LUÍS CARLOS PÉREZ
1914 - 1998
Por: Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

La más sobresaliente característica de la vida de Luis Carlos Pérez fue su ininterrumpida vocación de maestro, de profesor honesto y respetable que dedicó su existencia a la práctica de la abogacía como ciencia. Bernardo Restrepo Maya dijo de él que "en el ambiente de los penalistas de la América Española, uno de los prestigios más sólidos es el del colombiano Luis Carlos Pérez" y citó a continuación la frase breve y contundente de una autoridad mundialmente reconocida como la de Filippo Grispigni, quien había calificado al jurisconsulto caucano como "lo más alto en criminología latinoamericana"

Pérez nació en el pequeño poblado de La Sierra al suroeste de Popayán, enclavado sobre las estribaciones de la Cordillera Central. Aún adolescente y sin haber cumplido los quince años, ya ejercía como maestro de escuela en un humilde plantel de la localidad norte caucana de Puerto Tejada, donde llegó buscando un sitio para ganarse la vida. Su hermano Mario, que también se distinguiera en el ejercicio del Derecho, le prestó los primeros pantalones largos para que pudiera ejercer la docencia sin avergonzarse ante discípulos que podrían tener su misma edad.

En 1941 se graduó como abogado en la Universidad del Cauca e inició de inmediato una de las más brillantes carreras de las que se tenga noticia en Colombia, en el campo de las leyes. Era un trabajador incansable. "Los días feriados me conceden doce horas más de trabajo personal cada día", llegó a afirmar cuando se desempeñaba como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Sólo en esta forma se explica su obra monumental sobre el Derecho Penal, que se inicia con la publicación en 1946 de las "Nuevas Bases para el Derecho Criminal", continúa con "Criminología", publicada en 1950 por la Universidad Nacional de Colombia y sigue con los cuatro volúmenes del "Derecho Penal Colombiano", los cinco del "Tratado de Derecho Criminal", hasta completar 17 volúmenes sobre el tema, que constituyen el más significativo aporte académico y doctrinario que se haya escrito en el país sobre esta rama de las ciencias jurídicas. Adicionalmente su libro "El Delito de Propaganda Bélica", que apareció a mediados de 1951, mereció que se le entregara la Medalla de Oro de la Paz, en Budapest, con un diploma firmado por Monsieur Curi y por Ilia Ehremburg. Publicó también una interpretación jurídica del 9 de abril de 1948 con el título "Los delitos políticos"y en línea con el mismo tema una obra sobre "El pensamiento Filosófico de Jorge Eliécer Gaitán" publicada a mediados de los cincuenta.

Sus aseveraciones eran siempre contundentes y con frecuencia despertaron agudas polémicas. En un reportaje publicado en 1972, reiteró sus tesis sobre la culpabilidad como uno de los problemas básicos del pensamiento moderno. "Para que haya justicia - expresó -, debe estudiarse la culpabilidad colectiva, la de los dirigentes, la de quienes lanzan al pueblo por donde éste no quiere marchar. La de quienes labran las desgracias sociales y luego las cobran a través de la imposición violenta en fábricas, calles, campos y universidades." Puede así entenderse el grado de compromiso ideológico que informó su obra jurídica y la coherencia con la cual siempre actuó.

Militó en la izquierda colombiana. Se definió a sí mismo como "un rebelde dispuesto a afrontar su contingente personal al desarrollo de la iniciativa de unir a los inconformes". Sus primeras intervenciones políticas las hízo en los sectores liberales en cuya representación llegó a la Cámara de Representantes en1945, cuando ya declinaba la República Liberal, a la cual hubiera podido aportar sustanciales ideas en lo jurídico y en lo político. Muchas veces se pensó en su nombre como candidato de las izquierdas colombianas a la Presidencia de la República. Pero la condición que exigió siempre sobre la necesaria unificación de todos los sectores y poder conformar así un frente único, hicieron que esa aspiración se tornara inviable.

Durante la Presidencia de Alfonso López Michelsen ocupó la Rectoría de la Universidad Nacional, un hecho que por sus características suscitó acres polémicas que terminaron con la renuncia de Pérez y su definitivo distanciamiento con el Jefe del Estado. Fue así mismo Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, posición que le permitió dejar importantes aportes doctrinarios en los anales de la alta corporación. Fue ésta una de las pocas ocasiones en las cuales abandonó la penumbra de su biblioteca y el rigor de su vida de investigador, para someterse a un tipo de vida que reñía con su verdadera vocación, alejada por temperamento y estilo de los reflectores de los medios de comunicación y de los asedios de periodistas y reporteros. Dictó su cátedra de Derecho en las Universidades Libre y Nacional de Bogotá y en su casa ubicada en lo alto de los cerros sabaneros, recibía con frecuencia a estudiantes que requerían de su consejo y apoyo académico.

El Maestro Luis Carlos Pérez murió en Bogotá a finales de enero de 1998 a los 85 años de edad. Su esposa es la insigne poeta caucana Matilde Espinosa.