PAÑUELOS DEL LIBERTADOR
Por: Mario Pachajoa Burbano

Distinguidos payaneses:

En 1822 Javiera Moure era una de las señoritas más distinguidas, elegantes, hermosas y educadas de la sociedad payanesa. En la mansión del patriarca José María de Mosquera y Figueroa se estaba realizando un aristocrático y elegante baile en honor del Libertador Simón Bolívar quien se hallaba listo para emprender su gloriosa etapa que dio la libertad a Quito y libró las inmortales batallas de Junín y Ayacucho. El General Bolívar hizo una impresionante entrada al baile acompañado de oficiales y edecanes de su ejército, que más tarde llenarían de gloria la historia emancipadora. 
Su séquito incluía los oficiales que lo acompañaron en Venezuela. Entre los notables Jefes se encontraba el Coronel Lucas Carvajal, quien con el legendario héroe José Antonio Páez, el León de Apure, había obtenido resonantes triunfos. De Carvajal se decía que "contaba con más batallas ganadas que años de vida". Antonio Arboleda relata que: "Allí se hallaban, entre otras, las Mosqueras, Hurtados, Rebolledos, Pombos, Arboledas, Torres, Arroyos, Urrutias, Fajardos, Moures, Diagos, Carvajales, Angulos, Lemos y muchas otras, a cual más bellas y traviesas, capaces de hacer perder la chaveta, no a un llanero, ¡sino al mismo Apolo!".

Notando el Libertador el donaire y gracia de Javiera Moure y con el tono de la mayor elegancia y galantería, acercándosele le dijo: "Señorita usted me hace el favor de bailar con mi bravo Coronel Carvajal, a quien tengo el honor de presentarle". El Coronel vestía su mejor traje de húsar polaco y tomó del brazo a la airosa Javiera.
El Coronel, sintióse dueño de la situación y con todo entusiasmo y alegría sacó a relucir sus mejores pasos de llanero, haciendo la pareja la felicidad de los presentes. Terminada una serie de piezas, el Coronel en el colmo de la dicha sacó de sus bolsillos monedas de oro que llevaba consigo y las arrojó al piso en donde había bailado con Javiera, por lo que fue ruidosamente aplaudido.

Encantado el Libertador por la simpatía y gracia demostradas en su baile con el Coronel y acercándose a Javiera le manifestó: "Ya que usted ha sido tan fina y tan galante, yo quiero tener ahora la honra de ponerme a sus órdenes, si en algo puedo complacerla". Javiera, que unía a una extremada belleza mucho entendimiento y cultura, le respondió: "¡Qué otra cosa puedo yo ordenar al Libertador sino que me conceda una reliquia suya para conservarla como muestra de mi respeto y admiración!". Bolívar en el acto sacó del bolsillo su pañuelo y le dijo: "Quiero imprimir a este trapo el sello de mi personalidad" y desgarrándolo con los dientes se lo entregó.

En la ciudad de La Paz, Bolivia, las monjas del monasterio de El Carmen le bordaron al Libertador, en batista, un primoroso pañuelo. Bolívar al pasar de regreso por Popayán le regaló a Javiera el mencionado pañuelo, después de que escribió en él: Simón Bolívar...

Saludos cordiales,