿Oí, fulanito, cuando llegaste y cuando te vas?" ¿Que oficio les va a quedar a otros personajes imprescindibles de la procesión, como los barrenderos, si ya no estarán en el pavimento los cartuchos de maní, vacíos?

Las tradiciones son invaluables. Son patrimonio de la humanidad, estén o no declaradas oficialmente como tales, pues pertenecen a la gente, a la comunidad, al ser humano y su conglomerado. Y están conformadas por toda clase de componentes de manera integral, pero por supuesto, contando con su autenticidad. Y se defienden como, por ejemplo, defendió España sus corridas de toros, cuando le exigieron eliminarlas como condición para ingresar a la Unión Europea, por ser una fiesta sangrienta y violenta. Allí está España en la Unión Europea y allí están las corridas. ¿Cómo entonces vamos nosotros a eliminarle el maní a las procesiones? ¡Es más fácil quitarle la sangre a los toros!

Francamente no me parece difícil ponerle orden a esta circunstancia. Es simplemente permitir que los vendedores de maní porten un carnet, como se pudo hacer con los fotógrafos. Sin querer ser irónico, es solo cuestión de criterio y autoridad, combinación que parece ir tornándose cada vez más lejana. No creo que nuestro paroxismo nos haya llevado a estar pensando en un "Mani-Bomba" (aunque me estaba olvidando que ya existe el "Mani-Moto")

Para mí, el olor del maní es tanto o más importante que "el olor de la guayaba", como titularan Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza un libro de conversaciones publicado en 1982, pues las procesiones tienen casi quinientos años de tradición, y sin duda alguna, la Semana Santa en Popayán..... huele a maní.