LIVIO ARMANDO PAZ NAVIA
Domingo 7 de julio, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Livio Armando Paz Navia falleció en Cali y sus cenizas fueron trasladas a Popayán al Mausoleo de los Cargueros en el Cementerio Central. Por medio de esta Red expresamos nuestro más sentido pésame a su esposa, hijos y demás familiares.

Jaime Vejarano Varona escribió sobre Livio Armando lo siguiente:

Homenaje Póstumo
Por: Jaime Vejarano Varona
Especial para El Liberal
Domingo 7 de julio, 2002

Difícilmente Popayán podrá repetir en alguno de sus hijos, a un personaje de tan señalados talentos y virtudes, fruto de selección generacional de una casta que ha honrado nuestra ciudad.

Espécimen humano dotado por la naturaleza con las más esmeradas manifestaciones del intelecto, Livio, todo en uno solo, fue poeta de exquisita sensibilidad, epigramista ingenioso, versificador ágil y brillante, prosista castizo y sustancioso. Su diestra pluma no sólo se lució en los exigentes menesteres de la lírica, sino que, asistido por el pincel, el lápiz, la plumilla o el carboncillo, produjo meritorias expresiones artísticas en la pintura, la caricatura o el retrato formal. Y producía con pasmosa facilidad, como en ejercicio de su respiración vital, porque no eran ajenos para él, no tenían misterios ni entreveros la rima o el sentimiento.

Su vocación de carguero, que llevó virilmente y con orgullo durante toda su vida, le marcó decididamente el ritmo y la fortaleza de su trasegar por los senderos que le marcó el destino, hasta este punto final en que, inexorablemente, hubo de entregar su barrote, hoy como entonces, y como siempre, sin haberla pedido.

Su relación humana, clarísima y sincera, no tuvo dobleces ni desmayos, porque fue íntegro en la interacción y la reciprocidad.

Su alegría innata y espontánea se traducía mediante la expresión inteligente en la charla discreta, jovial y amena.

El dialogo, es manifestación especial de su carácter, mostró toda la esencia de su ser y su personalidad, entre el grupo parlatorio de La Tertulia Payanesa, a la cual concurría todos los miércoles, venciendo las dificultades que representaba su periódico desplazamiento desde la Sultana del Valle hasta nuestra sede, a la sombra de la Torre del Reloj, donde emulaba con ese imponderable epigramista que fue Vicente Paredes Pardo, en la creación recursiva y ágil de tan difícil género literario.

Su popayanejismo a toda prueba quedó evidentemente en este sencillo apunte: al ser preguntado alguna vez que cuánto tiempo hacía que se había ido de nuestra ciudad, contestó sin vacilación alguna: "hace treinta y cinco años vivo en Cali, pero nunca me he ido de Popayán".

Calidad humana y don de gentes. Caballerosidad sin ofensas. Orgullo por su familia. Afecto por su ciudad y sus congéneres.

Ejemplo clarísimo y paradigma de padre, esposo, hermano y amigo.

En la música, junto a Higinio rasgando animosamente las cuerdas de una bandola, animaban las fiestas de la Tertulia formando un dúo, sencillo y sin pretensiones, de un profundo sentir y cadenciosa armonía.

Experimentó su espíritu una peculiar simbiosis entre la lírica y el arte pictórico pues podría afirmarse sin equivocación que mientras su palabra dibujaba, sus dibujos hablaban.

Como recuerdo de sus vivencias dejó en mis manos su sentido y lúgubre poema de Despedida del Carguío, los libros de su producción poética y de sus cartas rimadas; y un retrato a carboncillo que tuvo la fineza de hacerme, trío de recuerdos que guardo con el más hondo afecto y gratitud.

Cuando veo su gallarda figura corporal convertida en un puñado de ceniza veneranda, en que, al decir del poeta, "ese polvo vuelve al polvo, sin amores ni esperanza", pienso que Livio hubiese deseado más bien, tal como tantos lo han pedido sobre la inmensidad del mar y a cambio de reposar en un cofre hermético, diminuto y mudo, inapropiado para quien como él fuera abierto, grande y comunicativo, que sus cenizas fuesen esparcidas al viento sobre su solar nativo, de modo que por doquier tornáramos a encontrar junto a su presencia física, la esplendidez de su espíritu en la tertulia amena, en la solemnidad de los Pasos de su venerada Semana Santa, en el paisaje que él ayudó a recrear y en el encuentro familiar y amigo.

Livio seguirá entre nosotros con la constancia de su amistad y en medio de su entorno familiar en el amor inmenso que para él tuvieron María Teresa, sus hijos, nietos y todos quienes disfrutamos sin reservas el privilegio de su proximidad.

!Paz en su Tumba!.