JOHANN RODRÍGUEZ BRAVO
Jueves 5 de enero, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Johann Rodríguez Bravo
nació en Popayán en 1980. Cursó estudios en
Economía en la Universidad Icesi de Cali obteniendo el título Cum Laude.
Ha sido profesor universitario e investigador académico en el campo de
la Economía. Su experiencia literaria se basa en artículos, reseñas y cuentos
publicados en distintas revistas nacionales e internacionales. Tiene un libro de
cuentos "Aquella vida de mago y otros relatos" (Ed. Axis Mundi, 2004)
y una novela "Ciudad de Niebla" que será publicada por el Instituto
Iberoamericano de Cultura este mes. En la actualidad, cursaba el último
año de la Maestría en Literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá y
hacía parte del personal de la revista latinoamericana de cuento
Mil Mamuts.

Sebastián Pineda ha escrito el articulo que reproducimos hoy.

Cordialmente,

***
Johann Rodríguez Bravo
Por: Sebastián Pineda
CRONOPIOS.

Los ríos grandes, Johann, nacen grandes. Vos naciste en Popayán, donde el río Cauca, niño, ya achata la cordillera y aduerme la meseta de Pubenza y luego se desploma y, como un dios, conforma el pecho ancho del Valle del Cauca. Allí te fuiste, amigo Johann, con el río. Fluís con Francisco José de Caldas, tu coterráneo, y no es de extrañar, porque además de que lo convertiste en un personaje de tu narrativa, siempre advertí en tu mirada algo así como una rebeldía cósmica. Los seres de tan vasta imaginación, como vos, a menudo los fulminan ciertos dioses – celosos – por intentar alterar la creación con la literatura.

Claro que no debemos culpar al cosmos regidor.“Está más cerca de la verdad la idea de un Dios ordenador según sus fines, que la idea de un Dios caprichoso”. (Baruch Espinosa). Mirá que te parecés, en la historia literaria, a Luis Tejada, ese otro talento de la literatura colombiana que se nos fue también tan joven. Coincidimos muchos en que eras, sos y serás el mejor escritor joven de Colombia. Jamás habíamos visto un talento literario tan arrollador como el tuyo. Y sumado a eso – añade el maestro Germán Espinosa que te considera entre sus mejores amigos – una profunda o suprema nobleza.

Perdoná que te hable así, como si todavía estuvieras vivo. Alguna vez dijimos que hay varios mundos – y están en éste – uno de los cuales pertenece al reino de la literatura. Así que no perderé ocasión para seguir dialogando con vos, a través de la palabra (esencia del universo humano) o través de los sueños, pasadizo o ventana por donde nos comunicamos los de aquí con los de allá. ¿La tristeza? Pues sí, ¡y enorme! Pero la poesía, cuyos temas recurrentes son el amor y la muerte, nos enseña que ante las sombras de Thánatos hemos de anteponer la sensual faz de Eros. “Aunque hay pena y nos agravia el sino adverso / en nosotros corre la savia del universo”. (Rubén Darío). Beberemos a tu nombre, viejo Johann. Lo que más te agradezco es que tus amigos, una vez me los presentaste, inmediatamente se convirtieran en mis amigos. He ahí la verdadera amistad.

No dejés de asistir, así sea espiritualmente, a nuestras charlas matutinas en el café de la 19, sí, con el maestro Espinosa y de pronto con Juan Manuel Roca y con quien se acerque por ahí. Por lo menos no dejés de escucharnos, puesto que somos seres parlantes, para nosotros la conversación es la suprema forma del hombre, y, como decías, hay que desconfiar del solemne, del que no habla. En la nochecita, si querés, vení a charlar a la casa de Juan Felipe Robledo y Catalina. Recordá que los miércoles, en la casa de Karla la mexicana o de la Gala o en la mía o en donde sea, celebramos las tertulias de “gran magnitud”, como dijo tu amigo Ruco; tertulias que vos inventaste y que en adelante, si no te molesta, le pondremos tertulias “Johann Rodríguez-Bravo”. En Buenos Aires los de la revista Mil Mamuts, Tito y la gente, de seguro también te aguardan en un café de Corrientes. Por Buenos Aires donde de la mano de tu amor, como me contaste, “caminabas, no por el pavimento, sino por el algodón”. Cuando vaya a México le daré tu libro de cuentos a Fernando Vallejo, tu monstruo favorito.

Ya me dictarás, en los sueños o en nuestros coloquios interiores, qué más hago amigo para conservarte entre nosotros. Porque se va tu cuerpo, pero no se va tu espíritu, no, no se va. El domingo primero de enero, cuando estabas en coma, me visitaste en el sueño, me extendiste la mano en ánimo de despedida, y yo te dije: “no te la doy Johann, porque vos no te vas todavía”. Insististe, adolorido, y te la di de mala gana. ¡Hombre!, a estas alturas te confieso que me gustaría recitarte la Elegía al amigo muerto de Miguel Hernández.

Estamos hablando,

Sebastián Pineda
Los Colores, Medellín, 2 de enero de 2006