POPAYÁN EN SU ANÉCDOTA
Sábado 1 de abril 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Guillermo Alberto González Mosquera hizo la presentación de la obra de Jaime Vejarano Varona "Popayán en su anécdota, 1537-1999", el 24 de marzo pasado, en Popayán, en los siguientes términos:

LA ANÉCDOTA EN LA PLUMA DE JAIME VEJARANO

Jaime Vejarano Varona es un payanés integral. Por muchos años nos ha acostumbrado a recibir sus escritos que van a lo más hondo de nuestra cultura criolla. Descubre la historia íntima de nuestros conspicuos personajes y la presenta en forma amena, destacando el entorno que le es tan caro. Pocos como él para desentrañar lo que no aparece en los textos formales de historia, pero que revela mejor que ellos lo que ha sido el devenir de nuestro pueblo: su diaria aventura vital, salpicada de ingenio, de una vitalidad desbordante que se expresa con humor, a veces con sarcasmo y en no pocas ocasiones con ironía.

La vida de Jaime ha discurrido plenamente en su ciudad natal. Vástago de una familia de varones inteligentes y de mujeres bondadosas, heredó de los suyos el sentido de plena pertenencia a una comunidad que siempre los tuvo como miembros sobresalientes por alcurnia, pero más por méritos personales y conductas ajustadas a los exigentes cánones que rigen la ética de esta tierra.

En algunos países, como Venezuela, la estructura municipal incluye un cargo cívico de señalada importancia para la vida ciudadana: el de cronista oficial de la ciudad. Se nombra para ocuparlo a un ciudadano respetable que se encarga de llevar la historia lugareña en forma ordenada y sistemática, registrándola como haría un notario en su oficio legal con personas naturales y sociedades jurídicas. El cronista interviene en ceremonias públicas y goza del respeto de las gentes, porque saben que a través suyo se repartirá un legado histórico para las nuevas generaciones, afirmando de esta manera su pertenencia a una sociedad y a una época. Si a mí se me preguntara de alguien para ocupar ese cargo en nuestra ciudad, no dudaría en dar el nombre de Jaime Vejarano, porque se lo ha ganado en razón de su obra paciente y documentada de su producción histórica, materializada en libros y documentos publicados con devoción innata por nuestros entrañables valores.

Ahora, Jaime nos ofrece su última producción que ha titulado "POPAYAN EN SU ANÉCDOTA 1537-1999". En 160 páginas, presentadas con excelente gusto e ilustradas por la incisiva pluma de Fígaro, recoge el anecdotario de la ciudad desde el mismo momento de la fundación. Sus fuentes son varias: las "Efemérides Payanesas" de Clodomiro Paz, la "Antología Genial de los Patojos" del inolvidable Otón Sánchez, pero sobre todo su propia búsqueda a través de la tradición oral, de la sabrosa tertulia que él mismo ha ayudado a configurar y de sus propias producciones recogidas en sus artículos de prensa y en su poesía festiva, que ya se inscribe en las antologías de este género, cultivado por poetas como Daniel Gil Lemos o Alberto Mosquera, para no citar sino a los de mayor renombre.

Para dar orden al libro, Jaime Vejarano pasa en primer lugar de la anécdota histórica a la contemporánea. Es casi una preparación destinada a demostrar que el camino recorrido desde los primeros días hasta los umbrales del siglo XXI ha tenido un cierto hilo conductor, de la mano del ingenio y la agudeza, seguramente heredados de España, que con Quevedo tuvo el máximo epigramista de su historia. Continúa luego con la picaresca criolla, con los apuntes que dejó inscritos Valencia en su multifacético discurrir vital, con los impersonales y con los que luego salieron de esa reunión de ingenios que ha sido La Tertulia Payanesa, cuyo principal animador ha sido el propio Vejarano. Mención especial merecen las rimas festivas, en donde vamos a encontrar su propia producción, repleta de humor, que rescata apellidos, hechos y circunstancias de una historia local con delicioso olor y sabor patojos.

En su introducción, el autor nos revela su íntima convicción de que el ingenio y el temperamento payanés han sido y son una tradición a lo largo de su existencia. Y con pudor nos confiesa que existen anécdotas que debe callar "para no herir susceptibilidades". Entendemos su noble actitud, pero con las que relata en su libro nos pone a pensar en las deliciosas que debemos perdernos, con la esperanza de que algún día en voz baja nos las revele. Le hacemos desde hoy la promesa de solidarizarnos con su prudencia, pero no de quedarnos con el deseo de conocer ese material que, como todo lo secreto y prohibido, tiene el imán de una atracción incontenible.

Saludemos con entusiasmo este aporte a nuestra cultura vernácula. Agradezcamos a Jaime que nos siga ayudando a aferrarnos a esta tabla de salvación contra la indolencia, la impersonalidad y la mediocridad. Una producción que se conservará en cada hogar payanés, para recordarnos diariamente lo que somos y cómo somos los "patojos". ""

Cordial saludo,