LIVIA BARRAGAN LEMOS DE MUÑOZ
Lunes 13 de enero, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Livia Barragán Lemos esposa de César Ernesto Muñoz Torres, falleció el pasado 9 de enero en Popayán. Es muy dificil decir algo sobre su meritoria, ejemplar existencia, llena de virtudes y caridad, que no esté expresado en forma digna y apropiada, en el artículo que escribió Alicia A. esposa de Rodrigo Muñoz Barragán, como motivo de cumplir Livia 90 años.

Reiteramos nuestros sentimientos de pesar a sus hijos Alfredo, Rodrigo, Diego, Cristián, Lucy, Consuelo y sus respectivas familias.

Cordial saludo,

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LIVIA
Con ocasión de sus 90 años
Por: Alicia A de Muñoz Barragán

Con pocas excepciones en su niñez, Livia ha vivido toda su vida en Popayán, su tierra adorada, de la que nunca ha querido separarse. Los intentos egoistas de los hijos ausentes para llevarla a otras ciudades u otros países, aún por pequeños períodos, han terminado siempre con la demanda firme de un tiquete de regreso a Popayán. Aquí ella ha visto un mundo completo en el que sus sueños, sus ideas y sus principios se compaginan con la ciudad, con sus habitantes y con sus logros. Quizá todos desearíamos esta integración tan íntima entre una persona y su medio querido. Quizá el valle de Pubenza, sus alrededores floridos y las inmensas montañas aledañas se unen a las gentes para crear un mundo en que pueden existir al mismo tiempo una vida sencilla y una influencia que se extiende a lo largo de las Américas.

Como tantos en Popayán, Livia tiene un arbol genealógico que se remonta a los tiempos en que los conquistadores se volvieron labradores, y sus descendientes se convirtieron en comerciantes, guerreros, profesionales, y finalmente embajadores de nuestros principios y de nuestras percepciones del mundo.

Su madre, Rosa Elena Lemos de Barragán, creció rodeada de tias que se deleitaban en la altivez y en la curiosidad sobre hechos y antecedentes que son comunes en Popayán. Después Mamá Nenita, como fue conocida por la familia y muchos otros, se convirtió en el tronco fuerte que guió el crecimiento de hijos, nietos y biznietos. Como en el resto de la familia, en ella se juntaban un catolicismo sin contradicciones, un liberalismo igualmente sin dudas, y un deseo constante de superación y de progreso. Mamá Nenita perdió a su esposo cuando apenas habia nacido su última hija. Quizá el padre de Livia, hombre constantemente inquieto, aventurero y empresario, habría querido vislumbrar el devenir de la familia a través del Siglo XX y ahora el Siglo XXI. La madre de Livia, en una vida que casi llegó a las nueve décadas, alcanzó a cosechar muchos de los frutos de que era merecedora.

Livia creció en el medio de tres hermanas y dos hermanos. Dos más habían muerto como niños. Desde el punto de vista actual, su vida como niña podria considerarse dominada por enseñanzas católicas estrictas, en gran parte impartidas por sus profesoras Salecianas, a quienes ha amado y respetado toda su vida. Como tantas jóvenes guiadas por gentes fervorosas, consideró seguir una vida religiosa. Lo consideró tanto, que salió del convento a casarse. Hay acuerdo unánime entre los descendientes de que este paso fue acertado.

Livia se casó en 1936 con César Ernesto Muñoz Torres. Los hijos de ellos fueron permanentemente influídos por los abuelos. Del lado de Livia, un padre soñador que murió temprano después de una vida de aventura, y una madre que quería dar una influencia positiva a todos sus descendientes, siempre basada en la tranquilidad y las tradiciones del Popayán de leyenda. Del lado de César, un padre que fue un caudillo político radical con poca paciencia para las tradiciones, y una madre que quiso la vida del campo, llevó la existencia que ya ha desaparecido en las haciendas del Cauca, y murió poco después de sus hijos.

César y Livia tuvieron un hogar al que contribuyeron ideas basadas en posiciones diferentes y con frecuencia opuestas. Si Livia compartía La María, las historias de los santos y la biblia, César tenía una biblioteca con las obras mayores de los rebeldes y revolucionarios desde los tiempos de la Grecia clásica. Aunque esto puede no haberse apreciado cuando sucedía, el resultado fue una vida de debate permanente entre los hijos, la que aún persiste y seguramente ha enriquecido la vida de todos.

Hubo nueve hijos en la familia. Dos murieron en la infancia, uno murió en la tercera década, tres viven en Colombia y tres viven en Estados Unidos. De once nietos, seis viven en Estados Unidos y cinco viven en Colombia. César murió en 1962 a la edad de 52 años, antes de que sus hijos teminaran su educación. Livia ha sido el centro de la familia desde entonces, y ha participado en los logros profesionales de cada uno de sus hijos.

Esta es una oportunidad para refleccionar sobre lo que Livia representa.

Livia siempre ha tenido una posición de optimismo. Ha creído que las cosas buenas pueden pasar y van a pasar, piensa en la parte buena de lo peor, acepta el infortunio con la idea de que algo bueno puede resultar, consuela a aquellos que vienen a consolarla, y vive para hoy y para mañana pensando que lo mejor está por llegar.

Livia ha mantenido un orgullo permanente por sus hijos, nietos y biznietos. Como espera todo lo mejor, ella ha sido siempre un impulso para lograr lo mejor. Su fé en los logros posibles no tiene límites, de manera que le parece posible lo que inicialmente parece inalcanzable. ¿Llegar a las mejores posiciones? ¿Ir a donde pocos han ido? ¿Cambiar lo que otros aceptan? ¿Luchar por conceptos que todavia no existen? ¿Por qué no? ¡¡Si se puede pensar, se puede hacer!!

Livia ha sido una maestra de paciencia. Su vida muchas veces ha parecido moverse lentamente hacia metas que no son fáciles de ver. Sinembargo, cuando se llega al último peldaño, cuando las últimas nubes se disipan, cuando finalmente los últimos obstáculos desaparecen, uno puede ver lo que ella trataba de lograr desde el principio.

Livia ha enseñado perseverancia. Ella ha sido capaz de seguir el mismo derrotero a través de la bruma, a través de tragedias y de pérdidas valiosas, a través de períodos donde parece que no es posible avanzar. Así y todo, ella siempre ha conseguido sus metas. Quienes no la conocen hablan de milagros. Los que la conocen reconocen el efecto de su determinación.

Livia ha demostrado que el amor y la caridad son lo mismo. Hace mucho decidió que no necesitaba ningún bien material. Prefirió desprenderse de lo que tenía y tratar de demostrar con amor y con interés en otros, que lo mejor que uno puede dar es uno mismo.

Livia siempre será el ejemplo, el faro, la guía, la persona de la que uno puede decir: todo lo que tocó se volvió mejor; todo lo que hizo redundó en el bien de alguien más; el mundo está un poco mejor porque Livia ha estado con nosotros.

Esta es una ocasión para recordar a Guillermo Alberto, a Marina y a Rosa Elvira, y para compartir su memoria con todos nuestros familiares y amigos. También es una oportunidad para agradecer vívamente la presencia de Alicia, Edgar y Juancho, y todos los otros miembros de nuestra querida familia.

Sus hijos, sus nietos, sus biznietos, sus familiares, sus amigas y amigos, todos los que han sido influenciados por Livia pensamos que esta es una ocasión de júbilo y de agradecimiento porque Livia ha estado con nosotros todos estos años, y porque su presencia ha dado más valor a nuestras vidas.