LENGUAJE INNOVADOR 
Domingo 30 de junio, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Gustavo Wilches-Chaux nos envía el siguiente artículo que deseamos compartirlo con ustedes. Nuestros agradecimientos a Gustavo. Cordial saludo,

LENGUAJE INNOVADOR 
Por Gustavo Wilches-Chaux

El nuevo gobierno debe dejar de lado los lugares comunes y poner las cartas sobre la mesa, porque todo parece indicar que estamos saliendo de Guatemala para caer en guatepior, y si definitivamente no queremos llorar como mujeres

lo que no sepamos defender como hombres, el Presidente deberá poner los puntos sobre las íes y demostrarle al país quién tiene la sartén por el mango. Y qué se está cocinando en el sartén.

El palo no está para cucharas y aunque no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, no sobraría mirarles el colmillo a algunos caballos regalados, no sea que de pronto el señor Bush y sus asesores resuelvan hacerse los gringos y aprovechar la situación para meternos gato por liebre.

Porque si aquí llueve, allá no escampa, y todos sabemos que en río revuelto,

ganancia de pescadores.

Después del ojo afuera no hay Santa Lucía que valga (o queda un hueco adentro, como dicen las malas lenguas), debido a lo cual, aunque todo el mundo está de acuerdo con que es preferible prevenir que lamentar, no aparece claro quién va a medírsele a sacar las castañas del fuego. Y como las paredes oyen y en boca cerrada no entran moscas, a la hora de la verdad el que tira la piedra esconde la mano y nadie está dispuesto a decir esta boca es mía. O mejor dicho: si te ví, no te conozco.

¿Entonces quién va a ponerle el cascabel al gato? ¿Alguno de los nuevos superministros? Porque ahí sí está pa´decir como dice el dicho: que el que tenga rabo de paja no se arrime a la candela. El país no quiere ver al zorro cuidando el gallinero. Que el señor Presidente mire muy bien a quien le da la mano, no sea que terminen agarrándole el codo. (Más claro no canta un gallo: lástima que no haya peor sordo que el que no quiere oír...)

Y si bien es cierto que entre bomberos no se pisan las mangueras, al momento

de correr buenas son patas y a la hora del tierrero no faltará quien haga maletas y nos deje al resto de colombianos y colombianas como vacas viendo al tren.

Estamos en uno de esos momentos cruciales del camino en que por muy oscuro que se presente el porvenir, podemos afirmar que no todo tiempo pasado fue mejor, por lo menos si hablamos del pasado inmediato, pretérito imperfecto a

más no poder. Hoy alcanzamos a ver una luz al final del túnel: esperemos que

no sea una locomotora en contravía.

Porque lo único cierto es que la crisis se está regando como pólvora, y como

diría el maestro Hemingway, tenemos muy claro por quien doblan las campanas:

por nosotros. Hoy por ti, mañana por mí. (Dicho que en la interpretación de Bertold Brecht adquiere connotaciones tenebrosas). Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente, pero son tantas las cosas que a diario nos toca ver, que hasta los corazones más ausentes ya se encuentran obligados a sentir.

Como la esperanza es lo último que se pierde, mucho desempleado está diciendo que no quiere caldo para ver si le dan dos tazas. Y como a los que no sonaban para ningún ministerio les dieron dos carteras, el ejemplo se riega como verdolaga en playa. Por eso dicen que es mejor practicar que predicar.

Pero como el que peca y reza empata -y no se sabe si es peor el que peca por

la paga que el que paga por pecar- a lo único que nos podemos atener los ciudadanos y ciudadanas de la calle, es aquello de que a palabras necias, oídos sordos.

Si no fuera por los vidrios polarizados, veríamos que a la hora de la verdad

como que no va a ver tanta cara nueva en los carros oficiales, posiblemente por aquello de que muchos de los lobos que hoy andan vestidos de ovejas, son

conocidos de autos. Esperemos que no resulte peor el remedio que la enfermedad y que tanto diablo que ahora anda haciendo hostias no se deje ver

el cobre apenas se le suba el poder a la cabeza. Si alguna lección nos deja la ornitología colombiana, es que si bien hay que tenerles cuidado a los pájaros que les tiran a las escopetas, mucho más peligrosos aún son los pájaros con escopetas (o con Mini-Uzís y otras armas de uso privativo de las

fuerzas militares).

Y esperemos también que las escobas nuevas –si las hay- barran bien, aunque sin pretender inventarse la pólvora, olvidando, como tanto yupi en cargos gubernamentales, que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Definitivamente no todo lo que brilla es oro y por eso decían los viejos que

no por mucho madrugar amanece más temprano. De eso tan bueno no dan tanto.

Como a buen entendedor pocas palabras, no resta más que recordar lo que se dijo al dijo al principio: el país está cansado de lugares comunes. Necesitamos devolverles el sentido a las palabras.

Si hoy la cosa está dura, somos concientes de que no hay situación por mala que sea que no sea susceptible de empeorar.

Por eso los colombianos y las colombianas necesitamos tener las manos grandes y el corazón firme. Las primeras, las manos grandes, para la solidaridad y para el afecto, de los cuales tanto vamos a necesitar. Y el segundo, el corazón firme, para seguir sobreviviendo en el imperio del miedo. Y sin perder ni la fe, ni la esperanza, ni la creatividad.

Bogotá, Junio 30 del 2002