SALVADOR JIMENEZ DE ENCISO COBOS Y PADILLA
Miércoles 25 de junio, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Salvador Jiménez de Enciso Cobos y Padilla, arzobispo de Popayán, nació en Málaga, España y murió en Popayán el 13 de febrero de 1841. Fue uno de los prelados más ilustrados que ha tenido la diócesis de Popayán. Hemos tomado de la Biblioteca Luis Angel Arango los siguientes seleccionados párrafos y fotografía..

(...) Vino muy joven al Virreinato del Perú con fray José Antonio de San Alberto, arzobispo de Charcas, en Bolivia. Estudió en la universidad de la Real Audiencia de Charcas, donde recibió los grados de bachiller y maestro en filosofía, y licenciado y doctor en Sagrada Teología, Derecho Civil y Canónico.

Viajó a España a incorporarse al Colegio de Abogados de los Reales Consejos; allí hizo oposición a varias canonjías en San Isidro, Madrid. Nombrado canónigo de la catedral de Málaga su ciudad natal, fue a Madrid, y allí fue presentado para el obispado de Popayán, el 14 de febrero de 1815. Comunicó su nombramiento al venerable capítulo de Málaga, el 6 de diciembre del mismo año, y fue preconizado en Roma por el papa Pío VII, el 13 de marzo. Se posesionó del obispado de Popayán el 7 de mayo de 1818, por medio de su procurador, el doctor Manuel Mariano Urrutia y Quijano, canónigo magistral y tesorero electo de la catedral payanesa, en virtud del poder amplio y general que le confirió en Madrid, el 6 de agosto de 1816. En septiembre comenzó a reedificar el colegio seminario, levantando todo lo que las guerras habían destruido, cuando sirvió de cuartel a las tropas.

El seminario reinició labores el 18 de octubre con cuatro directivos: rector, vicerrector, ministro y director espiritual, y treinta colegiales. Este acto fue muy significativo, porque después de diez años de transformaciones políticas y de suspendidos los cursos, se pusieron en ejercicio una cátedra de latinidad, una de filosofía y otra de teología moral.

La relación de este acto se imprimió, y un ejemplar fue introducido en una caja metálica, con otros objetos, cuando el obispo Jiménez puso la primera piedra de la nueva catedral que él mismo se empeñó en edificar. Pero la construcción de la nueva Catedral quedó suspendida en 1819, cuando el ejército realista fue derrotado en Boyacá, y Jiménez, junto con su secretario Félix Liñán y Haro, su provisor José María Grueso y todos los superiores del seminario, emigraron a Pasto. De regreso a Popayán, la escasez de sus rentas y otras circunstancias no le permitieron continuar la obra.

En los últimos años de su pontificado emprendió la construcción de la iglesia de Jimena en Popayán, cuya parroquia fundó, siendo su primer cura párroco el presbítero Manuel Inocente Delgado y Fernández.

Aún no se concluía la construcción de la catedral, cuando el obispo enfermó y falleció. Fue sepultado en la bóveda de la iglesia de la Compañía de Jesús, donde permaneció hasta el 9 de agosto de 1851, cuando se exhumó su cadáver para depositar en la bóveda el del obispo fray Fernando Cuero y Caicedo.

El presbítero Manuel Antonio Bueno y Quijano depositó los restos de Jiménez en un arca de madera al lado de los que le antecedieron en el obispado (...)

Cordial saludo,