IRIS LUNA MONTAÑO
Sábado 22 de marzo, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Iris Luna Montaño, (irisluna@yahoo.com) médica psiquiatra payanesa, ha tenido la deferencia de enviarnos su artículo que acaba de ser publicado en el III Congreso Virtual de Psiquiatría que tiene por título "Androginia y Postmodenismo: una aproximación desde la psiquiatría". Este articulo puede ser interesante para quienes desean conocer algunas tendencias del género en el postmodernismo. Iris piensa que "no es un artículo pesado sino apto para todos los lectores, si bien tiene algunos tecnicismos, que realmente no impiden la comprensión del texto."

Nuestros profundos agradecimientos a Iris y nuestras felicitaciones por los éxitos profesionales que está logrando.

Cordial saludo,

***

ANDROGINIA Y POSTMODERNISMO:
Una aproximación desde la Psiquiatría.
Por: Iris Luna Montaño, MD
irisluna@yahoo.com

*SERVICIO DE PSICOLOGÍA. UNIVERSIDAD CATOLICA DE COLOMBIA, MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA. BOGOTÁ (COLOMBIA)

**DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRÍA, FACULTAD DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD INSTITUTO CIENCIAS DE LA SALUD (CES) MEDELLÍN (COLOMBIA)

PALABRAS CLAVE: Género, Androginia, Cultura,
Postmodernismo, Psiquiatría

Resumen:

Los roles sexuales hacen referencia a características de la personalidad, actitudes y conductas que cada cultura atribuye a los sexos. Las diferencias en los comportamientos de hombres y mujeres se deben en gran parte a estrechas interacciones entre la presión socio-cultural y la herencia específica.

El postmodernismo revela cambios radicales en la civilización y se facilita el paso a un pensamiento más holístico. Dicha perspectiva postmoderna, permite el surgimiento de una sociedad en la que los rasgos o atributos antes asignados a cada sexo, se presentan indistintamente en ambos géneros y se considera deseable que así ocurra.

No se trata sólo de imágenes exteriores (varones usando cabello largo, pendientes, ó mujeres con cabellos cortos, cuerpos delgados y ropas antes masculinas), se observa malestar de encarnar un modelo binario "hombre" o "mujer" y rechazo de identidades prefijadas.

Platón, en el Banquete hizo una descripción y definición del Andrógino cómo un ser que comparte las cualidades y características masculinas y femeninas.

Bem, en 1974, reintrodujo el concepto de Androginia sicológica y este concepto, cada vez ha ido tomando mas fuerza dentro de psicología social. Así, La Androginia es definida como la capacidad de un individuo para exhibir rasgos y comportamientos "instrumentales" o típicamente masculinos (independencia, asertividad, liderazgo,) y "expresivos" o típicamente femeninos (contacto social, sensibilidad, empatía) observando que quienes tienen esta capacidad de comportarse androgínicamente, son psicológicamente mas saludables. Con esta ponencia se pretende enunciar y analizar el papel actual de la Androginia en el comportamiento humano y los posibles usos del concepto en la psiquiatría actual.

ROLES SEXUALES Y ANDROGINIA

“Aunque Lo masculino y lo femenino han sido los dos lados del gran dualismo radical, en realidad siempre se están entremezclando. El líquido se solidifica y el sólido se derrite. No existe ningún hombre completamente masculino ni ninguna mujer completamente femenina”
Margaret Fuller

Los roles sexuales hacen referencia a características de la personalidad, actitudes y conductas que cada cultura atribuye a los sexos. Las diferencias en los comportamientos de hombres y mujeres se han atribuído en gran parte a estrechas interacciones entre la presión socio-cultural y la herencia específica. (1)

La identificación genérica (identidad) suele estar solidamente establecida en la adolescencia y se trata de un fenómeno complejo, debido a que se corresponde con una amplia gama de variables, como características psicológicas individuales, estructura anatómica y fisiológica biológicamente determinada, grupo social en el que se desarrolla el individuo, pautas educacionales, e influjos culturales vigentes, entre otros. Por otra parte, la identificación cómo hombre o mujer (roles) presenta un aspecto más dinámico que lleva a los individuos a asumir comportamientos típicamente masculinos o femeninos en las diferentes situaciones cotidianas. Si bien existe un dimorfismo de respuestas en base a la forma de los genitales externos, También los modelos aprendidos e incorporados de masculinidad y feminidad vigentes en el medio, influyen decididamente en las diferencias de comportamiento hombre-mujer.(2) (3) (4)

Durante muchos años se trató la masculinidad y la feminidad como una dimensión única, con dos polos opuestos, que hacía posible ubicar a los individuos en un lado u otro de esa clasificación dicotómica. Es decir, éstos podrían ser en mayor o menor grado masculinos o femeninos, pero nunca ser ambas cosas a la vez. Asimismo, los roles sexuales estaban rígidamente ligados al género, y ser masculino o femenino dependía básicamente de ser hombre o mujer.(5)

La sociedad patriarcal y racionalista dónde se ubicaba la Era del modernismo presentaba ciertas expectativas y prescripciones sociales, para ambos sexos. Los hombres eran caracterizados por exhibir un comportamiento instrumental, poseer una inteligencia superior, fortaleza, habilidad analítica en resolución de problemas y agilidad. Los intereses del varón estaban centrados en el planteamiento y desarrollo de teorías, la economía y la política. La personalidad masculina destacaba los rasgos de independencia, dominancia, liderazgo e inexpresividad, además exhibían una sexualidad poderosa, activa y con tendencia a la búsqueda de varias compañeras sexuales. La mujer se caracterizaba por un comportamiento expresivo y por un especial interés en los valores estéticos, sociales y religiosos. En cuanto a la personalidad, primaban rasgos de dependencia, afectividad, adaptabilidad, expresividad, empatía y en lo sexual a la mujer se le atribuía un papel pasivo y poco exploratorio. (6)

Esta categorización fue seriamente cuestionada en la década de los setenta por los movimientos feministas y resurgió el concepto de androginia desde la psicología social. Así, la llamada androginia psicológica es definida como la capacidad que tiene un individuo para expresar rasgos y comportamientos instrumentales o típicamente masculinos y asimismo comportamientos expresivos o típicamente femeninos. Esta nueva concepción ya no considera la masculinidad y la feminidad como dicotómicas, sino como un continuo, de tal forma que todos los individuos podrían ser capaces de exteriorizar en mayor o menor grado esos dos rasgos. De esta manera se ha posicionado el término androginia psicológica, para designar a aquellos individuos que presentan en una forma proporcional y equilibrada rasgos masculinos y femeninos en sus actitudes y comportamientos. (7) (8)

El postmodernismo revela cambios radicales en la civilización, se cuestiona la sociedad tradicional regida por reglas y se facilita el paso a un pensamiento más holístico. Dicha perspectiva postmoderna, permite el surgimiento de una sociedad en la que los rasgos o atributos antes asignados a cada sexo, se presenten indistintamente en ambos géneros. Desde ésta perspectiva la androginia cobra una especial importancia, pues permite que los individuos presenten un abanico amplio de posibilidades que les hacen más fácil adaptarse al convulsionado medio contemporáneo en el que los roles tradicionales y los estereotipos dejan de ser funcionales; no se trata sólo de la profusión de imágenes externas ya habituales en nuestra cultura (varones usando cabellos largos, zarcillos, ó mujeres con pelo corto, cuerpos escuálidos y atuendos antes masculinos), también se puede evidenciar cierto malestar de encarnar un modelo binario "hombre" o "mujer", el rechazo claro de identidades prefijadas, y la necesidad de desarrollar múltiples y variadas estrategias de funcionamiento.

EL POSMODERNISMO COMO FACILITADOR DE LA ANDROGINIA

En los albores del siglo XXI la humanidad se halla inmersa en un acelerado proceso de trasformaciones de toda índole: políticas, sociales, económicas, científicas y culturales. Se ha afirmado que estamos en la era posmoderna, llamada por Lipovetsky “La era del vacío”, dónde el orden establecido, la tradición, la vanguardia, los estereotipos, los compromisos rígidos y los procesos disciplinarios han perdido su virtud generadora de estímulos y se plantea que la igualdad entre los géneros y el debilitamiento de la moral religiosa han facilitado la reaparición de la androginia entre los individuos de esta nueva sociedad. Así mismo, en el postmodernismo se resalta la democratización del hedonismo, la consagración generalizada del consumismo, la personalización y el pensamiento holístico, estableciéndose un claro predominio de lo individual sobre lo universal, de lo psicológico sobre las ideologías, de la comunicación sobre la politización, de la diversidad sobre lo homogéneo y de lo permisivo sobre lo coercitivo.(9)

Para ilustrar un poco la ontología del postmodernismo, traigo a colación un fragmento de la obra La euforia Perpetua del filósofo Pascal Bruckner quien expresa de manera contundente el sentir contemporáneo “Chicos y chicas de todos los medios sociales, de todos los pareceres, ansiosos por inaugurar una nueva era y suprimir de un plumazo los escombros de un espantoso siglo XX. Se lanzan a la existencia ávidos por ejercer sus derechos individuales y sobre todo por construir sus vidas tal como ellos las entienden, cada cual seguro de que la vida le reserva una promesa de plenitud. Y a todos les habrán dicho desde su más tierna edad: “Sed felices”, porque ahora ya no se tienen hijos para trasmitirles valores, roles o una herencia espiritual, sino para multiplicar el número de personas realizadas en el mundo” (10)

En estos tiempos de relajación cultural, y de reproductividad tecno-científica, el arte también toma otros rumbos y la estética se ha convertido en un despliegue de la globalización, en una necesidad de producir constantemente novedosas oleadas de apariencias impactantes. Se habla de una estética de estandarización de los objetos, que impone en el gusto colectivo; una especie de estética de la repetición. La llamada estandarización reúne varias morfologías que construyen inestabilidades y metamorfosis en los productos artísticos de mayor “consumo”.

Se impulsan unas categorías estéticas particulares provenientes de las nociones de lo caótico y lo monstruoso, tales como la inestabilidad, lo dinámico, lo imprevisible, la indecisión en las formas, la turbulencia, la discontinuidad, lo aleatorio, el bricollage, lo amorfo, entre otras. Se habla de una teratología imperante (del griego tera: monstruosidad) que nos sitúa en las categorías estéticas del feísmo y lo grotesco y trata de plasmar la realidad social cómo eufórica, siniestra y ambigua. Se rompe la norma clásica y rigidez tradicional del juicio de valor estético y se origina la desmesura, lo informe y lo imprevisible. Frente a estas mutaciones morfológicas del arte postmoderno, es oportuno insinuar que las nociones de lo monstruoso y caótico fluyen en medio de una sociedad masificada, consumidora y pasiva, y unas actitudes subversivas a las normas del orden estético, moral y social.(11) (12) (13)

Al hacer referencia al significado que tiene el cuerpo para el hombre contemporáneo, este lo asume como un ente cambiante y generador de múltiples conflictos y posibilidades estéticas.

Partiendo de la idea de Haraway (14) de que la naturaleza humana, ha perdido su naturalidad en el postmodernismo, es importante resaltar las cada vez más frecuentes tendencias a las “transgresiones del cuerpo” –culturismo femenino, tatuajes, piercing, transexualismo, travestismo- y demás actos no naturales que nos obligan a reconsiderar las ideas sobre el sexo, los géneros y la corporalidad. Ya no se respetan las formas y rasgos originales. La tecnología a través del “morphing” (15) (procedimiento infográfico que permite transformar unas formas en otras empleando técnicas digitales) ofrece un menú a la carta de posibilidades fisonómicas, que después de ser delineadas en un ordenador, serán reproducidas en el cuerpo mediante técnicas quirúrgicas (prótesis, implantes de silicona, lipoescultura) dando cómo resultado a los llamados “Morfos” o mutantes. En la obra, El mito de la belleza, Naomi Wolf (16)señala que en la cibercultura los sistemas digitales han creado modelos de estética posthumanos, cambiantes e indiferenciados. El cuerpo se ha convertido para muchos en una membrana permeable cuya integridad es vulnerada a conveniencia, borrando los rasgos que definían sus orígenes. (17)

En términos generales, cuando se hace referencia a la postmodernidad se deben incluir tres características importantes:

1. polimorfismo: dónde aparecen y se expresan varios rostros y matices nacidos en la cultura
2. acumulación: Hace una crítica de la historia, guarda evidencia empírica, no niega la historia y trata de asimilarla y renovarla
3. ambigüedad: presenta caminos de desarrollo humano antagónicos, y complementarios a la vez. (18)

Así, la postmodernidad facilita la reconstrucción de una imagen mas “completa”del individuo. Hoy es plausible que los hombres sean cariñosos, pacíficos y compasivos; de igual manera, está bien visto que las actitudes de las mujeres puedan identificarse con los denominados valores masculinos, como la competencia, la agresividad y la racionalidad.

En resumen, la perspectiva integradora del pensamiento holístico, la ambigüedad, el polimorfismo, el empirismo, la igualdad entre los géneros y el relativismo cultural, entre otros factores, facilitan la expresión de los comportamientos andróginos.

Definición

El término Andrógino es tomado del griego, y resulta de la combinación de las raíces “andro” (masculino) y “gyn” (femenino). En la obra el Banquete de Platón, Aristófanes relata la existencia de una clase particular de ser humano denominado andrógino que tenía forma redondeada, contaba con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros, una cabeza y reunía en sí mismo al sexo femenino y masculino; tales cuerpos resultaban vigorosos y Zeus decidió seccionarlos en dos partes Una vez realizada esta escisión, cada mitad se esfuerza para encontrar su otra parte. (19)

Es importante señalar que etimológicamente la palabra sexo proviene de secare, que significa seccionar, (ésta derivación parece reflejar el drama ocurrido en el mito del andrógino). Aunque este mito de la antigua Grecia es bastante difundido, algunas religiones politeístas, cábala, alquimia, gnosis, tao te king, entre otras, han definido y rendido culto a deidades bisexuadas, lo cual parece señalar que desde la antigüedad el hombre ha experimentado fascinación e inquietud por la armonía y la unidad de los atributos femeninos y masculinos. (20) (21)

El término androginia se viene empleando en diversos contextos médicos y psicológicos, pues se presentan algunas situaciones en las que el dilema principal se centra en el conflicto personal que genera el ser poseedor de los atributos sexuales masculinos y femeninos en sí mismo. A continuación me refiero a algunos de esos términos que pueden estar enmarcados en este tema.

En medicina, El término androginia (22) hace referencia a un individuo humano que posee caracteres sexuales externos femeninos y además posee tejido testicular que no ha descendido. Los términos hermafrodita e intersexual hacen alusión a los individuos que poseen tejido testicular y ovárico en sus gónadas, lo que genera anomalías somáticas que le dan la apariencia externa de reunir ambos sexos. En este contexto, los términos andrógino y hermafrodita e intersexual podrían ser correspondientes.

Cuando un individuo trasciende las definiciones convencionales de hombre y mujer es denominado “transgénero” y dentro de este grupo se ubican los transexuales (Trastorno de la identidad sexual de género), travestis, drag queen, drag queen, mujeres masculinas, hombres femeninos, entre otros. Así que el transgénero es un término usado para describir un amplio rango de individuos que experimentan y/o expresan su género de forma diferente de lo que esperaría la mayoría de la población, pero éste no sería el dilema presente en el andrógino, hermafrodita o intersexual (biológicos) (23)

ANDROGINIA PSICOLÓGICA

Desde la década de los setenta y bajo el liderazgo de los movimientos feministas y la psicología social, se realizaron una gran cantidad de investigaciones en torno a la incidencia que tienen los roles sexuales (masculinidad, feminidad) en la configuración de identidad personal, los auto- esquemas, el desempeño dentro de la sociedad y la salud mental. En ésta misma época se desarrolló el concepto de androginia psicológica en el seno de la psicología social. (24)

Las investigaciones tradicionales acerca de las diferencias psicológicas del sexo, habían estudiado a la masculinidad y la feminidad como contrarios polares. En esos estudios iniciales se pudo observar cómo los tipos “masculinos” tenían más éxito en actividades instrumentales dónde era necesario un despliegue de agresividad y asertividad, mientras que los tipos “femeninos” tenían mucho más éxito en actividades en las que se necesitaba la sensibilidad y expresividad.

Puesto que el buen desempeño profesional se había asociado tradicionalmente a las habilidades masculinas, una conclusión que se podía deducir de la rigidez de estos estereotipos marcados era que la mujer tendría menos oportunidades de éxito profesional, si no sacrificaba su lado femenino. Lo anterior generó una oleada de protestas que llevaron a reevaluar el concepto de género y a modificar sus perspectivas. (25)

En la misma época aparecieron psicólogos como Bem (1974,1975), Spence y Helmreich (1975,1978), Gilbert (1981), Kaplan (1976) y Nickerson (1977)–quienes desafiaron la asunción de que la capacidad de las mujeres para competir en esfuerzos tradicionalmente masculinos consiste en sacrificar significativamente su lado femenino.

Se postuló entonces que las mujeres exitosas en el campo laboral tenían integrados en su repertorio de comportamientos elementos instrumentales, además de los expresivos, y se dio la oportunidad para disertar acerca de la androginia psicológica. (26) (27)

Se postuló que los individuos psicológicamente andróginos combinan en forma equilibrada rasgos masculinos tradicionales (tales como asertividad) y rasgos femeninos (tales como sensibilidad) en su manera de actuar. El individuo andrógino no es visto como un híbrido psicológico que se ubica en la mitad del camino entre la masculinidad y la feminidad extremas, se trata más bien del individuo que posee cualidades masculinas y femeninas bien definidas a su disposición. Las investigaciones señalan el valor de la Androginia psicológica pues se evidencia cómo las personas andróginas –hombres y mujeres-tienen una mayor probabilidad de triunfar tanto en tareas masculinas como femeninas.

El dualismo en la visión del género no ha aportado mucho a nivel científico y al parecer ha generado desigualdades y grandes conflictos en las poblaciones. Para ir más allá y superar esa visión se desarrolló este modelo integrador (androginia) que permite demostrar que los diversos componentes de masculinidad y feminidad se pueden combinar en cualquier forma, acordando diferencias individuales, preferencias rasgos y necesidades, permitiendo así a la expresión de una gran diversidad y variación individual de estrategias. (28)

En esta época en que muchos dilemas tienen que ser resueltos durante el camino, ya no se dispone de muchas guías o zonas demarcadas por cánones que de alguna manera nos obliguen a actuar de una u otra forma. Es por eso que se necesitan individuos con una mayor plasticidad en su funcionamiento global, lo que favorece una mayor adaptación a cada nueva e inesperada situación de la vida contemporánea. Son claras las ventajas que ofrece el modelo de androginia psicológica (29). No obstante, existen algunos estudios que señalan que los comportamientos instrumentales o masculinos son más determinantes que la androginia psicológica para la adaptación social y bienestar psicológico de las poblaciones. Sobre dichos resultados todavía existe bastante controversia. (30) (31)

Para poder evaluar la androginia psicológica, Sandra Bem creó en 1974 un instrumento denominado: Inventario de rol Sexual (BSRI) Bem sex rol inventary. Esta medida fue diseñada para conducir la investigación empírica sobre la androginia psicológica. El Inventario de rol sexual incluye sesenta características de la personalidad. Veinte de ellas son estereotipadamente femeninas y veinte son estereotipadamente masculinas. También incluye 20 características neutras. Se trata de una prueba autodescriptiva en la que se pide al sujeto que señale de cada ítem en qué grado se da ese rasgo en él, teniendo como referencia una escala del 1 al 7 que le permite indicar si una determinada característica de personalidad se da siempre o casi siempre (7) o nunca o casi nunca (1) en él. Cada sujeto obtiene, en función de sus respuestas, una puntuación de masculinidad y de feminidad, y a partir del método de puntuación de la división por la mediana se halla su tipología de género. Es una escala auto -administrada y no es sincronizada. Se demora aproximadamente 15-20 minutos para ser respondida. Los ítems se anotan en dimensiones independientes de masculinidad y feminidad, así como se definen clasificaciones para androginia e indiferenciados.

 Alto puntaje en el masculinidad y feminidad -- andróginos

 Bajo puntaje en el masculinidad y feminidad -- Indiferenciados

 Alto puntaje en masculinidad y bajo en feminidad -- "masculino"

 Alto puntaje en feminidad y bajo en masculinidad-- "femenino" (32) (33)

Se han obtenido algunas conclusiones interesantes de los diversos trabajos realizados usando el modelo de androginia psicológica, los mismos que deberían tenerse en cuenta al diseñar estrategias de promoción y prevención en salud mental relacionadas con el género y ajuste psicológico y social.

1. Los individuos que tienen la capacidad de comportarse androgínicamente tienden a ser psicológicamente más saludables y desarrollan un mejor autoconcepto, autoestima y autoeficacia (34)
2. Las personas andróginas tienen una mayor probabilidad de seleccionar el comportamiento más acorde a los requerimientos de cada situación (35)
3. La androginia es un buen indicador de ajuste social en la edad adulta. (36)
4. El andrógino posee un amplio repertorio de comportamientos, lo que permite gran flexibilidad y plasticidad en el funcionamiento global y facilita la adaptación a los diferentes entornos. (37)
5. Las personas masculinas y andróginas puntúan significativamente más alto en autoestima que las personas indiferenciadas y femeninas (38)
6. Las personas andróginas tienen una mayor percepción de buena calidad de vida, que las que presentan tipo masculino o femenino (39)
7. La población con rasgos masculinos o andróginos presentan una imagen corporal mas positiva del cuerpo y están más satisfechos de su sexualidad que la tipología femenina o indiferenciada. (40) (41)

Durante mucho tiempo, la cultura se encargó de exagerar las diferencias entre los “sexos” y se le prestó poca atención a las semejanzas. Además los rasgos que han sido asignados tradicionalmente a cada género se han derivado en gran parte de los procesos de socialización y endoculturización en el marco de la sociedad patriarcal.

El postmodernismo al permitir el desarrollo de la “integración” como base para el individualismo y la diversidad, abre mayores posibilidades para que los rasgos (femeninos/masculinos) se presenten indistintamente en ambos géneros y se considera deseable que así ocurra. Como se trató a lo largo del artículo, la androginia puede ser tenida en cuenta como una característica que permitirá a los seres del nuevo milenio responder en forma efectiva a las situaciones cambiantes de un mundo complejo y obtener una buena adaptación al medio mejorando el funcionamiento global. (42) (43)

En la psiquiatría actual nos enfrentamos a variados dilemas originados dentro de la cultura. Los conocimientos en nuestra área se condensan y organizan en medios electrónicos y en espacios cada vez mas reducidos y virtuales, nuestra disciplina y las tecnologías evolucionan a ritmos acelerados y la información fluye a raudales tan caudalosos que asimilarla supone un esfuerzo importante, al igual que la escogencia del material que nos abruma. Por lo mismo el psiquiatra requiere introducirse en las diversas áreas del saber humano (filosofía, sociología, antropología, psicología), lo que le permite realizar un abordaje más comprensivo de los trastornos mentales y del comportamiento que se desarrollan en este escenario postmoderno. La androginia psicológica puede constituirse en una herramienta útil para ser incluida en el arsenal de posibilidades para el abordaje del género en el tercer milenio.

BIBLIOGRAFIA

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