MANUEL CEPEDA VARGAS
Domingo 1 de agosto, 2004
Por: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Ruth Cepeda Vargas en su columna de El Liberal publica el artículo "Recordando a Manuel". Se refiere al payanés Manuel Cepeda Vargas (1932-1994), Senador de la República en el momento de su violento deceso, poeta, escritor, político.

Cordial saludo,

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Recordando a Manuel ...
Por: RUTH CEPEDA VARGAS
El Liberal, 1 de agosto, 2004

Hermano, el reino de las palabras y del arte fue tuyo. Y para mí corazón es hermoso recordarte entre tus papeles, tus libros y tus pinturas, creando voces y colores.

Tu mundo era ese universo, solitario y luminoso, que muy pocos tuvimos la suerte de conocer. Esta tarde he releído estos versos tuyos que traspasan el alma: “De un momento a otro mi madre/ avanzará por el pasillo/ para decirme suavemente:/ Te has quedado dormido.../Hijo, apaga la luz, apaga el radio,/ se hace tarde, querido./ Oiré, de madrugada,/ la inconclusa galaxia de los ebrios,/ grito en grito./ Mi madre volverá:/ apaga la luz,/ duerme, cariño./ Ahora estoy desvelado/ ¿Vivo o muerto?,/ no sé,/pero esperando/ su voz en el pasillo.”

Cuando el terremoto escribiste:

“La casa que yo amé
volaba hacia el poniente,
ángel de oro danzando entre las torres.
Sus portones se abrían,
manos llenas de trigo,

Y el parque de mi infancia
corría al horizonte.
En lo alto del recinto
centelleaba una cúpula
Y al retornar de noche

hacia el hogar paterno
Cualquier dolor del mundo
se volvía sonrisa,
Fiesta abierta en los astros
y en mitad de los cielos.

...El cataclismo vino y estremeció la casa
que, buque celestial, anclada estuvo siglos
y pese a la hecatombe,
resistieron sus bases
y su efigie de hogar fue superior al sismo.

Yo te veo, mujer de leyenda, mi madre,
Oyendo al toro suelto
del terror en tu tímpano
Y esperando que pase el furor desbocado
Para volver a ver y ser el infinito.

No es cierto que el destino
sea un muro cuarteado,
Ni una plaza hecha trizas, ni un dintel vuelto al viento.
Mis ojos hallarán la cúpula en la altura.

Y volverán mis pasos
a desandar el tiempo.
Y tú estarás de nuevo
madrugando en tu casa,
Transparente y pacífica y
abierta al universo.”

Para Yira, tu esposa, que lo fue todo para ti y para tus hijos, escribiste:

“Pon una rosa para mí,/ esta noche allá, en nuestra casa,/roja, lo mismo que mi amor, flor que vuele como volaba/. Quiero entrar y ver que los pétalos/ arden desnudos sobre el agua/ y una gota tiembla en sus bordes/ cual si rieras/ si lloraras./ Voy a desaparecer/ algún día, tal vez mañana/ porque yo soy aquel que estuvo,/ aquel que no está donde estaba./ Pero esta noche he de soñar/ que soy libre y voy a mi casa/ y allí has dejado para mí/ una rosa, que me acompaña.”