MANUEL MALLO
Viernes 2 de junio, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

La historia de hoy tiene un escenario de riqueza, poder, abolengo, liviandad, aristocracia, que bien puede ser tomada como argumento para una película exuberante.

Veámos sus protagonistas: Un payanés, Manuel Mallo; la reina de España, María Luisa de Parma; Luis Godoy, Príncipe de la Paz y por muchos años árbitro de los destinos de España; Carlos IV, rey de España y esposo de María Luisa; Simón Bolívar, Libertador; Fernando VII rey de España.

Manuel Mallo, nació en Popayán a mediados del siglo XVIII. Su padre, Francisco Antonio Mallo recibió en 1767 el nombramiento de Contador de las Cajas Reales y trasladose a Caracas con su familia a finales de aquel siglo. Allí , Manuel dedicose con éxito al comercio y recibió el apodo de "el caraqueño".

Numerosos miembros de la realeza y Luis Godoy habían sido privados de María Luisa. A este le sucedió Manuel Godoy, hermano de Luis. Desilusionada la reina con Manuel Godoy, se consoló con un apuesto oficial de la Guardia, el payanés Manuel Mallo.

A los 16 años Simón Bolívar se embarca para España y se aloja en Madrid en la casa de su tío Esteban Palacios, íntimo amigo de Manuel Mallo. La reina María Luisa distinguía mucho a Bolívar, como amigo y favorecido de Mallo. La casualidad le proporcionó hallarse una noche en cierta casa, a la que la reina había ido disfrazada y la acompañó en su regreso a palacio, circunstancia que influyó mucho en el aprecio hacia el futuro Libertador.

También por esa época el Príncipe Fernando de Asturias (después Fernando VII) invitó a Bolívar a jugar raqueta. Durante el juego, con la raqueta le dió, en la cabeza, sin querer, molestándose en mucho el Príncipe. "Presagio, decía más tarde Bolívar, de que yo debía arrancar la más preciada joya de su corona".

Bolívar acompañaba a Mallo a la corte y a los sitios reales en la cercanía de Madrid. O'Leary narra que "alguna de esas ocasiones fue testigo involuntario de la depravación de María Luisa. Ella hacía con liberalidad los gastos de su favorito, cuya mesa era servida de las cocinas reales; si algún plato agradaba a la reina, lo mandaba de su propia mesa a la de Mallo y con frecuencia entraban en los aposentos de éste cuando Bolívar se encontraba en ellos".

Bolívar se hallaba una tarde paseando a caballo por la puerta de Toledo cuando fue detenido y registrado por una orden del Ministro de Hacienda, alegando como pretexto, que era prohibido usar una gran cantidad de diamantes sin permiso. Pero el verdadero motivo era que la reina , acosada por los celos y conociendo la intimidad de Bolívar con Mallo, creyó poder hallar entre papeles de Bolívar los indicios de alguna intriga amorosa de su favorito.

No pudiendo remediar lo que pasaba entre la reina y Mallo, Godoy aparentaba tratar a este con cierto desprecio irónico. Manuel, díjole un día a Godoy el rey, ¿Quién es ese Mallo? Todos los días lo veo con carruajes y caballos nuevos ; ¿De dónde saca tánto dinero? Señor repuso, Mallo, no posee nada en el mundo, pero le mantiene una mujer vieja y fea, que roba al marido para pagar al amante. Soltó el rey la carcajada y dijo a la reina, que estaba presente: ¿Que dices a esto Luisa? La reina respondió: ¿Qué quieres que diga, no sabes que Manuel está siempre en broma?.

Mallo no pretendió inmiscuirse en la política. Un diplomático francés escribía: "Mallo no puede llegar a ser nada. Su nulidad conviene mucho a la reina, que tiene verdadera ansia de gozar de la autoridad que ha recobrado y al Príncipe de la Paz que, hastiado hace mucho tiempo de las funciones personales de amante oficial, ha podido consentir en tener un sustituto, pero no un rival. Mallo es mayordomo de semana, cargo que equivale al de nuestros gentiles hombres, que sirven cada cuarto de mes; se le paga en dinero que despilfarra en joyas, caballos y coches. Por lo demás, siempre rodeado de espías y sin libertad para reunirse con nadie, especialmente con mujeres, es sin duda el hombre más desgraciado del mundo, porque es difícil concebir que pueda encontrar su dicha en el ejercicio de sus funciones.

Apenas el Príncipe de la Paz estuvo reinstalado en la corte, cuando Mallo se disgustó con la reina. La desgracia de Mallo fue efecto de una humorada de la reina la cual se arrepentió al día siguiente. El Príncipe le ayudó a volver a su gracia, porque Mallo era el único hombre que le convenía.

Después vinieron una serie de desdichas para los reyes: su abdicación, destierro a Roma, que tuvieron consecuencias para Mallo. Fernando VII le dio el cargo a Mallo de gobernador de una de las Antillas, a donde no llegó, porque el capitán del barco tenía la orden secreta de arrojarlo al mar, como efectivamente lo hizo.

Cordial saludo,