INDUSTRIA SEMANASANTERA
Domingo 31 de marzo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses semanasanteros:

María Claudia Alvarez Hurtado, ha tenido la amabilidad de enviarnos este "recorte" de periódico sobre las familias que derivan su sustento de las ceremonias de la Semana Santa de Popayán. Nuestros agradecimientos a María Claudia, por hacernos conocer este importante artículo. Cordial saludo,

""" ,,, Cerca de mil familias derivan su sustento de las ceremonias Trabajan todo el año para una Semana Marzo 31 de 2002

Restauradoras, floristeros, modistas, carpinteros, se benefician de la bonanza religiosa. Los informales también hicieron su agosto en marzo.

No es carguera, síndica ni sahumadora. Sin embargo, los 365 días del año casi resultan insuficientes para que por sus manos pasen las imágenes de los 70 pasos que cada Semana Santa recorren las calles de Popayán.

Es Nelly Fajardo Benavidez, una restauradora de 29 años, que bien podría catalogarse como una hacedora de dedos. Y es que además de La Magdalena y el mismo Cristo Crucificado, judíos, romanos y discípulos han llegado hasta su taller para recuperar algún índice o algún pulgar.

Justo el último de ellos no lo reparó allí. Debió ser en la iglesia de San Agustín, en medio del alborozo del Domingo de Ramos, puesto que los catorce pasos ya se encontraban dispuestos para la procesión del Martes Santo.

"Carreras de última hora, como el lunes festivo, cuando me la pasé arreglando las carteras de los pasos del Sábado de Resurrección", comenta Nelly, quien hace parte del ejército de payaneses que durante todo el año trabaja para que la celebración de la Semana Mayor sea todo un éxito.

Son casi 200 hombres y mujeres, entre modistas, carpinteros, floristas, fabricantes de velas, alpargateros, restauradores, músicos y orfebres, que unidos a los vendedores de estampas, incienso y comida hacen que los días santos sean la redención económica para casi un millar de familias patojas.

Cambiarle las piernas a un judío encargado de azotar a Jesús fue el primer reto que tuvo Nelly, tras vincularse en 1998 a la Junta Permanente Pro Semana Santa. "Lo desbaraté sobre la mesa y la gente decía "no va a poder", recuerda, luego de reconocer que su virtuosismo para combinar químicos, bisturís y colores puede costar hasta $800.000.

Por eso, mañana, cuando los payaneses estén celebrando la Semana Santa Chiquita, la hacedora de dedos comenzará a tallar las jarras del nuevo paso que exhibirá la iglesia de San Agustín el año entrante.

Decorar paramentos, carteras y tronos, será entonces una tarea más, entre la limpieza de imágenes, la pintura de cuerpos y el resanamiento de pies y por supuesto, de dedos.

Pero la restauradora no labora sola. En su mismo taller y custodiadas por un ángel que no pudo volver a desfilar por ser más alto que Jesús, se cocinan las velas de laurel.

"Se las introduce en moldes de 55 centímetros de alto, se las deja secar doce horas y luego se meten cinco minutos en agua caliente para que salgan completas", afirma Francisco Vidal, quien ha hecho esa tarea durante 29 de sus 40 años.

Una misión vital para las ceremonias santas, ya que cada paso incluye 16 velas, además de las que cargan quienes alumbran las procesiones y de las que compran los turistas.

Por eso, antes de mayo, Francisco ya habrá pagado $450.000 por la arroba de cera que le suelen proveer los campesinos de Argelia, Cauca, y estará haciendo los juegos de velas que venderá el próximo año a $10.000 ó $75.000, según sean una o doce.

Juegos que, al igual que sus sueños de ser carguero, moldeará los sábados por la tarde o los domingos, cuando su oficio de mandadero de la Junta se lo permita, porque por ahora, mientras celebra su cumpleaños en Viernes Santo, asegura que todavía no necesita un sucesor para su arte.

Otra que tampoco sabe quién le va a seguir sus pasos es la florerista Adelaida Diago, quien por 'culpa' de un síndico amigo lleva quince años como semanantera y cuyas hijas, aunque poseedoras de la habilidad necesaria, optaron mejor por el estudio.

Entonces, la misión de Adelaida, junto a Jorge Hernán Orozco, su socio, es adornar con orquídeas, gladiolos, boquitas de dragón, liantris, anturios, helechos y rosas de colores, la mayoría de los pasos que desfilan por la ciudad durante la Semana Mayor.

"El martes nos encargaron tres arreglos para la Virgen de los Dolores, el miércoles adornamos El Despojo, el jueves a La Verónica y La Sentencia, y el viernes, a El Resucitado", dice con el orgullo de quien se sabe satisfecha con su trabajo.

En cambio, el motivo del brillo en los ojos de Jorge es la evocación de la imagen de carguero de su padre y la suya alumbrándolo. "Mi sacrificio no llegó a tanto. Más bien me dediqué a la organización de la Semana Santa", dice, mientras usa seis docenas de anturios para transformar un jarrón de plata de unos 40 centímetros, en un imponente arreglo de casi metro y medio de altura.

Ambos reconocen que se trata de la temporada alta de su negocio y que disfrutan innovando flores y colores. "Para el próximo año pienso usar licianto, una flor parecida a la rosa", asegura Adelaida, mientras comenta que el costo de un arreglo oscila entre los $350.000 y los $600.000.

Por eso, a esta amante de las orquídeas no le importa redoblar sus jornadas de trabajo para atender a los restaurantes y cafeterías que se engalanan en esta época, ni echar mano de las flores que adornan su casa, si de completar el arreglo de un cliente se trata.

Sin embargo, tal vez su verdadero éxito está, como dice Jorge, "en enmallar bien el oasis para que soporte no sólo el peso de las flores, sino el movimiento de los pasos". Un esfuerzo que no decae ni siquiera el martes, cuando las flores no son destinadas después a adornar las iglesias, sino que se desbaratan para que cada feligrés se lleve una, en memoria de la Virgen de los Dolores.

Pero el comercio organizado y los empleados de la Junta Pro Semana Santa no son los únicos que 'levantan' sus pesitos a costa de las fiestas religiosas.

Prueba de lo anterior es que cada año, durante esos cinco días, doña Alba Alicia Ordóñez deja de 'jabonar ropa' para salir al centro a vender sahumerio en paqueticos de mil pesos.

"Llevo diez años haciéndolo porque es la única forma de levantarme cualquier cosita adicional para la comida", manifiesta esta madre de ocho hijos.

Cerca de allí, en las puertas mismas de la Junta Pro Semana Santa, Henry Uncué ofrece maní salado y cocadas a $500.

"A los turistas les gusta mucho comprar, pero lo malo es que este año ha venido mucho ambulante de Cali", lamenta el hombre residente en El Lago.

Precisamente, casos como el de Henry o Alba son los que llevan a Harold Casas, presidente de la Junta, a asegurar que "la Semana Santa de Popayán beneficia a casi mil familias".

Con los años tallados en el rostro

Construir las andas, o como él las define, los chasís de los pasos, es la misión semasantera de don Luis Carlos Durán, un carpintero de 83 años de edad, a quien la vida le ha tallado el paso del tiempo en el rostro.

Orgulloso de sus dedos intactos, a pesar de que "el secreto para un buen trabajo está en que la madera esté bien seca y las herramientas bien afiladas", don Luis, es el hermano de César y Guillermo, otros dos ebanistas, de 79 y 87 años, que han marcado época en la Ciudad Blanca.

Sin embargo, lamenta que próximos a retirarse del oficio, ninguno de sus descendientes se ha mostrado dispuesto a tomar sus banderas. "Mis hijos y sobrinos estudiaron y se hicieron a otras profesiones de mayor lucro", dice el anciano, mientras utiliza el lápiz que siempre lleva ceñido a su oreja derecha para trazar lo que será una de las cruces de la Semana Santa Chiquita.

Y es que según, aunque tres o cuatro millones de pesos, que es lo que se suele pagar por la construcción de un paso, parece mucha plata, "el pago lo hacen por partes, de manera que el dinero no le alcanza a uno".

Por eso y por los achaques de la edad que se han ensañado con su espalda, don Luis está pensando en colgar martillos y tablones, tan pronto termine el anda de la Virgen de Pascua que deberá exhibirse en las ceremonias del próximo año.

Desde su pequeño espacio en la sede de la Junta Pro Semana Santa, el decano de la carpintería se ríe de los chascos de su oficio, mientras se declara católico pero no fanático.

"Una vez hicimos un paso nuevo para La Ermita y como siempre, fuimos hasta la iglesia para ayudarles a los cargueros a armarlo y ver que todo quedara bien. Pues resulta que cuando todos se habían ido levanté la mirada y me di cuenta que el paso había quedado más alto que el atrio del templo. Mi hermano y yo no tuvimos más remedio que desarmarlo, cortarle la base y volverlo a armar. Lo que diez hombres habíamos hecho en ocho horas, nos tocó hacerlo a nosotros en dos".

Tejedora de procesión

Sólo cuando su hija María Antonieta fue sahumadora durante una Semana Santa, doña Mariela Sánchez se percató de los dispendiosos y hermosos trajes que lucían las niñas que acompañaban las procesiones.

Entonces se dio a la tarea de engalanar a su pequeña, sin darse cuenta que así se estaba convirtiendo en una de las modistas más 'cotizadas' de la Semana Mayor.

"El vestido consta de una falda larga, un pañuelo, una blusa, un paño, un par de alpargatas, un pebetero, panderetas y un cristo con terciopelo negro", comenta, antes de decir que el alquiler de este atuendo cuesta cerca de $45.000 y que nuevo asciende a los $200.000.

Pero si bien doña Mariela se encarga del corte y confección de los vestidos, la finura de los bordados es responsabilidad de su madre, doña Graciela, cuya inspiración llega a las 8:30 p.m., con Pedro, El Escamoso.

"A esa hora me encierro en mi cuarto, me acuesto, cojo mis agujas y empiezo a ver la novela", confiesa la septuagenaria.

María Antonieta, por su parte, colabora con la colocación de las cintillas. Pero en realidad, la atrae más el otro oficio de su mamá, el de dibujante arquitectónica. De hecho, está estudiando esa carrera y ya trabaja manualidades en filigrana.

Por ello, nieta y abuela coinciden en señalar a doña Mariela como la verdadera cómplice de las sahumadoras, una cómplice incansable que se declara ciento por ciento payanesa.

MARIA CLAUDIA ALVAREZ HURTADO ... """.